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Una joya de rehabilitación

A la finca de Isabel La Católica, 19 se le considera el proyecto estrella de las recuperaciones de la Junta en el casco histórico.

Redacción

25 de septiembre 2011 - 07:35

El arquitecto Antonio Carrasco atiende a varias personas que se han acercado a las jornadas de puertas abiertas en la finca de Isabel La Católica, 19. No para de recibir felicitaciones aunque él, con una modestia real, y huyendo del elitismo que a veces acompañaba a este gremio, repite: "Lo importante es hacer las cosas bien y ser respetuosos".

Para muchos es la mejor rehabilitación que se ha llevado a cabo en el casco antiguo. Lo que hay es magnífico. Lo que hubo se puede ver en una maqueta que ha hecho un vecino.

La Junta ha invertido 1.150.000 euros en esta rehabilitación que supone un 60% del presupuesto total, mientras que el 40% restante lo ha invertido el propietario, Francisco Sánchez, que entre otros inmuebles es dueño de la Casa Lasquetty.

La entrada ya es la firma del proyecto liderado por Antonio Carrasco, que habla de la obra con la misma pasión que ha acometido esta rehabilitación. Y es que a lo largo del proyecto se han ido encontrando con elementos que habían quedado ocultos con las sucesivas actuaciones de los vecinos.

Por ejemplo, el mármol que ahora sirve de dintel del imponente portón de más de tres metros de altura se encontraba oculto tras unos ladrillos. La puerta de entrada es nueva, pero ha recuperado el estilo de lo que debe ser una casa del siglo XVIII como es esta. Encima el blasón en mármol que también ha sido limpiado y que sirve como escudo de la casa y como muestra de un pasado que fue brillante y un futuro que también pretende serlo.

La fachada ha recuperado la uniformidad y el estilo racional que debe tener, ya que antes de acometer la rehabilitación se habían abierto algunos huecos con pequeñas ventanas. Todas ellas estaban pintadas de verde mientras que ahora todas cuentan un tono marrón con madera iroko que ha venido a sustituir a la antigua teca de Birmania.

El patio es el alma de la finca, como siempre ha ocurrido tradicionalmente con la arquitectura mediterránea. Llama la atención el brocal que servía para sacar agua del aljibe, al que se le ha dado un protagonismo principal sacándolo casi del anonimato que tenía antes. Una de las sorpresas que encontraron cuando limpiaron con chorros este elemento es que dos de las caras estaban labradas con una leyenda del Hombre Pez Gaditano. Debajo sigue el aljibe con su bóveda, al que sólo se puede acceder desde una losa que está situada en el patio, aunque éste se ha secado para evitar los problemas de humedades que tenía anteriormente la casa.

Bajo el brocal el arquitecto ha dejado unas cuantas losas de la llamada Piedra de Tarifa, que era un elemento noble y que estaba situada en los laterales del patio.

Se ha cuidado todo al detalle, tanto que, por ejemplo, a dos de las viviendas a las que se accede desde el patio se le ha reducido la altura del suelo, ya que antes las cabezas de los vecinos quedaban muy cerca del techo.

El patio está flanqueado por varios arcos de medio punto apoyados sobre unas columnas de arenisca típicas de Salamanca. Este ha sido otro de los grandes descubrimientos ya que estaban pintadas con varias capas que ocultaban el material, tanto que en un principio se pensaban que eran de mármol.

Si se mira para arriba antes estaba el cielo. Ahora también pero con una claraboya de vidrio que sigue dándole la misma luz y además permitirá una mayor vida en el patio.

La iluminación también se ha cuidado y a lo largo de todo el edificio se han instalado unas lámparas cuadradas de estilo San Gregorio que le dan una gran vistosidad. En el patio, por su parte, se han instalado a ras de suelo unos pequeños focos que, según el arquitecto, hace que cuando el edificio esté iluminado gane aún más todavía.

Las galerías se han recuperado para el uso público, ya que estas habían sido ocupadas por los propios vecinos para ir ampliando sus viviendas.

En la tercera planta, a la que se puede acceder desde el nuevo ascensor que permite tener una mejor movilidad, a las casas había que acceder a través de unos pequeños escalones que ahora se han eliminado.

A la azotea por su parte se llega por un castillete que da a la zona destinada a tendedero y el resto puede ser utilizado como una gran terraza con unas impresionantes vistas a otras fincas como la Casa de las Cuatro Torres.

Antonio Carrasco afirma que se ha trabajado en plena sintonía con la empresa que ha ejecutado las obras, Volconsa, y con el jefe de obra, Rafael Ramírez, y el encargado, David González, mientras que su esposa María Dolores Cubiles y Ernesto Martínez han ejercido de aparejadores.

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