Las evidencias del caso número 3
Unos 30 forenses de toda Andalucía se reúnen en la Facultad de Medicina para participar en el seminario 'La anatomía Patológica Forense en la Muerte Violenta', donde se exponen y analizan casos prácticos
Caso número 3. Mujer mayor que vive sola en su casa es hallada muerta con signos de violencia. Era una persona que no abría a nadie que no conociera y la puerta no había sido forzada, por lo que se sospecha de la gente cercana, en concreto de un joven vecino con antecedentes policiales pero no hay ninguna prueba que lo incrimine.
En la cabeza presentaba dos contusiones paralelas y por la herida que ha dejado se ha producido con un objeto alargado y romo, posiblemente una barra cilíndrica de cierto peso. Pero algo no pasa desapercibido para el forense: presenta lo que se llama ojos de mapache, es decir, moratones en toda la parte alrededor de los ojos. Eso ocurre cuando no se muere inmediatamente sino que ha tenido un recorrido de supervivencia y además tiene la lengua un poco fuera.
¿Cómo fue el crimen? La hipótesis que barajó el forense es que el individuo accedió a la casa sin problemas porque conocía a la finada y le golpeo la cabeza con la barra que, por cierto, fue hallada en un contenedor. Después de robar diversos objetos y cuando estaba a punto de marcharse, la mujer gritó, pese a que él la daba por muerta. Giró sobre sus pasos, se puso encima y le puso la mano en la cara para asfixiarla.
La policía consiguió con todos estos datos acerca de la reconstrucción del crimen que el sospechoso confesara. Cuando le contaron cómo lo había hecho, éste les dijo que habían tenido que ir a un vidente para saber tanto.
No hablamos de las americanadas de CSI ni nada por el estilo. Es la vida real. El caso 3 ha ocurrido y fue relatado en la mañana de ayer por José Aso Escario, médico forense, especialista en neurocirugía y jefe de esta última unidad en el hospital MAZ de Zaragoza en el transcurso del seminario 'La anatomía patológica forense en la muerte violenta. Traumatismos y asfixias' que se celebra desde ayer en la Facultad de Medicina de Cádiz. Este se encuentra organizado por el Instituto Andaluz de Administración Pública y tiene como director a Agustín Sibón Olano, jefe del servicio de Patología Forense del Instituto de Medicina Legal de Cádiz.
En este seminario participan 30 forenses de todas las provincia de Andalucía y en el mismo se trata de poner al día los últimos avances y técnicas que tienen estos especialistas para ayudar a las investigaciones judiciales.
En este sentido, se va a abordar dentro de la anatomía patológica forense los distintos tipos de muertes con casos reales para ver las distintas posibilidades que tienen para abordar los casos. Por ejemplo, José Aso habló sobre los traumatismos craneoencefálicos, pero también se iba a abordar el de los raquimedulares, las heridas por arma blanca, por las de fuego, la ahorcadura y estrangulación, la sumersión, la sofocación, la asfixia química y la postural, entre otras cuestiones.
Agustín Sibón relató ayer a este periódico que se están produciendo muchos avances en este campo. Sin ir más lejos en Cádiz se han introducido las técnicas de radiología digital que les permite dar un mejor servicio y mejorar además la comunicación entre los expertos. Como recuerda, ya han quedado muy lejos las autopsias que se hacían en cementerios prácticamente sin medios y que eran más propias de épocas lejanas.
Sibón asegura que ahora mismo en su campo lo que se está apostando es por la especialización en cuatro grandes áreas: medicina clínica forense, patología forense, otra de violencia de género y la psiquiatría forense.
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