Historias de Cádiz Cuando los indultos no se exigían

  • l Los presos de la Real Cárcel de Cádiz solicitaron y obtuvieron un indulto con motivo de la proclamación de la Constitución de 1812  l Nuevo perdón con motivo del Centenario

Oratorio de San Felipe Neri, sede de las Cortes de Cádiz

Oratorio de San Felipe Neri, sede de las Cortes de Cádiz / Archivo

Hubo un tiempo en el que la concesión de indultos no era consecuencia de negociaciones, presiones  o intercambios políticos. El indulto era una medida de gracia que se otorgaba en determinadas ocasiones solemnes o para beneficiar a quien era merecedor de ello por su arrepentimiento y buena conducta.

Fue lo que ocurrió en nuestra ciudad en 1812 con motivo de la aprobación y proclamación de la Constitución elaborada por las Cortes de Cádiz.  Los presos recluidos en la Real Cárcel de Cádiz decidieron que se trataba de una ocasión solemne y acordaron enviar un respetuoso  escrito al Rey  Fernando VII implorando su perdón. 

Sin embargo, la Constitución no terminaba de proclamarse solemnemente.  Los diputados, reunidos en San Felipe, habían terminado la redacción de los últimos artículos el 23 de enero de ese año de 1812. Ese mismo día, el Ayuntamiento de nuestra ciudad felicitaba a los diputados mediante un solemne escrito en el que se decía: “ ¡Día grande para España! Día 23 de enero de 1812. Dichoso día. Inmortal será. ¿Quién lo duda? Todas las naciones trasmitirán de  generación en generación tu memoria y recordarán con respeto que el 23 de enero de  1812 fue la fecha feliz en que la mano del Congreso Nacional acabó la admirable obra de  la Constitución “.

Pero los diputados no se ponían de acuerdo para fijar la fecha solemne de la jura y proclamación de la Carta Magna y hasta algunos de ellos anunciaron su intención de no jurar obediencia a la misma. Por ello los desgraciados reclusos de nuestra cárcel decidieron no esperar más tiempo y el 4 de febrero de ese mismo año remitieron su escrito solicitando el indulto. 

En el sitio más horroroso, donde gimen sin consuelo ni esperanza una porción de desgraciados, donde solo habita el terror y la amargura y tiene asiento la pena y la miseria; donde solo se oyen lamentos, quejas y suspiros; a lo lóbregos  calabozos de la Cárcel ha llegado la voz más plausibles y el colmo de la alegría y el placer. 

Hasta ellos ha penetrado la noticia de haber concluido V.M la grande obra de la Constitución Española, obra que se mira como precursora de toda felicidad y como el Sol luciente que disipa la densa niebla de la arbitrariedad, despotismo y la intriga.

Esta multitud de infelices que gimen sin cesar, carecen de todo auxilio, son amantes de su Rey  y de su Patria. Esta porción de desgraciados se presenta ante el Trono augusto y felicitan a V,M. por la gran obra que ha consumado.

Señor, los infelices presos de la Cárcel esperan el alivio de V.M. y le suplican con el mayor respeto les conceda la Gracia que  V.M. tenga por conveniente”.

Al día siguiente, los diputados reunidos en  San Felipe aprobaron una proposición presentada por el diputado mejicano José Miguel Ramos Arizpe para que el día de proclamación de la Constitución se concediera un indulto extraordinario lo más amplio posible a los presos de la Cárcel de Cádiz.

Finalmente los diputados acordaron que la proclamación solemne de la nueva Constitución se llevara a cabo el 19 de marzo. Aunque algunos han creído ver en la fecha del 19 de marzo un gesto de oposición a las festividades previstas por el enemigo en honor del rey intruso, José Bonaparte, lo cierto es que las Cortes buscaron esa fecha para conmemorar el 19 de marzo de 1808, cuando la familia real española buscó refugio en Palacio  Real de Aranjuez   ante la presencia de las tropas francesas en Madrid y el pueblo asaltó el palacio  de Godoy  manifestando su preferencia por el que después sería Fernando VII.

Cien años más tarde, en 1912, con motivo de las fiestas del Centenario de las Cortes de Cádiz, los presos de las  distintas prisiones de España, encabezados por los del Penal de Cartagena, elevaron escrito al Rey Alfonso XIII solicitando otro indulto similar al concedido por su antecesor en el Trono. 

De nuevo en esa ocasión hubo indulto para celebrar una ocasión solemne y no como consecuencia de una imposición política.

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