Música

El latido de la tierra

  • Niña Pastori y Antonio Carmona desbordan Sancti Petri en la cita hasta ahora más multitudinaria del Concert Music Festival

Un espectáculo de la raíz a la masa Un espectáculo de la raíz a la masa

Un espectáculo de la raíz a la masa

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Decía hace años en una entrevista Niña Pastori que a ella el cante jondo le ponía los pelos de punta, pero que prefería tener a 30.000 personas bailando y cantando en un estadio que a 30 en una peña. No fueron tantas pero sí suficientes, el aforo completo de más 5.000 almas y 2.500 plazas de aparcamiento, para desbordar las previsiones del Concert Music Festival de Sancti Petri. La niña de La Isla y Antonio Carmona, juntos pero no revueltos, brindaron por Cádiz con su latido de arte en un concierto masivo y único, en el sentido de irrepetible.

El dúo puso a prueba la capacidad del recinto que acoge el evento veraniego tras el exitoso concierto del pasado año en el Starlite de Marbella. Cierto es que este rincón chiclanero no puede competir en proyección -por ahora- con la localidad de la Costa del Sol, pero consigue latir tan fuerte cuando la música se apodera del ambiente que más que poblado pareció metrópoli de la fusión y el talento.

Se hizo aún más grande el corazón de la tierra de Cádiz con la actuación de Antonio Carmona. Su último álbum en solitario, Obras son amores, protagonizó hora y media de mucha marcha y canciones como Mencanta o Gitana tú, con leves concesiones al legado de Ketama y apoyo familiar en la voz de su hija Marina y su sobrino Juan Carmona Jr.

Luego llegó “la jefa”, como la denominó su predecesor, la que bien sabe bombear el ritmo cardíaco de uno de los suelos sagrados de la creatividad. Vestidito amarillo de lunares conjurando cualquier mal fario, angelitos en su poderosísima voz y brisa nueva en la trenza de su pelo. María, la Niña Pastori, entró como un vendaval ya pasada la medianoche para demostrar otra vez por qué gusta a viejos y jóvenes y viaja de lo puro a lo mestizo sin nunca desfallecer.

Pastori se puso latina para preguntarle a su público Dime quién soy yo y redescubrió en el verano eterno de la música ese Amor de San Juan del que se ha cumplido ya una década, diez años menos de los que lleva la cantante y compositora gaditana pisando firme en la pasarela de las grandes figuras del espectáculo. Casi en un suspiro recorrió su extensa discografía, alternando la fiesta de Puede ser con el recogimiento de Cuando nadie me ve, para mayor gloria de su padrino musical Alejandro Sanz en, quizá, una de sus letras más perfectas y arrebatadoras, sin dejar, por otra parte, de hacer guiños continuos al sur al que nunca dejó de mirar a pesar de ser internacional.

“¡Ya estamos aquí!”, proclamaba Niña Pastori cuando todavía había público que no había accedido al recinto debido al atasco monumental que se formó en la entrada de Sancti Petri. Un paisaje para contemplar los más bellos atardeceres si no fuera porque la música no espera a que se haga de noche para cautivar los sentidos. El espectáculo debía continuar y bullía la prisa por disfrutar.

María impulsaba los ánimos contando que “vivo aquí al lado, millones de veces he paseado por este poblado, un sitio espectacular donde se hicieron las fotos para mi disco No hay quinto malo”, y crecía aún más fuerte con los suyos entre bambalinas, los de latido y sangre y los que se desgañitan cantando sus canciones, al borde del escenario. Su familia. “¡Qué buena voz tiene usted señora!”, le contestaba la artista a uno de los mil gritos de amor espontáneo que provenían de todos los rincones del recinto. “¡Cómo se nota que es usted de ‘Cadi Cadi’!”, sentenció. Aquí todo puede pasar porque cuando Cádiz se desborda de arte ya nada queda, solo dejarse llevar.

Pastori meció las estrofas en Desde la azotea y Ya no quiero ser, arrebató el sentío con Cariño mío para meterle retazos del Ni más ni menos de Los Chichos y reventó por bulerías con Qué pena para continuar bendiciendo la noche con aroma de Santo Romero. Aunque el latido de la tierra, de su tierra, no languideció apenas tras ese interludio flamenco. Válgame Dios la convirtió en improvisada profesora de canto de su animada audiencia: “Parece fácil esta canción pero rematar es lo más complicado, como remates malamente esto no vale na”, explicaba la cantaora. “¡Cualquiera te coge, eres muy grande!”, se la devolvía el respetable.

Y estalló el delirio con el tú a tú, la mención explícita, el pulso del hogar. María se confesaba al asegurar que “me encanta mi tierra, aquí soy feliz” y se enorgullecía cuando sacaba a sus niñas al escenario, el relevo generacional, el latido ingente que ha sido en parte responsable de la gestación del disco Bajo tus alas, “un tema super especial, hecho por una niña que no canta flamenco pero escribe cosas preciosas, que posee un corazón gigante, mi Pastora”, exclamaba emocionada.

“¿Seguimos, no?”, daba por hecho Pastori afrontando el estallido final del latido sureño en su garganta y De boca en boca. Presentó a su banda desde el triángulo perfecto Cádiz-Madrid-Cuba y sacó por bulerías a todas sus jarcas, Pastora madre incluida, - “Graciar por querer tanto a mi niña”, decía-, para hervir la última gota de sangre que dé vida al latido hasta la próxima vez que la de San Fernando se encuentre con esa otra familia, el público, su centro. “Viva La Isla, Jerez, El Puerto, Sanlúcar, Grazalema… Viva esta tierra y ¡viva Cai! El broche de oro, el himno oficioso y sentimental de estos lares que se ha convertido en talismán de su repertorio, la lágrima viva que corre en mejillas propias y ajenas. La tierra late fuerte al compás de María y hace suyo ese orgullo de niña y dos horas y media de disfrute de artista.

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