Pablo-Manuel Durio
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Cádiz ha dicho adiós, pero el viento de la Sail GP no parece querer abandonar las aguas españolas. Tras cuatro ediciones donde la Bahía de Cádiz demostró que los "F1 del mar" pueden ser un evento de masas, el calendario de 2026 ha dejado una vacante que tiene un pretendiente claro. Valencia se frota las manos. La ciudad que un día fue el centro del universo náutico con la America’s Cup aguarda ahora, con una mezcla de cautela y ambición, la confirmación oficial de que será la sede del Gran Premio de España.
Lo que para muchos podría parecer una decisión de última hora es, en realidad, la culminación de un proceso de colonización valenciana dentro de la propia estructura de la Sail GP. No se trata solo de que la ciudad quiera el evento; es que el evento, en su versión española, ya vive en Valencia.
La ventaja de Valencia sobre cualquier otra candidatura no es solo técnica, es estructural. Actualmente, el corazón del Spain SailGP Team late en la capital del Turia. La oficina principal del equipo está radicada allí, convirtiendo a la ciudad en la base logística y estratégica desde donde se planifica cada temporada.
El conocimiento que la dirección tiene de las instituciones locales y de las capacidades del puerto de Valencia otorga a esta sede una ventaja competitiva casi insuperable. En los mentideros de la náutica se dice que el equipo "juega en casa" incluso antes de que se instale el campo de regatas. Hay mucho de Valencia en el éxito de los F50, y el traslado de la sede parece la evolución natural de un proyecto que ya tiene sus raíces profundamente hundidas en el Mediterráneo.
Sin embargo, el aterrizaje de la Sail GP no es gratuito. Organizar una prueba de este calibre exige un desembolso público significativo. En las últimas ediciones celebradas en Andalucía, el canon o fee que la organización de Russell Coutts exige a las sedes, sumado a los costes de infraestructura y seguridad, superaba holgadamente los 3 millones de euros anuales.
En el caso de Valencia, la infraestructura base ya existe gracias a la herencia de 2007 y 2010, pero la adecuación de la Marina y la logística para un evento de esta magnitud requieren una partida presupuestaria que debe ser aprobada en un contexto político complejo. El actual gobierno valenciano debe equilibrar el deseo de posicionar a la ciudad en la élite del turismo deportivo con la realidad de unas arcas públicas bajo la lupa.
Aquí es donde el reportaje se encuentra con la realidad de la calle. La situación política en la Comunidad Valenciana no atraviesa su momento de mayor calma. Tras años de críticas a la política de "grandes eventos" de etapas anteriores —que dejaron un regusto amargo de deuda y elefantes blancos—, las administraciones deben hilar muy fino.
Anunciar un evento que cuesta millones de euros en dinero público puede ser interpretado como un impulso necesario para la economía local o como un gesto de escaparatismo político innecesario. La oposición ya vigila de cerca cualquier movimiento que recuerde a la época de los grandes fastos, por lo que el anuncio oficial, aunque esté prácticamente cerrado en los despachos, se maneja con una prudencia extrema para evitar un incendio político antes de que los barcos lleguen al puerto.
Aunque Valencia es la favorita indiscutible, España cuenta con otros enclaves que reúnen condiciones técnicas para acoger la Sail GP, aunque con diferentes matices:
Mientras Valencia hace números y la política local mide los tiempos, en Cádiz el sentimiento es de nostalgia anticipada. La "Tacita de Plata" demostró que se podía democratizar un deporte tradicionalmente elitista. Los gaditanos echarán de menos en 2026 el impacto económico de casi 100 millones de euros y esa imagen de la Bahía proyectada a todo el mundo.
Valencia parece ser la heredera natural, no solo por derecho técnico, sino por una cuestión de proximidad emocional y empresarial de quienes dirigen el equipo español. El acuerdo parece estar "a falta de firma", pero en la política valenciana, como en la vela de alta competición, hasta que no se cruza la línea de llegada, cualquier racha de viento inesperada puede cambiar el rumbo de la historia.
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