Cádiz

Cuatro horas de libertad

  • La AVV de Loreto ha reanudado el programa de asuntos sociales · Ayudan a ancianos a salir a la calle dos días a la semana

Encarnación apenas sale de su casa. Vive sola y, además de otros achaques, la artrosis que tiene en una pierna le impide salir a la calle, a pesar de habitar un bajo y ayudarse de una muleta. "Sólo voy a hacer algún mandado por aquí cerca. A veces me ayuda alguna amiga. Pero el otro día que iba sola tuve que parar a una persona que no conocía para que me trajese a casa porque no podía seguir andando", comenta esta mujer de 80 años. Ella es una de las personas mayores que participan en el programa de asuntos sociales puesto en marcha por la Asociación de Vecinos Campo de la Aviación de Loreto.

Dos días a la semana, durante dos horas cada día, personal de la empresa Cuidados -contratada por la asociación de vecinos- ayuda a Encarnación a salir de casa y la acompaña a dar un paseo. "Voy a sitios que hace tiempo que no iba y que me gustan, como la Laguna o la Zona Franca. Y gracias a esta ayuda he podido conocer la avenida nueva. También aprovecho para comprar cosas que yo sola no puedo. Siempre estoy metida en casa y tengo ilusión de salir a la calle", expresa Encarnación, quien afirma que ella prefiere ir a la calle por las mañanas. "Por las tardes, lo que hago es sentarme en la ventana y veo pasar la gente. Así me entretengo".

Para ella, el que "una muchacha" vaya los miércoles y los viernes a sacarla a la calle a dar un paseo "es una cosa muy grande". Por eso, el tiempo que ha estado suspendido este programa por cuestiones económicas, ha echado de menos sus paseos.

Cuenta que ya se ha caído cuatro veces. Una de ellas fue por la noche y estuvo tirada en el suelo hasta las nueve de la mañana, porque no podía levantarse y no tenía a quién avisar.

Serafina también participa en este programa. Para ella, esta ayuda que le ha ofrecido la asociación de vecinos ha supuesto una pequeña liberación. Ha estado dos años y medio sin salir de casa, también por problemas de salud. Esta mujer no puede andar sola y vive en un segundo piso sin ascensor. Los martes y los jueves va una chica para dar un paseo con ella, pero tiene que ir acompañada de dos personas más porque Serafina va en silla de ruedas, y tienen que cogerla entre dos personas para bajarla a ella con la silla por las escaleras. A las dos horas, la vuelven a subir.

Cuando la asociación de vecinos le ofreció esta ayuda, Serafina en principio se opuso. Pero este año la ha aceptado y está muy contenta. La primera vez que salió a la calle después de dos años y medio, "no podía abrir los ojos de la claridad. Y estaba muy nerviosa, no podía ni hablar. Me veía impotente porque yo he trabajado muchísimo y ahora no puedo hacer nada", expresa esta mujer, que cuenta que ese día "la muchacha, lo primero que hizo fue llevarme a Madre Coraje para que me cambiaran la silla de ruedas, porque la que tenía estaba rota, y a la caja de ahorros. Aprovecho para hacer las cosas que no puedo hacer, como ir al banco o a la pescadería". Dice que ahora vive con la ilusión de que al menos puede salir a la calle dos días a la semana "y me da el aire, porque llevo dos años y medio encerrada".

Francisca es una de las ancianas que más tiempo lleva beneficiándose de este servicio. Tiene 83 años, vive sola y a veces el ánimo se le viene abajo. Se quedó viuda "hace 15 ó 16 años", le recuerda su vecina y amiga Dolores. Porque a Francisca de vez en cuando le falla la memoria. Y está muy limitada físicamente. Cuenta que necesita ayuda porque se cayó en el cuarto de baño y tuvieron que operarla para ponerle una prótesis en la rodilla. Ahora anda con la ayuda de una muleta. También se le están deformando las manos por culpa de la artrosis. "No puedo ni fregar ni hace la comida ni nada. Por las mañanas viene una mujer que me hace la casa, pero a veces no le da tiempo de hacer la comida y tengo que comer en la calle", expresa. Dolores también le ayuda mucho y le hace los mandados.

Los lunes y los jueves, Manuela, de la empresa Cuidados, la recoge en su casa y la acompaña a dar una vuelta. Lo primero que suelen hacer es "tomar un cafelito" y después "vamos dando un paseíto por la sombrita". Afirma que gracias a esta ayuda que le ha ofrecido la asociación de vecinos, ha podido conocer la avenida Juan Carlos I. Y está muy agradecida, pero le sabe a poco. "Me gustaría que viniese más tiempo y más días, porque yo estoy muy contenta con Manuela", señala Francisca. Manuela afirma que a ella también le gustaría poder ayudarla más, porque esta mujer "necesita distraerse y hay que aprovechar esta época, que está el tiempo bueno".

Manuela lleva poco tiempo en la empresa y manifiesta que esta experiencia de trabajar con los ancianos le parece muy bonita "porque veo que con mi ayuda van tirando para delante y les doy ánimos. Además, a mí también me aporta porque aprendo de los consejos que me dan las personas mayores".

El problema está en que este servicio acabará a finales de verano, cuando se termine el presupuesto que la asociación de vecinos tiene destinado para ello. Es una pena que la falta de dinero acabe con una ayuda que supone un respiro y un rato de libertad para estas personas que viven encerradas en sus propias casas.

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