El hombre que abrió el puente laboral Cádiz-Castellón: “Es canallesco cortarle la luz o el agua a quien no puede pagar”
José Cuadrado Vergara | Vicepresidente de la Fundación Dora Reyes, de cádiz
En 1996 convirtieron una tragedia familiar en un homenaje póstumo lleno de vida y de dedicación a los más necesitados de la ciudad
Desde la Fundación Dora Reyes han repartido 3,12 millones de euros, atendido a 2.287 personas, facilitado empleo a más de mil y trabajo en la ciudad valenciana a 82 familias gaditanas
Nadie diría que José Cuadrado Vergara, Pepe Cuadrado, ha cumplido ya los 80. “Y aquí estoy todavía, al pie de cañón”, dice entre risas en la sede de la Fundación Dora Reyes, en la calle Osorio. En esta ocasión concertamos la entrevista con él como vicepresidente. Pero nos espera acompañado de su esposa, María Reyes Giménez, Mari Reyes, de 76 años, hermana melliza de Dora y presidenta de la entidad. Ella dice preferir que sea su vicepresidente quien haga de portavoz, pero deja claro que intervendrá siempre que lo estime necesario para aclarar o aportar datos. “Ella es el poder legislativo y yo el ejecutivo”, dice Pepe con guasa. “Él es el optimista y yo la realista”, dice Mari. Lo cierto es que juntos componen un tándem perfecto en entrega, generosidad y eficacia.Un ejemplo excepcional de vida en común dedicada a los demás, a los más vulnerables. Así que por eso, a lo largo de esta entrevista, que en realidad es una entrevista a dos, las palabras de Mari aparecerán entre corchetes enriqueciendo el relato de Pepe. Seguro que nos lo perdona.
José y María tienen cuatro hijas y dos hijos entre los 40 y los 56 años. Él estudió en San Felipe Neri. Ella en el Torre Tavira. Luego Pepe se hizo perito mercantil. Su primer trabajo fue en Almacenes La Riojana, un negocio que tenía su padre con unos socios. Luego, con cinco hijos y el sexto ya de camino, se presenta a unas oposiciones a la Caja de Ahorros de Cádiz y las saca. “Aquello me solucionó la vida. Entonces en una caja de ahorros se trabajaba un montón, pero también se ganaba dinero”. Al segundo año ya ascendió a oficial de primera. “Tenía cinco hijos detrás y había que sacar aquello adelante”. Quedó el primero en unas pruebas internas. “Luego fui jefe de la Caja General de la entidad. Repartí muchísimos miles de millones de pesetas en un año. Después estuve en un centro de autorizaciones que se creó para dar préstamos, de estos light de 50.000 o 60.000 pesetas. También dimos un montonazo de millones”.
–¿Cómo nace la Fundación?
–Cuando desgraciadamente fallece Dora, hermana de mi esposa, en un accidente de tráfico. Iban a la Virgen de Regla, a Chipiona, con el padre José Luis Salido y Pilar, una señora que atendía mi cuñada... El padre José Luis, franciscano él, que falleció hace tres o cuatro años, fue quien dijo: “¿Por qué no creamos una fundación?” Porque Dora era una institución en Cádiz, toda una institución...
–¿Cómo era Dora?
–Dora era una persona abierta a toda la gente sencilla y humilde... Vivía en el número cuatro de la calle San Miguel... Vivía para la gente. Trabajaba en el Ayuntamiento y por las tardes, en la Fundación Virgen de Valvanuz, que está en la calle Santiago... A ella la llamaban los policías municipales, por ejemplo, porque habían encontrado a una señora tirada en la plaza de Candelaria, que no tenía donde quedarse... No, no tenía el título de trabajadora social, pero hacía mucho más [Trabajaba en el Ayuntamiento y en Asuntos Sociales, en la calle Zaragoza] Y al padre José Luis, que era íntimo amigo, se le ocurrió la idea: “¿Por qué no creamos una fundación para ayudar a personas mayores?”. Y me parece que fui yo quien le dijo: “¿Y por qué no podemos ayudar a todo tipo de personas, que hay mucha gente que lo está pasando mal y no tiene ni para ir a la plaza a comprar algo para comer?”. “Pues venga, como sea, pero vamos a crearla”, contestó él... Y lo hicimos con todo el dinero que nos dieron a los familiares como indemnización por el accidente... [Dora era soltera y nuestros padres ya habían fallecido. Creamos la fundación, claro está, previa tramitación de su constitución legal, que conllevó muchísimos trámites y papeleos...].
–¿Había trabajado antes en alguna otra organización de ayuda a las personas más vulnerables?
–Sí, yo he trabajado muchísimo en Manos Unidas, en sus Campañas contra el hambre en el mundo. Llegué a hacer 1.200 socios en toda la provincia, hasta el punto que tuvimos que derivar a muchos a Madrid... Se quedaron asombrados porque en total en España Manos Unidas tenía 18.000 socios... [Nosotros teníamos entonces un pilar fundamental, que fue que el padre José Luis tenía la Fundación Alvernia y ya sabía como crearla. Y también estaba la Fundación Fragela, a cuya constitución contribuyó muchísimo Dora. Él nos enseñó cómo debía hacerse toda la tramitación legal y fiscal]... Dora falleció el 1 de junio de 1996, con 50 años, y nosotros empezamos a funcionar en septiembre de ese mismo año... Yo estaba de cajero central de Unicaja y cuando me pedían las sacas de las oficinas, yo aprovechaba para decirle a los directores: “Quillo, que te mando un formulario, a ver si me lo mandas relleno”... Tenía unas conexiones muy buenas para hacer socios...
–¿A qué personas comenzaron a atender entonces?
–[Era gente a la que ayudaba mi hermana. Esa fue la semilla. Unas se lo decían a las otras y cada vez fueron viniendo más] Eran personas muy necesitadas... [Lo sabíamos a ciencia cierta porque les pedíamos que acreditasen su situación con documentos oficiales] Eran familias con hijos. Atendimos a una mujer que tenía doce, una cosa excepcional... Eran familias de dos, tres, cuatro, cinco hijos, que no tenían para lo imprescindible. Personas jóvenes, de mediana edad y mayores [Todas pasaban por Asuntos Sociales] Desde entonces hemos atendido a 2.287. Y hemos dado en ayudas 3.120.000 euros, a razón de unos 113.000 euros de media en los últimos años (En lo que va de 2022 han entregado ya 96.529,12 euros, 91.150 de ellos en forma de 2.882 ayudas familiares, aunque también han dedicado, por ejemplo, 1.504 euros en pagar facturas de la luz). [Al principio también dábamos alimentos. Teníamos un local en Puerto Chico, en los bajos de un edificio que estaba en mal estado. Cada vez estaba peor y nos dijeron que allí no se podían almacenar más alimentos. Estuvimos buscando otro local por este sector y como no lo encontramos, dejamos de repartirlos. Y mira que hay aquí en la calle San Juan unos locales vacíos desde hace años...]
–¿Y todo esto lo hacen a pulmón o con alguna ayuda pública?
–Al principio empezamos a hacer socios, socios, socios... El primer año ya teníamos ochenta y tantos, el segundo eran ciento y pico, hasta que llegamos a tener más de mil. El problema ahora está en que con esto del covid han fallecido muchos... Eran mayores y han ido yéndose... Hay otros que económicamente ya no pueden o les viene mal... Ahora estamos en unos 750, que aportan todos los meses unos 10.000 euros, que repartimos entre la gente... Hay socios de cien euros, otros ponen menos y otros bastante más [Antes organizábamos una cena benéfica en los claustros del Convento de San Francisco, pero aquello se cortó... Muchas de las personas que llevaban mesas, o han fallecido o ya son muy mayores... También hacíamos una comida en El Sotillo: íbamos las mujeres vestidas de gitana a bailar y se recaudaba un dinero que nos venía muy bien, que era como un colchoncito. También organizábamos otras actividades, pero el grueso siempre lo han puesto los socios].
–Imagino que a casa llegarán con la preocupación por muchos casos ¿cómo se sobrelleva eso?
–Ufff, no veas... Cuando no podemos hacer frente al pago de la factura de la luz de alguien a quien se la van a cortar a mí es cuando me entra la depresión... Me angustia el no poder hacer nada... [Yo siempre le digo a Pepe que si no hemos podido con algún caso, hay otros 345 con los que sí. Y siempre hay que ver la botella medio llena, no medio vacía... Pero esto no lo llevamos nosotros solos, con nosotros trabajan como voluntarios más gente. Está el secretario y tenemos nuestro patronato...]. Esta mañana vino una señora a quien le van a cortar la luz y me dijo:“Pepe, por favor, que he ido a Cáritas y me dicen que no tienen dinero; que he ido a Asuntos Sociales y me han pagado dos recibitos, pero necesito otro más porque me la cortan...”. Yo les pido que me manden el recibo y desde el ordenador de casa se lo hago. “Toma, ahí llevas el justificante con la factura ya pagada”.
–¿Están coordinados con los Servicios Sociales? ¿Reciben ayuda del Ayuntamiento?
–No, nada, nada. La ayuda del Ayuntamiento llega mal y tarde [Nosotros hacemos lo mismo que ellos. Si tuviésemos alguna empresa y pusiésemos en marcha algunos cursos... Pero desde el Ayuntamiento nos dicen que solo pueden pagarnos los ordenadores, la limpieza, la pintura del local, pero ya está]. Nunca hemos recibido ninguna ayuda pública. [Bueno, salvo el local, que ya es algo, que fue de la Junta y lo cedió al Ayuntamiento y estamos bien] Como ya te comenté, yo tuve mucha experiencia en Manos Unidas y dije: “Aquí vamos a depender de nosotros mismos, porque si dependemos de alguien, primero tienes que esperar que te llegue el dinero y te llega mal y tarde. Además, no sabes cómo actuar cuando lo tienes. Y si eres autónomo, si tienes que decir o censurar algo al Ayuntamiento, puedes hacerlo como yo he hecho frente a los cortes de la luz y del agua por impago de recibos. Porque pienso que la gente que no puede pagar tiene que tener esos servicios gratuitos. Sé que el Ayuntamiento da ayudas, pero son del todo insuficientes. Con el dineral que se cobra de impuestos debería haber un mínimo vital garantizado para todo el mundo. Y a partir de ahí, quien necesite o quiera consumir más, que pague lo que tenga que pagar. ¡Que le corten a alguien el agua o la luz...! ¡Eso es canallesco! ¡Es triste y angustioso!. A mi eso me indigna y me destroza... Una señora ayer necesitaba que le pagasen 170 euros porque le cortaban la luz... Le dije: “Busca la mitad en Cáritas y nosotros pagamos la otra mitad” ¡170 euros en luz! ¡Cómo pueden estar así las cosas!
–Usted es el culpable, en el buen sentido de la palabra, de que muchos gaditanos encontrasen trabajo en Castellón... ¿Cómo surgió aquello?
–Bueno, sí... Tengo un amigo íntimo, que es Jaime Rocha, que estaba trabajando de gerente en Inalco, una empresa de cerámica de Castellón. Y resulta que charlando en una cena que tuvimos de antiguos alumnos me comentó que estaba encantado allí, que había trabajo que no veas. Y le respondí: “Pues yo tengo aquí infinidad de gente que necesita un trabajo”. Nada más incorporarse me llamó: “Mándame a dos”, me dijo. Y como yo aquí tenía mucha demanda les propuse a dos personas que se presentasen allí con una cartita mía y que preguntasen por el gerente. Se fueron para allá y contentísimos. Eso fue en 1999. En 2000 y 2001 enviamos a más gaditanos. En total fueron 82 familias las que mandamos a Castellón en esos tres años. Hubo un momento en que Jaime ya no podía contratar más y aun así, metió a otros tres gaditanos. Jaime me recomendó que llamase a su hija Arancha, que trabajaba en la empresa de colocación temporal Quantum. “Llámala, que seguro que ella tiene demanda de empleo”, me recomendó. Yo la conocía desde chiquitita... Y cada vez que necesitaba a gente, me iba llamando: “Necesito a dos personas”. A la semana siguiente, otras dos, y así... Pero estalló la burbuja inmobiliaria, se vino abajo la construcción y se acabó aquello... Recuerdo una anécdota de entonces: uno de los que mandé a Castellón fue al hijo del dueño de un bar donde yo desayunaba todas las mañanas, aquí, al lado de la urbana 6, la del Corralón... Se quejaba de que ganaba poco y no sabía que hacer. “Quillo, ¿tú quieres irte a Castellón?”, le pregunté. “Pero, ¿con trabajo?”. “Con trabajo, claro”, le respondí. Y se fue a Castellón. Estuvo allí cuatro o cinco años. Y resulta que le tocó una quiniela de las buenas. En el turno de noche de la fábrica jugaban los compañeros... 29 millones de pesetas... Me llamó como loco para darme las gracias... Se llevó a la novia para allá... Y se hizo socio... Estuvo pagando 200 euros durante tres o cuatro años... Colocamos a un montón de personas. Desde que arrancamos en 1996, a 1.018. Y siguen viniendo...
–¿Cuál es ahora el perfil mayoritario de quienes piden trabajo?
–Desde hace tiempo están llegando muchas mujeres hispanoamericanas, que son como una gran familia. Se comunican unas con otras y se dicen: “Llégate a la Fundación Dora, habla con Pepe Cuadrado, que a él le piden muchos trabajadores”. Vienen de Colombia, Venezuela, Ecuador, Méjico, pero sobre todo de Bolivia. Son mujeres que llegan solas, que han dejado allí a sus familias, a sus hijos, que entran de manera irregular y, poco a poco, van consiguiendo papeles y la nacionalidad española. Son mujeres, jóvenes y de mediana edad. Vienen buscando empleo como cuidadoras de personas mayores o en el trabajo doméstico, siempre como internas porque esto les soluciona el problema del piso. [Ojo, que estas personas no les quitan trabajo a las de aquí. Las de aquí tienen su casa, sus hijos, su familia aquí y, lógicamente, no quieren trabajar internas]. Cuando el empleo es por horas se le da prioridad a una persona de por aquí.
–¿Hacen un seguimiento de en qué condiciones están trabajando estas personas?
–[Tenemos sus currículos y sus fichas personalizadas y sabemos si nos han demandado ayuda antes, si han trabajado en otra ocasión, si han tenido algún problema en las casas que ya han estado... Así que para las personas que las reciben es una alegría saber que la persona que llega a tu casa está respaldada por la fundación. Y una vez que empiezan a trabajar les van subiendo sueldo y a la mayoría se les da dé alta en la Seguridad Social. Ydigo a la mayoría porque eso desgraciadamente no es posible si todavía no han regularizado su situación...]
–¿Colabora con ustedes alguna asociación de las que ayudan a los migrantes a regularizarla?
–No. Hasta ahí no llegamos nosotros... [Pero pasaporte y carné sí que se les pide]... Aquí la gente llega diciéndome: “Me han dicho que usted puede darme trabajo”. Pero yo siempre respondo: “Yo no tengo trabajo, pero dame tus datos y charlamos un ratito”... Y hablando con la gente, sabe uno como es. Les pedimos la documentación, les abrimos una ficha informática y hacemos lo que podemos.
–¿Son conscientes de que procuran más empleo que algunos Ayuntamientos pequeños?
–Hombre, no creo... Son más de mil, pero en 25 años... La media no llega a 50 al año... [Tampoco es eso; no vamos a ser ahora nosotros los number one, pero no es para deprimirse cuando las cosas no te salen bien...]
–¿Quién o quiénes creen que tienen la culpa de que la gente no encuentre un empleo digno?
–Quien tiene que ayudar a crearlo, sin duda, es quien tiene la culpa. Y esa obligación es del Gobierno, que es el que tiene que facilitar que se generen puestos de trabajo y, además, dignos. [Yo pienso que a los Servicios Sociales les saldría más barato crear unas empresas en vez de estar dando para pagar la luz, el agua... ¿No sería más conveniente que la gente pueda trabajar? Pero hay otra problemática con la que yo me encandelo: Si tú estás trabajando dado de alta en la Seguridad Social no puedes pedir nada a los Servicios Sociales, pero si trabajas en negro, sí... ¿Eso cómo se soluciona? ¿En qué sector montas una empresa en Cádiz? Te tienes que ir fuera a trabajar... Por otro lado, hace falta que haya escuelas de formación laboral y que, si hacen falta soldadores, el Ayuntamiento forme a soldadores ¿Por qué tiene que venir gente de fuera?... Mientras que todo esto no se arregle hay que hacer lo que se pueda].
–¿Cuentan ustedes con la colaboración de alguna empresa?
–No, pero hay una persona que quiere permanecer en el anonimato y que ni siquiera nosotros sabemos quién es que nos ingresa mil, dos mil euros, cada tres meses, y así hasta unos ocho mil al año. [Tampoco hemos tenido ayuda por parte de ninguna empresa en los eventos que organizamos. Tienes que pagar a quien da la comida, a las personas que están en la puerta, la limpieza... Al Convento de San Francisco, que no nos cobraba, le dábamos un donativo. Y a las personas que colaboraban, les reconocíamos su contribución con una escultura de Nando... Y si era en El Sotillo, además había que pagar el autobús... Todo eso requería mucho esfuerzo... Mantener todo esto nos cuesta dinero].
–Después de 25 años de tanta dedicación, tendrán que descansar en algún momento ¿no?
–Sí, claro. Pero no estamos solos. Hay gente muy buena, magnífica, trabajando con nosotros. Ahora mismo son unos 14 voluntarios. Y por supuesto, con nosotros están nuestros patronos. Pero necesitamos más socios...
(Para colaborar con la Fundación Dora Reyes se puede contactar a través de su web: fundaciondora.org y de su mail: fundaciondora@hotmail.com).
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