Cádiz

750 millones de pesetas para abrir una semana

  • El edificio de lo que iba a ser la Ciudad del Mar es el relato de lo que no dejó en Cádiz la Expo 92

Estado de deterioro actual del edificio que pretendía ser la Ciudad del Mar. Estado de deterioro actual del edificio que pretendía ser la Ciudad del Mar.

Estado de deterioro actual del edificio que pretendía ser la Ciudad del Mar. / julio gonzález

Hay que situarse hace casi treinta años. Estábamos en la Pre-Expo de Sevilla. Míster Marshall era un muerto de hambre en comparación con lo que nos iba a caer con un evento universal cuya riqueza se extendería desde Sevilla a toda Andalucía. Se escribieron varias cartas a los Reyes Magos y casi lo único que trajeron, aparte de carbón, es hoy una ruina de mármol blanco ennegrecido que en su día costó 750 millones de pesetas de la época, se abrió una única semana para la celebración de Mundo Vela y, cuando cerró, rodeado de grandes expectativas, fue para siempre. Parafraseando a Vittorio Gassman, un gran porvenir a sus espaldas.

Cuando se cumplían los 25 años de aquel sueño nunca cumplido, el arquitecto Rafael Otero, que intervino en ese edificio de la Ciudad del Mar (era la época de las ciudades de...) que nunca fue, recordaba su obra con tristeza: "Era el primer edificio de un proyecto muy ambicioso que hablaba de delfinarios y zonas de ocio, al estilo de lo que sería el puerto Olímpico de Barcelona. Estaba construido con buenos materiales, hormigón blanco, maderas de construcción naval y tenía la escala de un barco atracado en el muelle. Era una gozada trabajar allí, sobre el mar, con vistas al casco histórico. Constaba de tres fases, pero sólo se construyó íntegra una. Con los años ha sido una gran decepción, he asistido a su deterioro, el hormigón blanco se volvía negro por los okupas que hacían fuegos. Debería rescatarse. No tendría sentido que su destino fuera la piqueta o el abandono", lamentaba.

Carlos Díaz, el alcalde socialista de la época, había visto claro en qué se podía convertir ese edificio que se pretendía emblemático. Sería su legado. Había 6.000 millones de pesetas que aportaba la Junta para grandes proyectos. Se construyó con ese dinero la piscina cubierta de Cortadura, se pensó en un museo y en la idea de Díaz estaba un acuario inmenso como el que había visto en Brest. Pero Díaz se quedó con el molde. Tras la Pre-Expo vino la Post-Expo, una depresión que sumió al país en una fenomenal crisis que lo paralizó todo. Fue así como la Ciudad del Mar se quedó congelada y okupada.

Posteriormente hubo intentos. En 1998 Teófila Martínez solicitó la conversión del edificio de la Ciudad del Mar en un centro hotelero. Los planes del gobierno local consistían en la transformación de un gran espacio portuario, de escaso uso, en suelo ciudadano, dedicado al ocio y al turismo relacionado con el mundo del mar y la presencia de los cruceros. Pero ningún inversor siguió la idea y eso que venían años de dinero a espuertas. Nadie lo vio claro.

En 2013, ante el fracaso del plan del gobierno local, la Autoridad Portuaria recupera la gestión de esta zona abandonada de Puerto América. Y hay un nuevo intento. Se encargó a la arquitecta Teresa Bonilla que diseñara cómo podría ser el nuevo espacio recuperado. Calificado como suelo de oportunidad en el Plan General, había una clara apuesta por el ocio con la apertura de un hotel y de equipamientos relacionados con el mundo del mar, todo ello acompañado con comercios y locales conectados con los cruceros turísticos, que tendría allí su principal muelle. Incluso se habló de un gran aparcamiento subterráneo aprovechando el desnivel de suelo existente entre el paseo de la Punta de San Felipe y el muelle Reina Sofía. José Luis Blanco, entonces y ahora máximo responsable de la Autoridad Portuaria, vio con interés la idea. Pero una vez más sólo era una idea. No había dinero detrás que lo apoyara.

A la espera de ver si esta vez la nueva apuesta se materializa en algo, el edificio de la Ciudad del Mar sigue su paulatino deterioro, su lenta pudrición. Las maderas están saltadas, las ventanas rotas, los accesos tapiados. "Por primera vez se hablaba en Cádiz de una ciudad de algo, luego veríamos otras ciudades arquitectónicas. Esta no fue ciudad ni fue nada", rememoraba el padre de la criatura, Rafael Otero.

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