La otra vida de Plocia

El desarrollo de la ciudad

Tras varias décadas de bullicio portuario, la calle gaditana vive una segunda juventud gracias a su reordenación, a la apertura del Palacio de Congresos y a la apuesta por la calidad que están haciendo los empresarios de la hostelería

La otra vida de Plocia
La otra vida de Plocia
Pedro M. Espinosa / Cádiz

27 de marzo 2011 - 01:00

La primera vida de Plocia fue bullanguera, pícara y portuaria, repleta de garitos emblemáticos como El Molino, El submarino o La palmera, cuya fama traspasó las fronteras de Cortadura y en los que las penas no sólo se ahogaban en alcohol. Tras años de una progresiva decadencia, la transformación de la vieja Fábrica de Tabacos en un coqueto Palacio de Congresos y la reurbanización de la calle le concedió una segunda oportunidad, una segunda vida que está aprovechando plenamente con una equilibrada combinación de locales de toda la vida, tales como el restaurante Atxuri o La Cepa Gallega, con otros recién llegados, Garum, La Bodeguita de Plocia o el italiano Usodimare. La proliferación hostelera ha traído a la zona a un gran número de clientes deseosos de probar diferentes platos de calidad en establecimientos que se concentran en pocos metros.

La oferta es variada y se adapta a diferentes bolsillos. En el lado más cercano a San Juan de Dios se instala por ejemplo la hamburguesería La Huella, una de las que cuenta con más renombre de la ciudad y que ya lleva dos décadas abierta, si bien ha tenido diferentes locales. Actualmente ocupa el espacio que dejó el restaurante La Nueva Marina tras su cierre. Desde la barra de La Huella se puede ver su cocina abierta, en la que no hay nada que ocultar y que aparece limpia y ordenada. Su público es variopinto, aunque predominan los más jóvenes que se deciden por sus hamburguesas, sandwiches de pollo o pontys.

En la acerca contraria se encuentra otro de los lugares imprescindibles de Plocia y donde la cocina norteña y el buen cordero se escriben con mayúsculas. Desde que en 2007 abrió sus puertas, el restaurante La Cigarrera se ha mantenido fiel a su idea de ofrecer productos de calidad y un servicio amable y cercano. Juan Antonio Frende Sacaluga, hijo de uno de los propietarios de El Sardinero, es uno de los socios, junto a Tomás Gómez, su jefe de cocina y que también se formó en el anteriormente citado mítico establecimiento de la plaza de San Juan de Dios. Aquellos que opten por esta mesa no deben marcharse sin probar el arroz con almejas en salsa verde, la merluza vasco andaluza y el cordero, que le traen especialmente desde Aranda, en plena Castilla. La Cigarrera abre todos los días, aunque domingos, lunes, martes y miércoles sólo lo hace al mediodía. En verano también se puede comer en su terraza, que colocan frente al local, colindando con el Restaurante La Cueva, donde brillan algunas especialidades internacionales, como el humus, una especie de pasta de garbanzo para untar en pan original de la cocina de Oriente Próxima y que se toma mucho en Turquía o Grecia. El salmorejo es otro de los platos más demandados.

Junto a La Cueva está el Atxuri, que se trasladó al nuevo recinto en 2008 después de llevarse más de medio siglo en la esquina de la calle Gloria. Su cocina vasco andaluza es una de las más reputadas de Cádiz y su nuevo local, mucho más cuidado y elegante, suele presentar un gran aspecto los fines de semana. Mariam Monasterio, hija de Jon, ya jubilado, es quien dirige ahora el Atxuri, donde siguen destacando las anchoas del cantábrico, el arroz en salsa verde, bacalao al pil pil, cocochas y merluza.

Justo al lado del Atxuri está La Cepa Gallega. Este ultramarinos gana con los años. A pesar de ser posiblemente el más veterano de la calle, abrió en los años veinte del pasado siglo XX, se mantiene joven y fresco. Actualmente dispone de unos toneles y un mostrador donde, a mediodía, se pueden degustar sus magníficas chacinas, sus quesos y salazones, que pasan mejor con una de las mejores selecciones de vinos de la ciudad. En sus vitrinas aparecen auténticas joyas de la corona, como una botella de Petrus cuyo precio alcanza los 1.200 euros. Vega Sicilia, Pesquera y otras marcas muy reconocidas se ven por doquier, invitando al homenaje con los amigos y la charla plagada de anécdotas. Es muy aconsejable comenzar cualquier ruta gastronómica que se pretenda realizar por Plocia en La Cepa Gallega con un buen vino y un buen queso.

Uno de los locales nuevos que más éxito está teniendo desde su inauguración es Garum. Carmen Braza se encarga de la atención al público desde una amplia y cómoda barra, mientras que en la cocina está su hermano Santiago, que combina a la perfección lo tradicional y vanguardista. En los últimos días hemos podido comprobar que han incluido unos suculentos pinchos variados para tomar calientes y donde destaca el de salmón y queso de cabra con reducción de Pedro Ximénez. La ventresca de atún, la mousaka, las huevas de merluza fritas, las croquetas de bacalao y jamón o el pisto son algunas de sus especialidades más celebradas. Para beber, últimamente despachan mucho Resalso, un vino de Emilio Moro que tiene una relación calidad precio excelente.

Otro establecimiento que está funcionando bien desde que abrió en 2010 es La Bodeguita de Plocia, un bar de tapas donde destaca la chacina y sus platos de carne y que tiene una magnífica relación calidad precio.

El único italiano de la calle se llama Usodimare, y tiene un estilo muy particular de entender la cocina transalpina, con incursiones en la gastronomía de otros países europeos. Pasados los primeros agobios tras la apertura, es un rincón muy recomendable para una velada tranquila.

En Plocia se encuentra también el restaurante El Aljibe, que fue otro de los primeros en apostar por la calle tras su reurbanización. Tiene un estilo rústico y una barra que funciona bien en la planta baja, mientras que el comedor está arriba. Sus patés son célebres en la ciudad.

La oferta se completa con el restaurante indio, Mughal y con el bar de tapas Casa Postas, que ofrece comidas caseras y tapas clásicas. Además, para el futuro está previsto que Juan Carlos Borrell abra un despacho de atunes y salazones de Barbate y que se inaugure una pulpería en la esquina de la calle Gloria, donde antes se ubicaba la Abacería Puerto Habana, que apenas duró unos meses abierta.

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