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Otro chasco en el último momento

  • La ilusión de los aficionados se transforma al final en decepción

Gesto de desesperación de Carrillo (d) y de Servando justo después de que el conjunto ovetense anotara el tanto de la igualada. Gesto de desesperación de Carrillo (d) y de Servando justo después de que el conjunto ovetense anotara el tanto de la igualada.

Gesto de desesperación de Carrillo (d) y de Servando justo después de que el conjunto ovetense anotara el tanto de la igualada. / lourdes de vicente

Triste desenlace en el primer partido de septiembre en el Ramón de Carranza, un empate con sabor a derrota, como el de hace pocos meses ante el Tenerife. Como era de esperar en un encuentro entre dos equipos que llegaban a la cita ocupando plaza en la zona alta de la tabla y que que desde hace tres años han recrudecido su rivalidad, la afición respondió como tocaba, con tres cuartos de entrada en unas gradas de color amarillo con un reducido grupo de seguidores ovetenses en la Preferencia alta.

La titánica lucha de los jugadores sobre el resembrado césped, que no presentó mayores problemas que los propios del mantenimiento antes del pitido inicial, en las paradas técnicas y en el descanso, se tornó en tensión de los espectadores por momentos, no en vano durante muchas fases del primer tiempo el cuadro asturiano llevó la iniciativa y mostró credenciales de aspirante a todo.

Un ovacionado control orientado de Manu Vallejo, de los más activos hasta el intermedio, y un par de intentos fallidos de Aketxe espolearon al cadismo, inquieto cada vez que los de Álvaro Cervera trataban de sacar el balón desde atrás sin pasarlo en largo.

El 0-0 mantuvo la elevada temperatura ambiental a la vuelta del vestuario, sin desaparecer ni los chispazos puntuales que encienden a la hinchada ni los temores de quienes ven peligrar el resultado. A falta de buen fútbol, el aficionado se conformaba con acciones aisladas con las que alimentar su ilusión. Un córner, una falta no tan cerca del área que Ager convierte en una ocasión…

Quizás con más corazón que cabeza, sin duda también empujados por los suyos, los locales encararon la recta final crecidos, con ambición, y contagiaron al respetable hasta adelantarse en el marcador con el tanto de Álex Fernández al transformar un penalti cometido sobre Manu Vallejo. El Cádiz, que había comenzado perdiendo en las últimas tres oportunidades en las que se había enfrentado al Oviedo en la Tacita de Plata, lo tenía esta vez todo bastante de cara.

Eso sí, quedaban 14 minutos por delante, casi un cuarto de hora de sufrimiento abajo, en el campo, y arriba, en la grada. Una cuenta atrás agónica que, por desgracia, concluyó de la peor manera posible para los de casa por el postrero gol de los visitantes.

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