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La pareja formada por Gonzalo Morillo y Chari González de la Torre ha cogido la buena ola del emprendimiento creando en Cádiz la primera fábrica española de núcleos de poliuretano para tablas de surf. El esqueleto, el chasis de las tablas tiene ADN gaditano y sale de una nave que en el Edificio Europa de la Zona Franca gestiona la empresa Blankers Surf. Hijo de padre surfero y practicante también de este deporte, Gonzalo empezó en un trastero reparando tablas y decidió dar un paso más. "Cuando reparaba me daba cuenta de que encontrar la materia primera era algo caro y complicado", explica. De ahí pasó a crear la empresa junto a Chari, su media naranja -están esperando un hijo que llegará con una tabla bajo el brazo-, junto a la que ha aprendido todo el proceso desde cero creando incluso las máquinas ellos mismos.
¿Cómo llegaron a encontrar el producto, a lograr la fórmula exacta que perfecciona la textura del núcleo? Fue un proceso largo en el que reconocen que pensaron en tirar la toalla. Por algo nadie se mete en este asunto, el de fabricar el chasis de las tablas. "A los fabricantes les sale más económico comprarlo", dice Chari. "Estuvimos meses investigando, haciendo pruebas. Hemos tirado a la basura unas 150 tablas con defectos. Pero a fuerza de perserverar dimos con la tecla", comenta Gonzalo. "La espuma se vende líquida y luego hay que hacer probaturas, porque con las indicaciones del fabricante no llegábamos al producto perfecto. El día que dimos con la mezcla exacta, lloramos. Pero esto es una superación constante porque los errores siguen produciéndose, pero son los menos", declara Chari. La fórmula no la explican ni muertos. "Las proporciones las tenemos ella y yo en la cabeza. En ningún otro sitio", avisa Gonzalo.
Lo que vende Blankers es el paso previo al lijado y la aplicación de la fibra de vidrio y la resina que hace el fabricante. "Lo vendemos en bruto y los fabricantes se encargan del resto. Cortamos el núcleo en vertical y colocamos entre las dos partes el listón de madera que deben llevar todas las tablas", comenta Gonzalo. Es un producto barato, entre 50 y 86 euros más IVA según las medidas.
Blankers lleva un año abierta y comercializando desde enero de 2015. "Hemos crecido mucho, de dos a cinco empleados en estos meses. Y con previsión de crear más puestos de trabajo", destaca Gonzalo. Ya ha logrado exportar a países como Portugal, Francia, Alemania o Italia. En España, por contra, los fabricantes de tablas importan la espuma de Estados Unidos o Australia. "Los españoles somos reacios a comprar nuestra materia prima. De ahí que todavía recelen los fabricantes de aquí en hacernos encargos, sin embargo estamos exportando a varios países europeos. Nosotros evitamos el sobrecoste al fabricante español que importa de fuera. Poco a poco, con el boca a boca, nos estamos dando a conocer", añade Chari. No hay tregua. Lo que ganan, lo invierten. "Estamos vendiendo al mes unas 120 tablas".
Chari y Gonzalo demuestran que es posible emprender sin salir de Cádiz. Pero se quejan de las "pocas ayudas, por no decir ninguna, de las administraciones". Al menos, acaban de ganar el premio 'atrÉBT!', la convocatoria de ideas y proyectos de empresas de la Universidad.
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