OBITUARIO

A Mehdi, in memoriam

Mehdi. Mehdi.

Mehdi. / Foto cedida Paco López

Mehdi se nos ha muerto. Nos parece que no es posible, que es un sueño, un mal sueño. Pero es cierto y tenemos que aceptarlo como humanos. Porque cuando la tragedia se cierne sobre nosotros, cuando no encontramos una razón para nuestra desgracia, entonces nos preguntamos, desde nuestra naturaleza humana, que la vida no solo se trata de una forma material -no específicamente humana-, que tenemos que otorgarle otra expresión más fieramente humana: nuestra parte espiritual.

Solo desde esa noción encontraremos al hombre completo, la fuerza fecunda que da vida: la esperanza del más allá, independientemente de nuestra orientación religiosa o de nuestro pensamiento más racional.

Estos días pasados han sido tristes para nosotros, para sus amigos y sobre todo para su compañero Jesús, que le ha roto el alma. Mehdi se nos ha ido de esta vida para siempre. Mehdi a secas, como todos le conocíamos. Porque Mehdi, en Chiclana, no necesitaba apellidos ni más nombres. Se nos ha ido joven, de repente, sin que diésemos crédito a su partida final. Era un muchacho generoso, cariñoso, abierto, alegre, vital. Pero, sobre todo, era bueno. Y eso ya es suficiente y condición superior a cualquier otro calificativo más, que queramos añadirle. Después era otras más cosas. Era el que se entregaba a quien le ofrecía su amistad y aprecio. Así se integró pronto, hace ya cerca de diez años, en la sociedad civil chiclanera, y no solo en el ámbito cultural junto con Jesús, donde muchos le conocíamos, sino que también dio parte de su corazón como voluntario en la Cruz Roja; se ofreció a los demás. Y fue feliz dando cariño, en silencio, entregándose hasta el final de sus días en su labor como voluntario.

El Padre Florencio en la homilía del lunes lo definió en este sentido como el hombre bondadoso que fue, leyendo un poema del obispo de Brasil, Pedro Casaldáliga que dice: "Al final del camino me dirán: /¿Has vivido? ¿Has amado? / y yo, sin decir nada, / abriré mi corazón lleno de nombres". Muchos nombres te llevas, amigo Mehdi. Y a otros nos deja frente a la vida, en esta locura divina de la vida, hoy profundamente afligidos, pero con la alegría de haber compartido tu amistad, tu respeto, tu saber estar; a veces callado y en silencio, otras expresando prudentemente tu opinión, sin molestar.

Tenías tu vida y tu alma, tenías tus proyectos y tenías a tu pareja, a Jesús, a quien tanto amaste; porque fuisteis dos personas que se quisieron sin fracturas y a los que jamás le vimos en un mal gesto, ni en simplezas que llamasen la atención, muy al contrario, siempre respeto y consideración. Y todo ello sin aspavientos o maneras efusivas o exageradas, con un comportamiento amable y lleno de -otra vez tenemos que decirlo- de bondad del joven que empieza a descubrir la vida entre otras personas más adultas que él. En la tarde del lunes, los que verdaderamente creíamos en ti, nos reuniste en la iglesia de San Telmo: agnósticos, ateos y creyentes. Todos juntos, con un sentido respeto a tu recuerdo, en el templo de Dios; el Dios único, el Dios de todos, sin distinción de credos. Creo que será el mejor recuerdo, el más vivo que nos deja en nuestra memoria, a los que somos tus amigos. /José Luis Aragón Panés

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