Y tú, ¿de quién eres?
Chiclana es uno de esos lugares donde la utilización de los apellidos es algo compleja, llegándose a encontrar personas con tres apellidos. Los recientes cambios legislativos dificultarán aún más la labor de los genealogistas
Generalmente conocemos a las personas por su nombre de pila y para distinguirlas de otras con el mismo nombre recurrimos al uso del apellido. En cambio, si hablamos de una familia, es imprescindible utilizar el apellido para referirnos al conjunto que la compone. Hoy por hoy, el apellido sigue siendo el nombre de familia, tal y como se iniciase esta costumbre en la antigua Roma para designar a los miembros de una tribu o familia.
Esa ha sido básicamente la función principal que ha tenido el apellido a lo largo de su historia. Pero si su finalidad no ha sufrido alteraciones, también es cierto que su aplicación y forma de adoptarlo no siempre ha seguido una pauta concreta a la que ceñirse, al menos hasta el Siglo XIX cuando empezó a regularse oficialmente ésta cuestión. En los siglos anteriores no existían normas concretas por las que regirse a la hora de asumir unos apellidos, o generar la composición u orden en los que éstos debían ser utilizados. La forma más común era ponerle al primer hijo varón de un matrimonio los apellidos de su abuelo paterno, los apellidos de su abuela materna a la primera hija, y el resto de los hijos, bien podían tener los dos apellidos del padre, los dos de la madre, uno de cada uno, un solo apellido de alguno de sus progenitores o simplemente de ninguno de ellos. Los criterios de asignación variaban según herencias, creencias, el lugar de procedencia, el deseo de honrar a alguien… Toda esta heterogeneidad de criterios complica en gran medida la labor de los investigadores e historiadores.
En el caso de Chiclana, nos encontramos que es uno de esos lugares donde la utilización de los apellidos es algo compleja. Se ha llegado a encontrar incluso a personas con tres apellidos, algo poco común, que se explica también por la falta de uniformidad de las normas usadas y la ausencia de regulación oficial. Como ejemplo más ilustrativo del uso de tres apellidos y del "desorden" a la hora de asignarlos tenemos el de Rosario Servine Sánchez De Aragón, natural de Chiclana, hija de Juan Bautista Servine Vica, natural del Piamonte italiano, y de la chiclanera María Sánchez de Aragón, que a su vez era hija de Esteban Sánchez De Aragón y de Francisca Tirado Martín, ambos chiclaneros. Si seguimos esta misma línea, Esteban era hijo de Juan De Aragón Sánchez y de María Ximénez de la Torre, igualmente chiclaneros. Ahondando aún más, descubrimos que Juan era hijo de Miguel Sánchez Benito y de Juana De Aragón, naturales también de Chiclana.
En esta línea de investigación que abarca cinco generaciones de una misma familia en un periodo de casi dos siglos, desde 1817 -fecha de nacimiento de Rosario Servine Sanchéz de Aragón- hasta 1667 -fecha aproximada de nacimiento de sus tatarabuelos- podemos observar un claro ejemplo de este enredo genealógico: Rosario tiene tres apellidos (Servine Sánchez de Aragón), uno del padre (Servine) y dos de la madre (Sánchez y De Aragón), de los cuales el tercero (De Aragón), pudiera ser un topónimo que recordase el lugar de procedencia de sus antecesores antes de asentarse en esta localidad. María, madre de Rosario, lleva dos apellidos de su padre (Sánchez de Aragón) y ninguno de la madre. Y Esteban, padre de María, lleva los dos apellidos del padre (Sánchez De Aragón).
La investigación toma un giro inesperado cuando buscamos la ascendencia de Esteban. Se apellida "Sánchez de Aragón", que son los dos apellidos de su padre (Juan), pero cambiados de orden: "De Aragón Sánchez", algo bastante curioso pero difícil de explicar. Hasta que descubrimos que el segundo apellido de Juan (Sánchez) era el primero de su padre (Miguel Sánchez), abuelo de Esteban y que, probablemente, en Esteban quisieron preservar el apellido del abuelo paterno. Existen otros muchos casos en Chiclana de personas que utilizaron tres apellidos, como Martín López Sánchez de Plasencia, Alfonso Ramos Muñoz de Ávila, entre otros. Valga éste enredo para hacerse una idea del mosaico de formas de designar apellidos en la época: no era raro que existiesen familias numerosas en las que ninguno de los hermanos coincidiese en los apellidos.
Otro tema a tratar es el de los apellidos autóctonos chiclaneros, aquellos que han permanecido en nuestra tierra al menos los últimos quinientos años y que en su mayoría trajeron a nuestra tierra los repobladores de Andalucía desde el siglo XIV procedentes de diversos lugares de la Península. El apellido Aragón tiene presencia en nuestra tierra de forma documentada desde al menos 1585, como lo atestigua el libro de matrimonios del archivo parroquial de San Juan Bautista de Chiclana. Apellidos como Hariza, Baizán, Brea, Saucedo o Alba, son otros ejemplos de apellidos asentados en Chiclana desde hace siglos. Son muchos los ejemplos, pero hay algunos que podemos considerar genuinamente chiclaneros, no sólo por permanecer en nuestra tierra desde antaño, sino porque al estudiar los linajes de estos, conforme ascendemos en sus ramas, éstas confluyen en el mismo tronco originado en Chiclana.
Un caso muy interesante para explicar la evolución de un apellido autóctono es el de Sanduvete o Sandubete. Senduvete era la forma original del apellido según consta en documentos del siglo XVI. Cómo llego a convertirse en Sandubete lo explican los frecuentes errores ortográficos al escribir un apellido, lo que daba lugar a otro nuevo. Según apuntan algunos historiadores, el apellido Senduvete pertenecía a una de las primeras familias que se establecieron en Chiclana, dedicados a la carbonería. La castellanización que sufrían los apellidos extranjeros explica la transformación de otros tantos apellidos como es el caso del apellido Bonnett, procedente de Bruselas y que pasó a ser Bonet.
En los últimos dos siglos se han producido muchos avances en los registros, de manera que no nos costará mucho llegar hasta el siglo XIX si buscamos en nuestra ascendencia, gracias al mayor control administrativo de nuestra sociedad. No nos olvidemos del reciente cambio legislativo que vuelve a dar la posibilidad de adoptar en primer lugar el apellido del padre o el de la madre indistintamente. La consagración institucional de los valores de igualdad entre hombres y mujeres es algo deseado y beneficioso para una sociedad moderna. Aunque, sin duda, constituirá un nuevo quebradero de cabeza para los genealogistas venideros, en su apasionante deseo de encontrar nuestras raíces.
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