Polígono exterior de la Zona Franca La puerta de la vergüenza

  • El polígono exterior de la Zona Franca presenta un estado lamentable donde la ruina y la cochambre ganan terreno a las empresas que sobreviven en este recinto

Una de las fachadas no tiene ni las cristaleras. Una de las fachadas no tiene ni las cristaleras.

Una de las fachadas no tiene ni las cristaleras. / Lourdes de Vicente

El polígono exterior de la Zona Franca representa la agonía de un pasado industrial pujante en torno a un sector naval poderoso. Lo que queda hoy en día es una imagen impropia de una ciudad que tiene en esas calles una de sus principales entradas a la localidad que te lleva por una zona fantasmagórica, casi en ruinas, donde unos pocos negocios siguen con su actividad en medio de un chabolismo industrial.

Hace años el que pocos meses después se iba a convertir en ministro de Hacienda del Gobierno de Mariano Rajoy, Cristóbal Montoro, anunció un maná de dinero, construyó unos castillos en el aire para una transformación de un polígono exterior que se iba a convertir en el motor económico de Cádiz.

El lugar donde celebró la rueda de prensa, junto a la todavía construida nave de los antiguos Talleres Faro y en un lateral del ya desaparecido Supersol, es una muestra de la decadencia que tiene la zona. De la nave sólo queda hoy un solar y unos pilares que tratan de aguantar las construcciones de los alrededores. En Supersol hay un boquete en la puerta trasera, una valla que impide acceder al antiguo aparcamiento y en la fachada carteles de todo tipo de conciertos que da una imagen lamentable.

En uno de los edificios han desaparecido todos los cristales y se puede ver el interior

Un poco más adelante, antes de llegar a los concesionarios de vehículos que continúan con su actividad, en un local que perteneció en su día a Mazda y que hace esquina con la calle Algeciras, el edificio se encuentra lleno de papeles en su fachada. Al lado, en un inmueble de una antigua empresa de suministros, se ha quedado en el esqueleto. No queda ni una sola ventana y se puede ver el interior de lo que en algún día fue una oficina.

Imagen del interior de una nave donde hay okupas. Imagen del interior de una nave donde hay okupas.

Imagen del interior de una nave donde hay okupas. / Lourdes de Vicente

La calle Algeciras es el epicentro del polígono exterior de la Zona Franca, la arteria que transporta a los vehículos hacia el interior de la ciudad. Curiosamente, ahí es donde se concentra una gran parte de la ruina.

Prácticamente todas las naves que están en el lado izquierdo se encuentran cerradas, con signos de chabolismo, con falta de cubiertas y algunas de ellas con mucha basura en su interior. Una de ellas tuvo que ser limpiada por la propia Zona Franca de Cádiz después de acumular residuos durante más de una década. En este caos, está también la presencia de okupas. Los hay en la nave que ha sido limpiada y en otra que se encuentra un poco más adelante y que se encuentra junto a una nueva gasolinera low cost que sobresale por lo nueva que está entre tanta inmundicia. Dentro se pueden ver, gracias a que ni siquiera hay una puerta que impida la entrada, sofás y unas sabanas que tratan de darle algo de privacidad a las personas que malviven en su interior.

La calle Algeciras es el paradigma de la ruina que presenta una puerta de entrada a la ciudad

Entre tanta inmundicia la citada gasolinera, la Panadería Las Navas y un edificio que alberga a varias empresas en la derecha se salvan de la llamada puerta de la vergüenza de la ciudad.

Si la calle Algeciras es la vía de entrada, la de Campo de Gibraltar es la de salida. Allí es donde se encuentra prácticamente el único rayo de esperanza que pueda dar lugar a que de manera lenta pueda ir cambiándose el futuro.

En los terrenos de la antigua Ibérica AGA se pueden ver a los operarios trabajando en la preparación de los terrenos y también en consolidar el edificio que está protegido y que servía hace años de oficina para la empresa sueca. Aquí la Zona Franca de Cádiz tiene preparado un novedoso plan llamado Zona Base con unas zonas para emprendedores que irá con unas oficinas-viviendas en contenedores de barcos adaptados y que ya se pueden ver como experiencia piloto en el recinto fiscal.

Desde la Zona Franca que ahora dirige la socialista Victoria Rodríguez se quiere que esta Zona Base se convierta en el motor que empuje a la iniciativa privada a ir llegando a la zona y que poco a poco pueda ir regenerándola.

Este proyecto ya está cercano en el tiempo pero lo demás todavía ni se le espera. Atrás quedan los dibujos y las promesas de grandes hitos, zonas comerciales y palacios multiusos.

La realidad es mucho más dura. Edificios cerrados a cal y canto que dejan una puerta de entrada de absoluta decadencia a una ciudad que deja su esplendor industrial muy lejos. La modernidad del carril bici que se ha implantado en la zona convive con la cochambre.

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