Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
Entrevista de Cerca | Ángel Guisado. Historiador
Sin pelos en la lengua, Ángel Guisado (Cádiz, 1969) es un hombre firme en sus convicciones y en sus ideas basadas en una amplia formación y en su ansia por el comocimiento. Una de sus pasiones es la historia, gracias a la que nos dio a conocer a Cayetano del Toro.
–¿De dónde le vino su interés por la figura del que fuera alcalde de Cádiz?
–A mí siempre me ha gustado mucho la historia. Esa ha sido mi vocación natural y, en concreto, los dos períodos históricos que más me llaman la atención son siglo XVIII y XIX, cada uno por unos motivos. Por mentalidad filosófico-política yo me encuadraría o me identificaría con los postulados liberales del XIX, nada que ver con los liberales de hoy. Una sociedad emprendedora, muy consciente del esfuerzo, del trabajo, libre pensadora, con una idea del progreso del conjunto, de ir derribando las antiguas limitaciones para pasar a una sociedad más libre y justa, más igualitaria. Cayetano del Toro es quizás el representante más claro y práctico de lo que fueron aquellos postulados en el XIX. Siempre he dicho que Cayetano del Toro era uno de los miembros de ese gran grupo que hubo pero, por circunstancias extraordinarias de él, fue el que más destacó. Por mis hijos también pensé que ellos, la familia Del Toro y la sociedad tenía derecho a saber lo que había y aprender la lección.
He aprendido mucho con la figura de Cayetano del Toro, ver que estaba enfrentándose a los mismos problemas en una situación también muy complicada y que había cosas que se podrían poner en marcha hoy perfectamente.
La generación de Cayetano del Toro se quedó tapada por el primer tercio del siglo XX español. La república por la república y el franquismo porque era franquismo pero este tipo de personajes que eran interesantísimos quedaron en tierra de nadie porque no eran mártires de ninguno y sigue siendo así.
–¿Los gaditanos somos conscientes de la huella que dejó Cayetano del Toro en la ciudad?
–Desde el urbanismo actual (aunque evidentemente la explosión en 1947 arrasó San Severiano) el gran movimiento y la gran transformación urbanística hacia Puerta Tierra fue de su tiempo. El monumento más emblemático que hay en Cádiz es el de la plaza de España, el monumento a Las Cortes. Esa fue una reclamación suya y aunque no la vio, venía desde 1812. De hecho existe un proyecto en 1813 que nunca se llegó a ejecutar. El que Cádiz fuera un símbolo del constitucionalismo, aunque desgraciadamente ahora no lo es, con la Constitución de Cádiz. Cuando en 1908 quiere empezar a mover las cosas para el centenario, hay gente que no quiere hacerlo. Hay una carta de Moret a Cayetano del Toro en la que le contaba quién era el que se oponía a que se le diera demasiado cuartelillo a los actos el centenario. Alfonso XIII no porque Fernando VII hizo un papel lamentable. La Iglesia no porque estaba peleada con el gobierno liberal. El Ejército no porque estaba con el rey . El centenario lo impulsó él. No pudiéndose celebrar en el primer centenario todo lo que se pudo, ha quedado más legado que en el bicentenario, teniendo en este más medios. Se consiguió que el Oratorio fuera monumento nacional, que se ha perdido; se hizo el monumento de las Cortes, el Museo de las Cortes con la maqueta. Cádiz ahí tiene un filón que no explota.
–¿En esta política sobreviviría una persona como él?
–No. No hay una figura como él porque desgraciadamente los líderes políticos ni son líderes, ni son políticos. Yo entiendo que el político es aquel que se encarga de la cosas de todos, de la polis, y los partidos no están montados para el bien común sino que son corporaciones de intereses que no tienen nada de democracia interna porque no se atreven a tenerla y defienden intereses de una manera muy torpe. Nos sorprendemos que en Estados Unidos existen los lobbys detrás de los presidentes pero allí se juega con las cartas encima de la mesa. Aquí estamos funcionando igual sin saber realmente quién está detrás y sin ninguna capacidad de acceso a tus representantes, que es el principio de la democracia. Si el partido es el que le da de comer, olvídate de la democracia. Tenemos lo menos malo dentro de lo que hay pero no es lo que debería ser ni soy optimista.
–¿Ha habido una perversión de la democracia hacia la partitocracia?
–Claro. De una parte el sistema democrático se ha pervertido hacia la partitocracia y a su vez ha pervertido la división de poderes. La democracia cada vez es más débil por culpa de la falta de formación e información de la población y, por otra parte, no hay líderes solventes. Los representantes políticos responden a sus partidos y no a los representados.
–Usted ha tenido un pequeño escarceo en la política de unos pocos meses en Ciudadanos pero acabó desencantado. ¿Fue un poco ingenuo con la concepción que tenía de la misma?
–Yo jamás había estado afiliado a ningún partido político ni sindicato porque no creo en la disciplina de partido. Yo entiendo que cada uno tiene su opinión y dentro de un grupo tendrás que convencer al resto o no y, si tienes razón, la propuesta va adelante y si no es buena o no has sabido explicarla, pues no sale. Lo que no acepto son posturas corporativas, el sí porque sí.
¿Por qué me afilié a Ciudadanos? Ahí duré dos meses y medio. Yo tengo amistades en otros partidos y teniendo en cuenta que hoy en día no hay ideologías, salvo algunas poses o puestas en escena extremas, aquí estamos hablando de tipos de gestión. Dentro de las tres opciones en las que yo me podría encontrar relativamente cómodo (PP, PSOE y Ciudadanos) yo aportaría las ideas que saliesen y, además, en igualdad. Igual que si Vox o Podemos me pregunta por algo, les voy a decir lo mismo en lo que, en mi humilde opinión, cómo deberían ir las cosas.
Lo que pasó en las últimas municipales en Ciudadanos es que los cinco primeros de la lista los conocía además con amistad personal. Yo confiaba en que iba a formar parte de un equipo para aportar ideas. ¿Cuál es la ingenuidad? Pensar que un partido que habla de regeneración y de no hacer las cosas como las hacía el resto, tenía los mismos tics.
Segundo que a la primera ocasión en la que hay dudas entre seguir lo que dice el partido y cuál es el interés de Cádiz, defienden la postura del partido. Y si luego te encuentras en la primera asamblea a la que uno asiste y entiendes que aquello es peor que una peña... No quieren gente que piense sino adeptos y yo no lo soy.
–Usted es activo en lo que se llama la sociedad y forma parte del Ateneo y de su junta directiva. Desde fuera este tipo de entidades se ve como algo de otros tiempos. ¿Realmente qué es lo que aportan?
–Todas las instituciones han tenido que vivir su propia transición en España. Aquí había muchos gurús o dinosaurios a los que les ha costado mucho trabajo soltar el tema. La biología también va haciendo su trabajo.
En el caso del Ateneo, en concreto, Ignacio Moreno ha sido muy buen presidente, posiblemente pasará a la historia como uno de los mejores presidentes del Ateneo porque supo con mucha paciencia y cabeza hacer esa transición. El Ateneo objetivamente es la entidad que más actividades culturales desarrolla en Cádiz con fondos propios. Existen algunas subvenciones para algunas cosas pero la entidad la mantienen los socios. El primer objetivo era que no desapareciera, el ir metiendo nuevas tendencias y ahora está en otro momento y es el de la revolución tecnológica, no sólo por la epidemia, sino que había que dar unos saltos de mentalidad. Una estructura que era muy eficaz en el siglo XIX, ahora los fines siguen siendo los mismos. Al Ateneo entra o puede exponer sus ideas quien quiera, que es una cosa que en Cádiz no se sabe. Se tiene como una entidad muy lejana y no es cierto.
–¿Cómo ve a Cádiz como sociedad?
–Por una parte resignada. Se vive con el recuerdo de la sociedad esplendorosa del XVIII-XIX pero no se tiene valor de hacer lo que corresponde para mantener ese legado. No siempre se le puede echar la culpa al de fuera. Por una parte resignada en ese sentido, “qué pena de nosotros” y todo lo arreglamos con una copla y con que el Cádiz suba a Primera, que está bien, pero no es lo que se necesita. Desgraciadamente está muy distraída de las cosas importantes.
–¿Desinterés?
–Pero por ignorancia.
–¿Nos miramos demasiado el ombligo?
–Sí, pero eso es un mecanismo de defensa, da mucho vértigo ver que podría ser otra cosa. Si dices en tu casa que eres el mejor del mundo, nadie te lo va a discutir porque no sales a jugar con nadie, pero en el momento que salgas y tienes que competir, entonces ya te tienes que esforzar y tienes que ser autocrítico. Falta autocrítica.
–Tiene un amplio abanico de cofradías a las que pertenece.
–Por herencia familiar a la Humildad y Paciencia. También soy teniente de hermano mayor en la Santa Caridad, lo que es equivalente a vicehermano. Luego por herencia del lío de don Cayetano: Nazareno, Buena Muerte, Ecce Homo y Soledad de Santo Entierro. Y por ayuda a un amigo, hermano del Perdón. Para mí la fe es algo privado y las cofradías tienen una parte de vida comunitaria que está muy flojita en general, una parte de sostenimiento de un patrimonio y una acción social que hay que mantener. En la medida de las posibilidades intento ayudar. Si me pregunta de cuál soy, le diré que de todas y de ninguna.
–A usted la palabra cofrade no le hace gracia.
–Es que no me identifica. Entiendo la religiosidad popular en una parte como una manera de vivir la fe y en otra como parte de una tradición histórico-cultural. En el momento en el que se subraya demasiado la parte externa o accesoria de como se vive esa fe, no me siento cómodo.
–¿Su concepto es que esa fe se debe vivir hacia el interior?
–Que lo exterior debe reflejar lo interior. El primer paso no puede ser lo externo.
–Usted es un experto en la masonería y de hecho cuenta con un máster sobre esta materia.
–Mi interés surgió de joven al estudiar la Constitución de 1812 y si era cierto el mito de la influencia de la masonería. También por saber más sobre los fundadores de la Santa Cueva. Estando en Madrid de estudiante conocí a una familia judía y que el padre era masón. Me explicó ciertas claves del tema. A partir de ahí, empecé a estudiar e investigar sobre el tema.
–Y una vez que lo ha conocido de cerca, ¿qué se ha encontrado de cierto y qué es una leyenda?
–Hay demasiados mitos y no sólo por culpa del franquismo. La masonería española se separó del estándar internacional a fines del XIX, cuando empezó a opinar de política y religión y traicionó a los principios de la masonería. Ahora trata de buscar su rumbo pero le faltan referentes y tradición. En Reino Unido o en Estados Unidos ser masón es una garantía de ciudadano comprometido y correcto.
–¿Y tenían tanto poder como se les atribuía?
–No. El poder en todo caso era de cada individuo. Jamás de la organización. A mí me interesa mucho la historia de la masonería gaditana del XVIII. Es preciosa. Los ilustrados, Santa Cueva, Haydn, liberales... Fuera de España se sorprenden de la mala imagen de la masonería. Esta la prohibieron todos los totalitarismos: fascismo y comunismo. Pero eso venía también desde más atrás porque a finales del siglo XIX la Iglesia condenó otra vez a la masonería por la unificación de Italia. La pelea por la educación, el no monopolio del culto católico, etcétera, hizo mucho daño. Cádiz fue especial en ese sentido. Desde el XVIII hubo más flexibilidad gracias a los comerciantes extranjeros y fue el caldo perfecto para la masonería, como lo fue también para las ideas ilustradas o luego para el krausismo...
Con formación marianista y jesuita, este gaditano con antepasados vascos y extremeños es un culo inquieto en cuanto al conocimiento . Estudió Derecho en la Universidad Pontificia de Comillas, pese a una primera vocación náutica. Actualmente ejerce en la Junta de Andalucía como técnico y auditor en calidad, medio ambiente y prevención de riesgos laborales. Por la tarde es archivero y bibliotecario en la Fundación Joly, donde puede dar rienda suelta a su gran pasión, la historia. Gracias a ello Cádiz pudo conocer a fondo la figura de un gran alcalde como fue Cayetano del Toro y también mucho de la masonería gaditana. Con una clara vocación americanista, es el director de la filial del Instituto O’Higgins en Cádiz. Es un gran aficionado a la música clásica.
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