Pedro Rivera. Historia de un Bicentenario
El 14 de abril se cumplen 200 años de la partida del Puerto de Cádiz de la fragata de guerra 'Sabina' hacia la Nueva España A bordo iba el subteniente chiclanero Pedro Rivera Jiménez
El próximo 14 de abril se cumplirán 200 años de la partida del puerto de Cádiz de la fragata de guerra "Sabina" con rumbo a la Nueva España, un viaje más de los numerosos convoyes que partieron del muelle gaditano en aquellas turbulentas fechas. No nos llamaría la atención este bicentenario si no fuese porque a bordo de aquella embarcación iba, formando parte del batallón de Voluntarios de Navarra, el subteniente chiclanero Pedro Rivera Jiménez.
El militar había nacido en Chiclana en agosto de 1789, siendo sus padres Antonio Rivera e Ignacia Jiménez. En el mes de octubre, el día veintitrés, fue bautizado en la Iglesia Mayor de San Juan Bautista por el presbítero Don Marcos Cevada, actuando como madrina Doña Josefa Rivera y de testigos Don Raymundo Vela y Don Pedro Jiménez. La familia Rivera Jiménez tendrían cuatro hijos más: Antonia, Martín, José e Isabel. Estos dos últimos tuvieron como testigo de bautismo a Don Martín Jiménez Guzmán, presbítero de menores y tío de los neófitos, el cual tendría una activa participación en la vida de la villa durante la epidemia de 1800, además de realizar una gran labor con los numerosos ahogados que como consecuencia de la Batalla de Trafalgar aparecieron por nuestras costas. Años más tarde fue reconocida su dedicación a la villa con la designación de una céntrica calle que llevaría su nombre.
Pedro Rivera, a buen seguro, vivió una infancia que nunca olvidaría: el inicio de la construcción de la nueva iglesia en la Plaza Mayor, la llegada de la epidemia del vómito negro que se llevó a cerca de dos mil almas para el otro mundo y la tragedia sufrida en Trafalgar, viendo un día antes, desde la colina de Santa Ana, como pasaban los barcos en busca de las naves enemigas. Asimismo, viviría cercanamente la ocupación por parte de las tropas francesas de todo el término de Chiclana.
Como joven entusiasta y decidido, quizás con la esperanza de alcanzar un buen cargo en la carrera militar, se alistó en el ejército. Allí trabó una buena amistad con el Comandante José Ruiz, con el que coincidió más de una vez en la imprenta de Don Manuel de Quintana, que estaba ubicada en la calle San Francisco de la capital. A principios de 1815, los comerciantes gaditanos ofrecieron el dinero necesario para financiar una expedición con tropas realistas con el cometido de despejar de insurrectos el camino que comunicaba la ciudad de Puebla con el puerto de Vera Cruz y que continuamente era hostigado por las guerrillas de insurgentes.
El 14 de abril zarpa de Cádiz al mando del capitán de navío José Sartorius y Perol, escoltando un convoy a tierra firme de cinco fragatas mercantes y una polacra con pertrechos y tropas del mando del brigadier Miyares. La travesía de la fragata Sabina hasta Vera Cruz, tuvo una duración de sesenta y seis días de navegación, salpicada con algunas incidencias como el cambio de rumbo en altamar que la condujo hasta la isla Margarita en Venezuela, donde participaron a su llegada en la incautación del tesoro de la Virgen del Valle. El 18 de junio la fragata llegaba al puerto de Vera Cruz, partiendo al día siguiente los integrantes de los dos batallones, bajo el mando de Miyares, con destino a Jalapa. El 28 de julio de ese mismo año, el regimiento del subteniente Rivera participaría en la toma del Puente de San Juan, lugar que era defendido por el general de los independientes, Guadalupe Victoria, que luego sería el primer presidente de Méjico.
Es en esta batalla donde el militar chiclanero tuvo una actuación que mereció ser destacada por el comandante del ejército realista, el brigadier don Fernando Miyares y Mancebo. Éste, en el parte de acción que dio al virrey, llegó a decir: "El subteniente de cazadores de Navarra, Don Pedro Rivera, fue el primero que asaltó por el frente de los parapetos enemigos de San Juan, con la intrepidez que le es propia, despreciando el fuego enemigo".
El 31 de julio de 1817, participa con su regimiento en el sitio y toma del Fuerte del Sombrero, teniendo una destacada participación en la contienda. Por su valor en las distintas batallas que se llevaron a cabo en tierras mejicanas, a nuestro paisano se le concedió el grado de teniente, que era más difícil de obtener en aquellos tiempos que otros grados superiores en época posteriores. El despacho de su ascenso fue firmado por el mismo Rey Fernando VII y con el "cúmplase" de Don Juan Ruiz de Apodaca, Conde del Venadito, virrey de la Nueva España.
A la finalización de la contienda Pedro Rivera Jiménez, como otros muchos soldados que llegaron formando parte de las tropas, optó por quedarse a vivir en tierras mejicanas. Allí, conoció a Eustasia Sanromán, joven mejicana con quién poco tiempo después contraería matrimonio en el municipio de Santa María de los Lagos (hoy la ciudad de Lagos de Moreno), llegando en el día a día a desarrollar un talento natural y trabajador que le llevó a ser, entre otras cosas, administrador de la Aduana de Lagos, dirigente de la hacienda "Estancia Grande", arrendador de "La Labor" y, más tarde, constructor.
En aquellas tierras tuvo fama de buen andaluz y español, y de él decían "que tenía un peso y gastaba dos". Rivera, cuentan, daba y fiaba su dinero a los pobres, no por virtud adquirida, sino por genial franqueza. Durante los años que vivió en Méjico, siempre mantuvo una especial relación con los españoles que como él se quedaron a vivir allí.
Este chiclanero, radicado en Lagos los últimos años de su existencia, dejó en esta tierra su prole, destacando algunos de sus descendientes en varios de los quehaceres humanos. Entre los miembros más notables de esta familia, débanse mencionar a su nieta Carmen Rivera, hija de su hijo Antonio, y esposa que fue de Mariano Azuela González, el iniciador de la llamada "Novela de la revolución" con una obra ya consagrada en las letras mexicanas, "Los de abajo"; Salvador Azuela Rivera, bisnieto de Rivera, notable escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, político, periodista y presidente del Seminario Mexicano de Cultura, y el hermano de éste, Mariano Azuela Rivera, quien desempeñó el cargo de magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Por otro lado, también fue tatarabuelo del destacado novelista mexicano Arturo Azuela Arriaga, autor, entre otras obras, de "Manifestación del silencio" (Premio Nacional de Novela en 1978), "El don de la palabra" y "El matemático", y del jurisconsulto Mariano Azuela Huitrón, ministro de la Suprema Corte de Justicia de la nación de la que luego sería su presidente. Pero entre todos estos descendientes resalta la enorme figura de su hijo Agustín Rivera Sanromán, sacerdote liberal, doctor en derecho civil, historiador y autor de numerosas obras relacionadas con la historia de Méjico, siendo quizás la más importante "Anales Mejicanos, La Reforma y el Segundo Imperio". De este personaje se tiene constancia de un viaje que hizo a Europa en el año 1867 a bordo del célebre vapor "La Emperatriz Eugenia", donde visitó Londres, París, Bruselas y Roma, ciudad en la que fue recibido en audiencia por el Papa Pío IX.
Por otra parte, se tiene noticias de su a visita a España, con la clara intención de visitar el lugar y la cuna donde nació su querido padre: Chiclana de la Frontera. En la villa permanecería pocos días, ya que al parecer el levantamiento del general Prim en septiembre de 1868 trastocó sus planes precipitando la vuelta a su país.
Pedro Rivera Jiménez fallecería en su tierra adoptiva, la ciudad de Lagos de Moreno, el domingo 9 de abril del año 1837 a los 48 años de edad. Hoy, sus descendientes intentan por todos los medios que la memoria de este chiclanero esté siempre presente en la historia de la ciudad laguense. Bueno sería también que sus paisanos de aquí intentáramos conocer algo más de este ilustre chiclanero que un 14 de abril partía del puerto de Cádiz en la fragata Sabina para hacer historia en aquellas tierras americanas.
También te puede interesar
Lo último
Contenido ofrecido por Hospitales Pascual
Hablamos con Dr. Francisco Bermúdez Ordoñez, Urólogo del Hospital Virgen de las Montañas