Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
José Ramón del Río. Abogado del Estado
AFIRMA que pudo tener una carrera política importante, pero que prefirió quedarse en aquella aurea mediocritas que predicaba Virgilio. José Ramón del Río, sin embargo, probó en política y no le gustó, tuvo en sus manos la responsabilida de los ahorros de muchos gaditanos, y ahora es feliz con su tertulia en La Cepa, a la que vuelve semanalmente quizá como dulce penitencia por haber 'abandonado' Cádiz por El Puerto hace años.
-Es forzoso empezar por el principio, el de un gaditano que nace en el centro.
-Efectivamente, yo nací en el año 1935, en la calle Ancha, esquina de San José. Si alguno no sabe dónde está eso, quizá sea mejor pista decirle que está encima del Bar Liba y enfrente de la Heladería Italiana, que entonces todavía no se había abierto. Yo creo que eso imprime mucho carácter. De ahí viene mi afición a la Semana Santa. El que ha nacido en ese sitio, y tiene todos los días de Semana Santa, con los caballos de las procesiones que venían desde Viena, tiene que ser cofrade si no es ciego y sordo.
-De un barrio señero, con apellidos ilustres...
-Bueno, sí, mi abuelo era un gaditano ilustre ciertamente (Francisco García de Sola), ingeniero de Caminos. Estuvo en el régimen de Franco desde 1942, una veintena de años. Estuvo como dirigente, pero no era exactamente un político, hizo los pantanos que tanto le agradecemos. Y curiosamente, cuando muere, y yo me ocupé de los problemas de la testamentaría, lo que dejó fue 25.000 pesetas en telefónicas, no tenía ni un piso ¿Alguien se imagina que un director general de Obras Hidráulicas que contrató millones y millones de pesetas de aquel tiempo hubiera muerto diríamos que pobre de solemnidad? Evidentemente, la dictadura no es un sistema recomendable, ni yo soy partidario de la dictadura, pero no cabe duda de que sí soy partidario de la gente que no se corrompe por el dinero, por encima de regímenes.
-Pues me saca el tema de los escándalos en las cajas de ahorros, usted que fue presidente de la de Cádiz.
-Y yo sabía que me iba a preguntar. Es una vergüenza, es indignante. Mi mujer me dice "no cuentes más esto que lo has hecho muchas veces": nosotros ganábamos 50 pesetas por los consejos y 25 pesetas por las comisiones ejecutivas. Y yo cuando fui presidente puse una norma de que ese dinero no se cobraba, sino que la comida de Navidad la pagábamos con esos fondos acumulados de todos los consejos. Después dijeron que había que democratizar las cajas, cosa que me parece evidente que hay que hacer, y se metieron los partidos políticos... y ahí empezó lo que ha culminado con esto.
-¿En sus tiempos no había prebendas, ni tarjetas negras?
-Por supuesto que no. Nada, ni había viajes. Yo fui incluso consejero de la Confederación Española de Cajas, que era la cúspide, y a mí la Caja de Ahorros... yo no me acuerdo pero imagino que me pagaría el billete de avión, pero no se me ocurría pedirle el dinero de un taxi en el aeropuerto. Y yo entonces tendría una casa en Madrid o me alojaría en casa de mis padres o de alguien y no iba a un hotel. No tenía ocasión de ir a un cajero a sacar 500 euros y después irme a un hotel... equis. No es ningún mérito, porque es que entonces la vida era mucho más austera, todos éramos más austeros.
-De todas formas, un presidente de la Caja de Ahorros manda, tenía poder, influencias...
-Sí, nos daba una cierta influencia el que nosotros podíamos conceder crédito, pero la Caja de Ahorros, como le ha pasado a Bankia, estaba en quiebra. Y nosotros lo que hacíamos era vigilar todos los créditos que se concedían con una escrupulosidad absoluta.
-Pues me han dicho que en su época de presidente de la Caja era más conocido como 'Pon del Río' más que como Mon del Río
-¿' Pon' como de poner algo o a alguien? Yo no puse a nadie
-Sí, 'Pon' como que le pedían y usted concedía favores de colocar a gente en sitios.
-No, no. Mire, en la Caja de Ahorros mi único, no se le puede llamar nepotismo porque no era familiar mío, la única persona que empleé fue a Isidro, que era un hombre que yo conocía porque era íntimo amigo de mi íntimo amigo Balbino Pozuelo, y que estaba en una empresa de Cádiz que cerraba. Era el hombre más relaciones públicas de Cádiz, y entonces yo consideré que era el conserje ideal. Era el mayordomo del Ecce Homo además. Y dije, bueno pues este señor, de portero en la Caja de Ahorros. Me lo agradeció eternamente. Es la única persona que yo he colocado. O sea que yo de Pon... 'Pon a Isidro', en todo caso, ja, ja.
-Pues de ese caso vendrá la fama.
-Ojalá hubiera yo... yo no he puesto a nadie. Hombre, siempre la gente puede criticar, y ver y decir que si eres prepotente, que si eres altivo...
-Bastante después, la Caja de Ahorros de Cádiz desaparece en la fusión con Ronda ¿Eso fue malo para Cádiz?
-Ronda era un monstruo, y los monstruos absorben. Era la única solución posible. Yo lo que sí quería decir es que la Caja de Jerez se portó estupendamente con nosotros, porque se pudo haber dado el caso de que si un cliente llegaba y pedía un millón de pesetas, que no hubiera dinero en la Caja. Y Jerez nos dio la tesorería suficiente para que no hubiera ningún pánico en la de Cádiz. Y eso hay que decirlo, y reconocer los actos de hermandad.
-¿Era mejor aquel sistema que este actual de cajas?
-Hombre, ahora son bancos. Las Cajas eran fundaciones, y nacen de los Montes de Piedad para evitar la usura. La ventaja que tenían era que no tenían accionistas, no tenían que repartir. Sus beneficios se invertían en hacer viviendas, darlas más baratas... Se tergiversó, y aparte, la modernidad impone sus reglas. Ahora, que hay sistemas como el de Bankia que conducen al desastre.
-Y a continuación vino la política, que usted ha definido alguna vez como una equivocación.
-Bueno, yo estaba un poco aburrido, quería hacer una cosa nueva. Era apasionante, porque se trataba de hacer el Estatuto de Andalucía, construir el entramado institucional de la Junta, lo que debatíamos no era la menudencia del control, sino las leyes de gobierno, del Presupuesto. Y eso me sonaba, y Antonio Hernández Mancha era el líder y muy amigo mío y me encomendaba esas tareas. Ahora, la política... yo no valgo para eso.
-Y después de ese paso fugaz por Génova con Hernández Mancha...
-Bueeeno, Génova ya fue consecuencia de lo anterior. Yo soy muy leal con mis amigos. Creía que a Antonio había que apoyarlo y me fui con él a Madrid. Fue una época terrible, muchas huelgas de aviones. Estaba en el Parlamento de Andalucía, en Génova de supuesto secretario tesorero de finanzas, y tenía también despacho medio abandonado... Desde luego respiré cuando lo dejé.
-Luego los tesoreros del PP no han tenido mucha 'suerte', por decirlo de alguna forma.
-No, no. Yo, la verdad, a Bárcenas no lo he conocido. Nosotros lo quitamos entonces inmediatamente, no porque yo supiera nada malo de él, sino sencillamente el secretario general, Arturo García Tizón, nos dijo que no se fiaba de él. Luego otros se fiaron de él y lo pusieron, y allá ellos. Yo no lo llegué ni a conocer físicamente. Nosotros éramos los catetos andaluces y no conocíamos el partido.
-De aquella época era también Rodrigo Rato en su etapa gaditana.
-Sí, yo con Rodrigo he tenido una gran relación. Fue diputado por Cádiz durante una legislatura.
-¿De alguna forma le ha decepcionado Rato?
-Bueno, yo no quiero entrar en ese tema, que puede herir susceptibilidades. Yo le decía ayer a mi hijo que yo podría haber hecho quizás carrera política, pero que yo me sentía feliz a la vista de los últimos acontecimientos. Me acordaba de un profesor de Literatura que nos puso una redaccion con el tema ¿Qué quiere usted hacer en la vida? y a la que yo escribí él le puso en tinta roja: "Aureas mediocritas", que es esa oda de Virgilio sobre un hombre que no quiere vivir en una casa que se le cae pero tampoco en un palacio. O sea, quédate en el nivel medio, y yo creo que eso ha sido un poco el resumen de mi vida. No he querido nunca destacar por arriba ni por abajo. Me gustan los amigos, las tertulias, el cumplimiento del deber, trabajar. Pero no aspiro ni siquiera a ser ministro. Yo pude ser presidente de la Diputación en el régimen de Franco,pero no me gustaba. No me gustaba la dictadura.
-Y después de su paso por la política no ha querido saber nada más de ella.
-No, nada. Me fui del partido de la misma forma que me fui de la Caja y de responsable de la Buena Muerte cuando entré en política. Me di de baja en el PP. Pero le he votado en todas y cada una de las elecciones a las que el PP se había presentado y yo había podido votar. Y lo que ha cambiado: entonces lo nuestro era un chiringuito y ahora es una fábrica.
-Usted tiene sus raíces en una familia claramente de derechas.
-Por supuesto. Burguesa, de clase media alta para lo que es Cádiz, que jugaba al tenis en los años 30 o antes ¿Quién jugaba al tenis en los años treinta? Poca gente. Tampoco soy noble ni tengo ningún título. Ni por supuesto tengo remordimiento. Además estoy muy orgulloso de que mi madre y mi tía fueran campeonas de tenis.
-Usted eligió una profesión a tono con su familia.
-Bueno, yo iba para marino. Estuve dos años en el Colegio de Huérfanos de la Armada, donde se recibía una educación militar magnífica. La idea era que de allí te preparabas para Marina, y si querías ser marino, acababas el bachillerato en junio, y en noviembre eras alumno de la Escuela Naval Militar, ya con tu sueldo y con tu carrera. A mí no me gustaba el régimen militar. Yo quería estudiar Derecho. Mi padre tenía muchos hijos y, como marino, poco dinero, y sin embargo me mandó a la universidad privada de El Escorial, y después tres años en Madrid en el CEU San Pablo. Y después las oposiciones a abogado del Estado, y él que si eso nada más que lo conseguían los hijos del Cuerpo... pero lo conseguí y con 25 años me vine a Cádiz como abogado del Estado, que fue para mí una satisfacción. Y desde entonces no me he movido de Cádiz.
-Repasando, veo que muchas cosas importantes ocurren en su vida en los años medianos de los 70, su entrada en la Caja, su pregón de Semana Santa.
-Sí, en el 76 soy pregonero de Semana Santa, con un pregón muy contestado porque no dije ningún verso propio, porque yo no soy poeta, pero puse de relieve que los curas no eran muy partidarios de las cofradías. Y cité un montón de testimonios de los propios curas.
-Ese mundo cofrade parece dividir el mundo en Cádiz entre capillitas y anticapillitas.
-Sí, yo comprendo que se puede ser con la misma razón una cosa que la otra. Eso es un sentimiento, o se nace y eres capillita o no se nace y entonces ves todos los defectos, e incluso aumentados. Yo por ejemplo, tengo la pena de que no soy carnavalero, no me gusta el Carnaval, a lo mejor porque cuando se recuperó el Concurso yo estaba en Madrid...
-¿Por qué cree que los capillitas molestan tanto a muchos que no lo son?
-Porque creen que están simulando, que están mintiendo, que todo es una fanfarria. Pero yo creo que hay que ser lo más humano posible, buscar las raíces. Ahora mismo hay una cofradía que quiere sacar un paso nuevo, y la gente critica el gasto, y ellos se sienten cohibidos y hasta tienen que disimular poniendo de relieve su labor social... Yo digo: déjelas usted. Ya sé que pueden molestar en las calles, que pueden considerarse una hipocresía. Pero vamos yo no soy el gran cofrade que sólo le gusta eso, me gusta también la cacería, la tertulia en La Cepa Gallega...
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