Armada Española

En las tripas del submarino 'Mistral'

  • El buque atracó en Cádiz como parte del programa de maniobras Gruflex-18

  • Las jornadas de puertas abiertas finalizan hoy en el puerto de la ciudad

El comandante Fernando Aguirre en la sala de mandos del submarino. El comandante Fernando Aguirre en la sala de mandos del submarino.

El comandante Fernando Aguirre en la sala de mandos del submarino. / Lourdes de Vicente

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Desde que en 1888 Isaac Peral desarrollara el primer buque submarino, la historia de la industria náutica en España se ha ido reinventando en torno a este modelo y acoplándolo como arma para las Fuerzas Armadas. ¿Quién le diría hace 130 años a este ingeniero naval que, con la invención de su sumergible, cambiaría el curso de la historia, y de nuestro país? Después de que en 1915 botase el primer submarino militar, la Armada, ha ido desarrollando submarinos en todas las épocas y de varios modelos.

Actualmente la Armada Española cuenta con tres submarinos en activo; el ‘Galerna’, el ‘Tramontana’, y el ‘Mistral’. Este último atracó el pasado jueves en el Puerto de Cádiz, tras haberlo hecho con anterioridad en el de la ciudad de Málaga. Se realizan dentro del programa Gruflex-18, con motivo de las maniobras que la Armada tiene previstas realizar en aguas del Golfo de Cádiz, la Base de Rota y el Retín. Una de estas actividades programadas es una jornada de puertas abiertas para dar a conocer este buque a los gaditanos, y que se podrá visitar hasta hoy.

El ‘Mistral’ es un submarino de diseño francés y fabricación española de la clase ‘Galerna’, que fue construido por el astillero Bazán (actual Navantia) y botado en 1983. Este buque ha estado destinado en diferentes misiones en aguas del Atlántico y del Mediterráneo contra el terrorismo, la piratería o el tráfico de drogas, así como la operación internacional en Libia en 2011.

Este buque, o arma submarina, como su flota lo llama, es un submarino convencional, alejado de los submarinos nucleares que suelen aparecer en las películas. Aún así, no deja de impresionar por su majestuosidad a la multitud que se acerca desde el jueves a visitarlo.

Su comandante, el capitán de corbeta Fernando Aguirre, comenta que en esta vida hay que tomar diferentes decisiones, “como elegir mujer o profesión”, y él afirma no haberse equivocado. Fernando Aguirre Pastor apenas llega a los 40 años de edad y es especializado en submarinos, comunicaciones y buceo. Además está diplomado en Estado Mayor por la escuela militar de París. Entró en la Escuela Naval Militar en 1997, y desde entonces ha seguido “la carrera típica en un oficial de submarinos” hasta que en junio del año pasado alcanzó la comandancia del ‘Mistral’. Este cartagenero de nacimiento, padre de cinco hijos, asegura sentirse “enamorado y encantado de lo misterioso y emblemático que resulta navegar en un submarino... Y más si es de la Armada Española”.

El submarino cuenta con 66 tripulantes, entre los cuales sólo hay dos mujeres, “totalmente integradas y especializadas en su trabajo”. Y es que, el trabajo en equipo en alta mar es crucial. Sobre todo por las dimensiones y el poco espacio que hay dentro del buque, que son muy reducidas, claustrofóbicas. El respeto, el orden, la calma y el compañerismo son vitales para convivir días bajo agua en un espacio así. Y también es importante el físico. La cantidad de obstáculos involuntarios que presenta la maquinaria del submarino hace necesaria la buena forma física y la agilidad de los marineros para moverse con facilidad dentro del buque.

El interior de la embarcación cuenta con una pequeña cocina, pequeñas salas de estar donde comen y descansan oficiales y tripulación, y dónde, según el comandante, “se forja la camaradería”. También cuenta con dos duchas para toda la marinería. Esto hace que, aunque se tengan que duchar cada tres días, la higiene se cuide al máximo. Botellas de agua para evitar infecciones, y uso racionado de ésta son algunas medidas más que se toman para controlar estos aspectos. Además de estas medidas de higiene, se ven obligados a tener otras relacionadas con la alimentación. A pesar de que la autonomía del navío por combustible es superior, el buque se limita por cuestiones de víveres. Cada 45 días, tienen que arribar en algún puerto de forma rutinaria.

Una vida sacrificada y entregada pero pocas veces discutida, porque como dice el comandante Aguirre, “el submarino es ver, oír, y callar”.

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