El caso La Rosa

En 1973 un peruano vino de prueba, no superada "por dolencias no graves, impropias de un jugador". Ese problema provocaba picor

Diego Joly

Cádiz, 25 de junio 2013 - 07:15

Acaban de cumplirse 40 años desde que el 19 de junio de 1973 llegó a la capital gaditana el peruano Guillermo La Rosa Laguna, que venía avalado y acompañado por su compatriota Máximo Mosquera, uno de los grandes futbolistas que vistió la elástica amarilla, concretamente en la temporada 1962-63, para realizar una prueba deportiva con el Cádiz CF. Y médica..., la cual sin duda fue determinante.

Nada más llegar, La Rosa se entrevistó con el entonces presidente del club, José Antonio Gutiérrez Trueba, y el directivo Diego Grimaldi para ultimar la gestión al objeto de fichar al jugador del Bolivarense de Lima, equipo de la Segunda División de Perú.

La última temporada había sido el máximo goleador de la Segunda peruana. Llegó con 19 años, 83 kilos y 1,83 de estatura. Destacaba Diario de Cádiz que por él también se había interesado el Atlético de Madrid. El ariete se había formado en una escuela de futbolistas que dirigían en Lima Mosquera y Tito Drago, otro internacional por Perú. De todas formas, Gutiérrez Trueba estimó, con buen criterio, que debía ser sometido antes a una prueba por los técnicos de la entidad, para ver si encajaba en el gran equipo que se estaba construyendo, entrenado por el ex seleccionador nacional Domingo Balmanya.

En una conversación que mantuvo con el periodista del Diario Enrique Márquez, La Rosa señaló que esperaba superar la prueba médica y deportiva, “si no, no vendría de tan lejos”.

Por su parte, Mosquera declaró que se sentía emocionado de volver a Cádiz: “Tengo una hija gaditana”. Respecto de su compatriota, lo calificó como “goleador nato que juega de punta de lanza con unas condiciones fabulosas. Estoy convencido de que este muchacho va a tener un futuro sensacional en el Cádiz. Espero que pase las pruebas satisfactoriamente”. Por último, La Rosa le comentó al periodista que calzaba un 45 de pie y que “si ficho por el Cádiz habrá que hacerme unas botas a medida”.

El jugador fue evaluado en el estadio Carranza por Adolfo Bolea. La expectación fue enorme, ya que bastante público acudió a presenciar sus evoluciones.

Con el cuidador de material, Sillero, de ocasional portero, La Rosa tiró a puerta, a la escuadra, tanto desde dentro del área como desde fuera; remató pases que le sirvieron el propio Bolea y Mosquera; corrió la pelota, tirando sobre puerta y rematando de cabeza unos córners que le sirvieron. “Por lo que vimos, es un jugador que pega muy fuerte a la pelota, es rápido y controla muy bien el esférico, con una zancada larga”, recogía la crítica del Diario.

Al día siguiente tuvo lugar la prueba definitiva con motivo de un partidillo entre el Cádiz juvenil, en el que jugaba La Rosa, y el Español de Cádiz. La verdad es que la realidad superó lo previsto porque se pensaba que iban a acudir muchos aficionados al Carranza a ver jugar a la joven promesa, pero encontrarse con un graderío de tribuna casi lleno, con un público que superaba las 3.000 personas, no se lo esperaba nadie. Los equipos formaron así:

Cádiz juvenil: Recio (Alfredo), Mera (Cachón), Barrios (Lagóstena), Reyes, Ramoncito, Ramírez (Barbarruza), Armario, Varo (Borrell), La Rosa (Juan José), Rosado y Ramón.

Español de Cádiz: Alejandro, Pérez, Gallego (Pirucho), Ferrera, Pereira (Ángel), Juanito, Raspao (Carlet), Antonio Macías, Lara, Bastidas y Domínguez.

Arbitró el colegiado gaditano Pastrana. No hubo goles en el encuentro aunque sí intentos y posibilidades. Según Diario de Cádiz, el peruano salió nervioso pero gustó relativamente al respetable, que lo despidió con aplausos.

Finalmente, tras los informes recibidos, tanto médicos como deportivos, el presidente del Cádiz CF, Gutiérrez Trueba, comunicó que Guillermo La Rosa no había superado las pruebas médicas a las que fue sometido.

Este periódico conoció con detalle los informes médicos, en los que se destacaba muy diplomáticamente “una dolencia no peligrosa, pero sí muy molesta e impropia de un deportista”, la cual le provocaba grandes picores.

O sea, ladillas.

Al día siguiente, La Rosa y Mosquera emprendieron viaje de regreso a Perú.

Tras la marcha del jugador, el club argumentó el rechazo, aparte del tema médico, por su alto coste, que superaba los tres millones de pesetas.

Valga como anécdota, recuerda el entonces presidente del Cádiz, José Antonio Gutiérrez Trueba, que invitaron a La Rosa a comer al restaurante Los Tarantos y tras degustar una ración de almejas dijo: “Están buenas, pero muy duras”. Por lo visto, desconocía que solo se comía el interior.

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