Solidaridad Los fríos veranos de Lala Kauri

  • El programa 'Vacaciones en Paz' permite a niños saharauis pasar el verano lejos del desiertol Salam-Paz mantiene desde hace décadas su compromiso de solidaridad con este pueblo

Lala Kauri junto a sus padres de acogida, Lola y Luis. Lala Kauri junto a sus padres de acogida, Lola y Luis.

Lala Kauri junto a sus padres de acogida, Lola y Luis. / Joaquín Hernández 'kiki'

Lala Kauri viene a España a pasar las vacaciones. Aún es pequeña, tiene 12 años, pero a la pregunta sobre su procedencia responde con empeño señalando la bandera gigante de la sede de Salam-Paz, en la calle Santa Inés. Normalmente vive en un campamento rodeado de arena y piedra, en pleno Sáhara. El cambio de realidad entre su desierto y Cádiz es señal suficiente, incluso para un niño, de que la situación que vive en el continente africano no es la idónea. No tiene todos los detalles, pero sabe de manera abstracta que su futuro depende de la lucha que el Frente Polisario -movimiento de liberación del Sáhara Occidental- desarrolle contra Marruecos por la independencia de un territorio que durante buena parte del siglo pasado perteneció a España.

Marruecos reclama la totalidad de su territorio desde 1979, hecho que obliga a las familias saharauis a vivir en torno a la frontera con Argelia, en campamentos de refugiados con nombres de sus provincias legítimas. El de Lala se llama Ausserd y su pueblo, dentro de ese conglomerado gigante de campamentos, Lagüera. Detalles que pretenden imponerse en el terreno emocional al calor -sufren temperaturas que llegan hasta los 50 grados-, la escasez de alimentos -viven gracias a la ayuda internacional-, y la falta de agua y luz -apenas si existe electricidad y el agua es suministrada por camiones cisterna-. Pero Lala es una niña, y los niños tienen la capacidad de olvidar.

La crisis no ha evitado que el número de niños saharauis que vienen a Cádiz disminuya

Como la de olvidar que huye por dos meses del desierto para venir con Lola Pérez y Luis Escudero, sus padres de acogida. Lola está en el paro y Luis aporta a la economía familiar el escaso sueldo de un basculista. Forman parte de una legión de familias lastradas por la crisis, pero su "querer practicar la solidaridad" hace que Lala pueda volver por segunda vez consecutiva a Cádiz y disfrutar de un verano con mar y temperaturas más benignas. Y como el desempleo no parece un impedimento para ellos, tampoco para el resto de gaditanos, que mantienen la acogida de 19 niños saharauis en la cifra final de 19 niños. Detrás de todo esto está "la necesidad de hacer lo correcto", decía Luis. Y el boca a boca, apuntan los demás

"Nosotros aportamos nuestro cariño propio, porque se entiende que el cariño de sus familias ya lo tienen", se compadecía Lola. Y aludía al programa de 'Vacaciones en Paz' como una "puerta a su libertad", a la de Lala y a la de sus compatriotas. Aunque es Lola quien más se emociona hablando de la pequeña saharaui. Y eso se nota: cree que en el horizonte está la independencia del Sáhara Occidental y una vida normal para Lala y los demás niños y sus familias. En todo caso, dicen "no querer meter el dedo en la llaga y hablarle de política", refiriéndose a "su niña", que "es como mi sobrina", concluía Lola. Conocen las cifras de niños saharauis que vienen a Cádiz, pero su pensamiento final es que "se debe tratar más el problema que tienen en el Sáhara".

Lala tendrá que volver a finales de agosto, pero quisiera paralizar su vida en un eterno verano 'frío'.

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