Lléssica Mel, la historia de una gaditana entre la impotencia y la desesperación

Esta peluquera gaditana, diagnosticada de cáncer de mama en 2020, sufre desde entonces una cascada de afecciones que la han llevado 22 veces al quirófano

El INSS no le reconoce la incapacidad absoluta

Lléssica Mel Travieso, durante la entrevista concedida a este periódico.
Lléssica Mel Travieso, durante la entrevista concedida a este periódico. / Lourdes de Vicente

Desesperación. Quizás no haya otra palabra que resuma mejor el calvario personal que vive Lléssica Mel Travieso desde que en el año 2020 le diagnosticaron un cáncer de mama. Su historia es la de una mujer sencillamente desesperada que, desde entonces, ha tenido que entrar 22 veces en el quirófano para hacer frente a la extensión de aquel primer diagnóstico tumoral y a otras patologías y afecciones que le han ido surgiendo desde entonces. Peluquera de profesión, con negocio propio en la avenida de Portugal, tuvo que cerrar su local ante la gravedad de un caso que a la consecuente desesperación de sus enfermedades suma ahora la decisión del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) de no reconocerle la incapacidad absoluta, únicamente la permanente total, porque en su resolución solo tiene en cuenta la extirpación de la primera mama, y no el infinito rosario de afecciones que ha sufrido desde entonces, incluida la pérdida del otro pecho o una histerectomía, de forma que a la desesperación añade ahora una ingrata sensación de impotencia por una decisión cuya razón no alcanza a entender.

Porque Lléssica, de 46 años, no solo sufrió la pérdida de un pecho, sino que un tiempo después perdió el segundo. Igual que posteriormente perdió ovarios y trompas y tuvo que ser operada del suelo pélvico; igual que tiene costuras en la espalda y los nervios afectados de cuando le extrajeron carne y músculos para la reconstrucción; igual que se le complicó una de las operaciones por una pérdida excesiva de sangre; igual que tiene dañada la vejiga y la vagina y sufre un importante descontrol de esfínteres al orinar, o igual que tiene las manos prácticamente atrofiadas y no se puede valer por sí misma: “No puedo ni ducharme sola”.

Y así, hasta un largo número de afecciones que parecen no tener fin, y que Lléssica documenta con los papeles que confirman lo que cuenta de su historial médico y de su demanda administrativa antes el INSS. Un historial que no descansa: el próximo lunes entrará por vigésima tercera vez en un quirófano en los últimos seis años para tratar de limpiar las terminaciones nerviosas de su afectada espalda.

Esta peluquera, madre de tres hijos (dos de ellos menores de edad), relata a este periódico su historia en presencia de su marido, Juan Antonio. Habla con calma, porque se cansa al hacerlo, y comienza a contar su vida de los últimos seis años con una pasmosa entereza que, sin embargo, se quiebra y desemboca en llanto cuando, sobre todo, se pregunta cómo es posible que el INSS, incluso después de presentar un recurso también desestimado, no sea capaz de reconocerle esta casi infinita cadena de graves afecciones y se limite a anotar la primera de las mastectomías.

“De verdad, estoy desesperada. Porque cuando no se han hecho las cosas bien, cuando te equivocas en un papel, en un trámite... Pero no entiendo cómo el INSS no ha tenido en cuenta todos los informes médicos que le he mandado, y eso te da más rabia. Yo no estoy pidiendo nada, estoy pidiendo justicia después de cotizar 19 años como autónoma”, explica Lléssica.

Fue en febrero de 2025 cuando le llegó la resolución del INSS otorgándole la incapacidad total permanente. Entonces, a través del abogado que lleva su caso, realizaron una reclamación que no fue contestada hasta octubre del pasado año, después incluso de elevar su caso al defensor del Pueblo Andaluz y a su colega nacional. Pero la respuesta fue mantener la resolución primitiva. Por ello, inició la vía judicial con la que ha conseguido ya fecha de juicio: 30 de junio del año 2027... Una fecha que supone otra piedra en el tortuoso camino de esta peluquera gaditana.

En su desesperación, en su impotencia, no entiende que los informes médicos que tiene o los informes de peritos forenses, entre una larga lista de documentos oficiales, no hayan servido para convencer al INSS de que su caso merece la incapacidad absoluta. Un reconocimiento que le supondría casi doblar su mensualidad actual (que está en algo más de 600 euros) y dejar de pagar en las farmacias el 10% del extenso catálogo de medicinas que tiene prescritas.

También le han concedido la dependencia en su grado máximo, pero el Ayuntamiento de Puerto Real, localidad en la que reside actualmente, solo le puede dar hasta el momento una hora diaria de ayuda, según explica con otra evidente mueca de resignación.

Lléssica Mel se declara “dispuesta a todo”, a cualquier acción pública a las puertas del INSS. Incluso confiesa que ha intentado quitarse la vida. Desesperación e impotencia en una historia límite, escasamente habitual, que la administración parece resolver con la frialdad de una burocracia documental y que seguramente precisa de una cálida dosis de humanidad y de otra colmada de sentido común.

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