En recuerdo de José Pedro Pérez-Llorca, un gaditano de valores
La Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras celebra un acto en memoria del abogado gaditano, padre de la Constitución de 1978, que falleció hace justamente siete años
Un mito perpetuado en la gaditana calle Ancha
This browser does not support the video element.
La figura del abogado y político gaditano José Pedro Pérez-Llorca Rodrigo, uno de los padres de la Constitución de 1978, volvió a emerger ayer por unos momentos en su ciudad natal gracias a la sesión celebrada, en el salón regio de la Diputación Provincial, por la Real Academia Hispano Americana, entidad a la que perteneció este hombre rico en valores y en modestia, como bien se demostró en el acto, que falleció un 6 de marzo de 2019 y cuya memoria es un bien que Cádiz debe empeñarse en mantener como reconocimiento a su figura y a su contribución política.
Tras una completa semblanza realizada por Felicidad Rodríguez, académica y vicepresidenta del Instituto de Academias de Andalucía, fue Pedro Pérez-Llorca Zamora, su hijo, el encargado de acercar al auditorio la figura del homenajeado, en un discurso sosegado, ingenioso y brillante que comenzó con una advertencia obvia: “Comprenderán que es difícil para un hijo hablar bien de un padre, que es lo que se espera; quizás es el menos indicado”.
Pedro Pérez-Llorca echó mano del discurso con el que su padre ingresó en la Academia Hispano Americana en el año 2010, un texto titulado ‘Viajeros por Cádiz’ y del que eligió a tres personajes con el objetivo, explicó, de acercarse a la figura de su padre más por lo que omitió en su discurso que por lo que destacó de ellos, pues en esa omisión se encuentran relevantes similitudes que sirven para construir el perfil de este hombre de valores que era tan modesto, en palabras de su hijo, que omitió circunstancias concretas de los tres viajeros para evitar una posible comparación consigo mismo: Ulises, Olaf el Santo, rey de Noruega, y el conde de Essex.
Un hilo, por tanto, ingenioso del que Pedro Pérez-Llorca tiró para tejer la figura del Pérez-Llorca progenitor, que posiblemente también era capaz de decir a veces más cosas con lo que callaba que con lo que expresaba, una virtud derivada de su brillantez e inteligencia.
Así, de Ulises recordó que en el discurso de ingreso el académico se centró más en la figura de la ninfa Calipso y su isla Ogigia que en el propio héroe griego. Y cree Pérez-Llorca hijo que lo hizo “por modestia, ya que eran parecidos, por ejemplo, en su inteligencia o en el regreso al lugar en el que nació, como hizo mi padre con Cádiz”.
Del santo noruego Olaf, señaló que Pérez-Llorca, en su discurso, omitió la figura, que con seguridad conocía, de su hermanastro Harald: “Un hombre que, a diferencia de Olaf, nunca trabajó por sí mismo, sino por las causas ajenas, igual que mi padre. Y ambos fueron buenos vasallos, pero nunca siervos de nadie. Otra omisión por modestia”.
Y el tercer personaje elegido fue el conde de Essex, que en 1596 plantó su flotilla en la Bahía para asaltar la ciudad. Y entre todos lo que lo acompañaban destacó a un pirata y poeta inglés, John Donne, a quien “también omite porque se parecen: fueron aventureros -en referencia a los movimientos juveniles de su padre en política-, después abogados, parlamentarios...”.
Y continuó: “John Donne cayó en desgracia cuando murió la reina Isabel I; mi padre lo hizo con la caída de la UCD; ambos se refugiaron entonces en su familia y en su actividad privada. Al final, John Donne fue rehabilitado como deán de la Catedral de San Pablo, y mi padre, como presidente del Patronato Prado”.
El acto finalizó con la intervención del director de la Academia, Enrique García-Agulló, quien hizo un discurso sentido y muy personal, fruto de su amistad con José Pedro Pérez-Llorca, el hombre modesto y repleto de valores.
Temas relacionados
No hay comentarios