Ultramarinos

El silencio

Amanecer en Cartagena de Indias, Colombia. Amanecer en Cartagena de Indias, Colombia.

Amanecer en Cartagena de Indias, Colombia. / L.A.

La ausencia de sonido es el silencio. Cuesta definir qué es, tanto que suele explicarse a través de sus opuestos, por negación. La omisión de algo por escrito y que se guarda, también es silencio Cuando callamos estamos haciendo silencio. Los silencios son tan dicientes como las palabras, solo hay que escucharlos con cuidado. Los músicos saben cómo escribirlo. Hay silencios provocados y otros provocadores. Hay silencios que cortan el aire y otros que alivian corazones acelerados. Unos son falsos y otros de ley. Hay silencios incómodos, que estorban y otros compartidos que se hacen eternos, en los que bañarnos. El silencio contiene poder en potencia.

En donde yo estoy el silencio no existe. Ni siquiera dura un minuto. Cuando nos detenemos, para oírlo, desaparece. Y entonces suenan vientos, voces, golpes, bocinas, cantos, … Aquí el silencio tiene miedo de no ser entendido. Por eso se grita todo, lo bueno, lo malo, las risas, los llantos, los estornudos y los bostezos también se gritan. Por miedo. El silencio ha sido un cómplice hábil y se quiere acabar con él. Para que nadie se duerma y todos estemos cansados de oír cuando suene lo importante. Aquí el silencio aparece con claridad cuando se hace música y de manera milagrosa la respiración da lugar a aires cargados de embrujo y verdad. Entonces el tiempo se para y ese silencio se baila con un cuerpo que nunca supo qué es el alma.

De donde yo vengo, el silencio cobra sentido por lo que suena cuando acaba. Es un silencio frío que tiene que ver con calles deshabitadas y luces que nunca se apagan y suenan. Este silencio se estudia y participa de la estrategia de la palabra, le da forma, la hace más efectiva, la pone en negrilla. Unos silencios esconden más de lo que muestran. Otros son compartidos, redondos, de albero, en los que nos jugamos la vida. Solo frente al mar surge un silencio profundo que toca con la yema de los dedos al horizonte y lo pone a vibrar. Solo con la mar delante todo lo que suena desaparece y entonces, sordos ante cualquier estímulo, olvidamos cualquier propósito renovador y entendemos que solo importa estar.

El silencio es una necesidad. Descanso y aprendizaje denso, negro y profundo en el que bucear sin saber bien qué buscar, para encontrarnos a ciegas, mediante la piel. El silencio es respeto por todo lo demás. Oigamos a nuestro cuerpo mientras sobrevive en silencio. El arte puede ayudar. Callemos ahora o hablemos para siempre.

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