Ultramarinos

Diciembre

Velitas. Velitas.

Velitas. / L.A. (Bogotá. Colombia.)

El último mes del año es diciembre. Treinta y un días cargados de ilusión y compromisos, en los que resolver todo lo que no se pudo hacer con anterioridad. Un mes que celebra ritos importantes que dan sentido a la rutina que construimos día tras día, año tras año, sin querer. Unas noches llenas de luces que se escapan titilando por ventanas cerradas. Calles solitarias techadas con colores vivos bajo los que soñarse con los ojos abiertos. En diciembre, agotados por lo que fuimos y lo que no pudimos ser, nos proyectamos a un futuro incierto con esa esperanza que es propia de todo lo que acaba sabiendo que volverá a empezar.

En donde yo estoy diciembre es como una flor poderosa que se abre y perfuma sin agotarse hasta el último rincón. Un mes de familia, de segundas oportunidades, de corazones llenos. También es la tristeza honda de despedirse de todo lo que por fortuna te espera. Aquí diciembre comienza en noviembre, con músicas propias, adornos rojos y anuncios publicitarios. Las velitas en los balcones y en las aceras nos permiten, por una noche, desprendernos de todo eso que cargamos sin saber para qué ni para dónde. Las novenas que se dan en cada casa de cada pueblo grande mantienen contenida esa energía que solo puede administrarse mientras se reza o se baila, sabiendo que no existe diferencia alguna entre lo que se reza y eso que se baila.

De donde yo vengo diciembre es final, cuartos, doce uvas y cotillón. La lotería sonando en las casas, el gordo que sigue sin caer y los niños que cantan y dan vueltas a un bombo dorado. Los reencuentros esperados con ansias que caducan pronto y hasta el año que viene. Lentejas de oro y abrazos con el alma en las manos. Saludos que se repiten una vez al año, sin que nada aparentemente cambie. Diciembre son tardes cortas que se esfuman como un poema cantado mientras el invierno aparece sin que nadie lo llame por su nombre. Es volver a caminar las esquinas blancas de mi calle que me recuerdan quien soy. Son esas noches largas iluminadas por un televisor prendido sin importar lo que tenga para contarnos. Diciembre, antes que nada, siempre será una posibilidad.

Con el cansancio acumulado de un año más, celebramos en diciembre el nacimiento de esa luz primera que aún alumbra. No hay mayor presente que esa claridad escondida que podemos encontrar entre tanto papel de regalo, alegrías y chocolate. Hagámosla visible. ¡Felices Fiestas para todos!

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