Los nuevos usos portuarios

El puerto da el paso esencial para volver a ser el referente de Cádiz

  • El nuevo Plan busca reforzar su papel portuario a la vez que pone en manos de la ciudad un espacio para su desarrollo turístico, comercial y de ocio

La verja, señal de la separación entre el muelle y la ciudad de Cádiz La verja, señal de la separación entre el muelle y la ciudad de Cádiz

La verja, señal de la separación entre el muelle y la ciudad de Cádiz / Julio González

Tal vez fue en 1992, el año en el que el muelle se convirtió en una feria con la llegada de la primera gran regata de veleros y buques escuelas de medio mundo, cuando los gaditanos comenzaron a percibir que detrás de la verja portuaria, levantada apenas medio siglo antes, había un mundo de posibilidades para el desarrollo de la propia ciudad.

Basta con conocer un poco de nuestra milenaria historia para tener claro que cuando ha mirado al mar Cádiz ha vivido sus épocas de mayor gloria y riqueza. Y, por el contrario, de espaldas al mismo han llegado los momentos de crisis.

El paso que ha dado la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz con la aprobación del nuevo Plan Especial es esencial para que los muelles vuelvan a ser el referente para una ciudad que está, hoy, inmersa en un profundo cambio de modelo tanto económico, como cultural y, sería también necesario, social.

El documento pone sobre la mesa dos cifras. Una, un millón de metros cuadrados, con un uso portuario, para no perder nuestra identidad puramente marítima; otra, 335.000 metros cuadrados, para lograr la conexión entre unos muelles en plena mutación con una ciudad de la que han estado separados desde hace años por algo más que una verja física.

A este paso administrativo se ha llegado con más de un tropezón y con más de un enfrentamiento entre las administraciones y entre los colectivos directamente implicados con su desarrollo.

Se llega, sin embargo, gracias a la capacidad de diálogo que han tenido la Autoridad Portuaria y el Ayuntamiento de Cádiz, en manos de partidos radicalmente opuestos pero que han tenido al frente a referentes de la política gaditana que han puesto a la ciudad, a los ciudadanos y a su futuro, por delante de sus diferencias ideológicas.

Teófila Martínez por un lado y José María González, con el apoyo de Martín Vila, por otro, han negociado un documento que ahora habrá que desarrollar pero que, a priori, supone un claro beneficio para la capital si se ejecuta en tiempo y forma. Hay que tener en cuenta que la operación a acometer, que incluye equipamientos públicos, usos náuticos-deportivos, centros de ocio y comercio, una amplia extensión de zonas verdes y peatonales... va a necesitar de una importante inversión pública pero, también, de una no menos importante inversión privada. La apuesta por un gran hotel en la fallida Ciudad del Mar, hoy en proyecto, debería de animar al dinero privado a la hora de invertir en Cádiz.

Habrá que esperar bastantes años para ver culminada la urbanización de estos terrenos, aunque la importancia que tiene para nuestro futuro más inmediato debería de animar a todos los responsables a agilizar trámites y cerrar proyectos.

Más allá de los ritmos de las administraciones y de los planes de la iniciativa privada, no hay que olvidar que el Plan Especial pone sobre el papel usos y ocupaciones, pero no diseños. Y aquí habría que aprender de los errores del pasado. Durante décadas, allí donde ha existido un suelo vacante se ha construido sin la necesaria reflexión. La propia expansión de Puerta de Tierra ha sido el mejor ejemplo de lo que no hay que volver a repetir porque, más allá de operaciones como la pendiente en la Zona Franca exterior y lo que se vaya a hacer en los suelos ignorados por la Junta en San Severiano y Puntales, este es el último gran suelo de oportunidad que le queda a Cádiz por sacar adelante.

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