Patricia Cavada y Bruno García, a dos velocidades por una autovía más amable

A San Fernando le urge la conversión de la carretera que separa su ciudad de la Bahía, Cádiz la apoya pero prefiere esperar

San Fernando solicita la transformación de la autovía en vía urbana en el POTA

Patricia Cavada y Bruno García, en una firma sobre la depuradora conjunta.
Patricia Cavada y Bruno García, en una firma sobre la depuradora conjunta. / CD

Patricia Cavada gobierna con mayoría absoluta en su tercer mandato al frente del Ayuntamiento de San Fernando, es una alcaldesa socialista para una ciudad con tendencia al centro derecha. Bruno García está como recién llegado, hace casi tres años que es alcalde de Cádiz y es un regidor del PP para un municipio de voto dual. Si sólo se escuchase carnaval, se diría que es, claramente, de izquierdas. Son alcaldes de cosechas distintas, la isleña está recogiendo los frutos de diez años de gobierno, Bruno García está resolviendo las heridas de su ciudad. Se llevan bien, lo que ya es una rareza en la Bahía, y ambos coinciden en que la autovía que los une y los separa, la de Cortadura, debería ser una vía más amable, aunque los tiempos que marcan sus respectivas agendas le separan. Para Cavada, es un proyecto de ciudad; para García, un objetivo a largo plazo.

La conversión de la autovía de Cortadura en una avenida tiene más detractores que partidarios en la zona gaditana, sólo convence de modo especial a José Manuel Córdoba, el propietario de El Chato. Pero si se hiciera un ejercicio de luces largas, pensando a lo grande, a años vistas, coincidiríamos con el bueno de Córdoba. Al fin y al cabo, eso es lo que hizo El Puerto, transformar la vieja autovía de Jerez en una avenida que va desde la cuesta del parque acuático a Valdelagrana.

Chiclana, donde gobierna José María Román de modo interrumpido desde 2004, es una ciudad que piensa a largo plazo: el tranvía de San Fernando no sólo es la conexión férrea del municipio con la Bahía, es el inicio de una línea que debe alcanzar Novo Sancti Petri y cohesionar buena parte del término municipal. En El Puerto, Germán Beardo sólo sigue la estela de otros alcaldes portuenses que se empeñaron en sacar a esta luminosa ciudad del mapa de la excelencia turística para situarla en la irrelevancia.

Cádiz y San Fernando son dos ciudades unidas por una playa casi virgen, un borde litoral poco conocido que da a la Bahía y un parque natural con un uso público pobre y endeble -como casi todos-, pero a largo plazo terminarán por embellecer y sosegar lo que hoy sólo es una autovía que permite ir muy rápido de un lado a otro.

José Manuel Córdoba sostiene que no llegará a verlo, y es posible, pero ese sucederá. Sólo hay que mirar al itsmo desde el aire, a vista de dron: faltan miradores al parque, vías paralelas para pasear, correr e ir en bici, un transporte público más eficaz, un centro de interpretación que visitar, unos accesos menos peligrosos para salir de Cortadura y otra visión del nudo de Torregorda, más propio de los años setenta que del siglo XXI. La ruina del molino de marea en río Arillo es el paradigma del abandono. Un territorio de una gran belleza natural que sólo sirve para flanquear una autovía.

Para comprender el proyecto de Patricia Cavada, que es de los dos alcaldes el más interesado, hay que visitar la playa de Camposoto, que tiene los mejores servicios públicos de la provincia de Cádiz, una playa urbana y familiar donde los chiringuitos aún no se han contaminado de la gastronomía asiática y donde aún es posible comer sardinas a un precio razonable. Es un entorno embellecido, singular y cuidado que se ha impuesto a un paisaje a priori hosco, limítrofe con un campo de tiro y rodeado de la soledad africana de una marisma.

Cavada tiene un plan para la Isla, su ciudad avanza hacia la Bahía, los polvorines de Fadricas se convertirán en un parque, en una zona de ocio junto a Bahía Sur, lo que permitirá la conexión desde este centro comercial hacia la Casería, otro circuito litoral. Bruno García también contempla la conversión de la autovía, pero este mandato está centrado en recuperar esos proyectos recurrentes que la ciudad no termina de resolver, caso del cementerio, del hospital y de la carretera industrial. Después abordará la remodelación del Paseo Marítimo, uno de los mejores frentes costeros urbanos de todo el país donde, prácticamente, no se ha inverrtido nada desde hace dos décadas.

Los dos alcaldes confluyen, pero cada uno tiene unos tiempos diferentes. Para Cavada, humanizar su tramo de autovía es urgente, soterrarla sería demasiado caro. Bruno García le apoya, pero prefiere esperar. Y llegará.

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