"Mi hijo me dijo: oigo voces por la noche; es el diablo que me dice: mata, mata..."
La madre del acusado de intentar matarla a ella y después asesinar a su tía lo exculpa: "No era él; era como un zombi, con la cara desencajada; parecía que obedecía órdenes"
"Yo jamás haría daño a mi familia. Y eso lo tengo yo muy claro y muy presente", le respondió ayer A.P. al presidente del tribunal del jurado, Juan Carlos Campo, cuando el magistrado le preguntó si se declaraba o no autor de los delitos que le atribuye el fiscal: de haber intentado matar a su madre y de haber asesinado poco después a su tía. El crimen ocurrió la madrugada del 27 de marzo de 2011 en la calle Barbate, en la barriada de La Paz, en el domicilio familiar. Un jurado comenzó ayer en la Audiencia Provincial de Cádiz a juzgar al sobrino e hijo de las víctimas. La que sobrevivió al ataque, la madre del procesado, exculpó a su hijo. Dijo que en ese momento no era él, que parecía "un robot", una "máquina de matar". Que parecía, en fin, que "estaba obedeciendo órdenes".
Órdenes. ¿De quién? La mujer se explicó. "Mi hijo llevaba varias noches hablando solo, gritando. Yo le oía decir: que no, que no lo hago; tú estás loco, ¿cómo voy a hacer yo eso? Yo le preguntaba: ¿con quién hablas? Y él me decía: con el tío este, con el tío este. Pero, ¿qué tío?. Con el diablo, que me dice que mate".
Previamente, A. había comentado, al responderle a su abogado, que no era normal lo que le pasaba. Que no eran normales las cosas que veía: que se movía el sol, que se movía la luna. Y que oía cosas: que tenía como ruido en su cabeza.
También previamente, el fiscal le había dicho al jurado, durante la intervención inicial con la que la acusación y la defensa fijan posiciones, que A. es un simulador. Que tenía vinculaciones con el mundo de la droga, que consumía cuando mató a su tía, pero que "sabía lo que estaba haciendo y que hizo lo que quiso hacer". Cuando ingresó en prisión, agregó el fiscal, le hicieron un seguimiento. Y no ha necesitado tratamiento alguno. Ni por problemas de drogas ni por problemas psiquiátricos.
El abogado defensor había dicho, en cambio, que A. no tenía un comportamiento normal y que si fue él quien mató a su tía, lo que aún está por probar, no actuó con pleno conocimiento de lo que estaba ocurriendo. Para ilustrar al jurado acerca del descontrol mental de A., el letrado explicó que él era el quinto abogado del turno de oficio (justicia gratuita para quienes tienen escasos ingresos) que se hacía cargo del asunto. Que los anteriores habían renunciado porque A. se negaba a colaborar en la defensa.
Tras esas intervenciones iniciales de la acusación y de la defensa, el fiscal interrogó al procesado. A. explicó que residía con su madre y con su tía. Y que su relación con ambas era buena. Que a su tía la quería como a una madre. El día del crimen, contó, salió, estuvo por ahí tomando drogas (cocaína y otras) y regresó a casa. "La droga que me dieron ese noche no sería la habitual", apuntó tras responder varias veces a distintas preguntas que él no le haría daño a su familia.
El fiscal le recordó que cuando fue detenido, horas después del crimen, se negó a colaborar, a someterse a una serie de pruebas para saber si había tomado drogas. A. aseguró que él no se negó. Y el fiscal acabó por enseñarle su declaración y el documento en el que consta que sí se negó. También se lo mostraron al jurado.
La madre de A. declaró a continuación. La mujer aseguró que su hijo quería a su tía con locura. "Y a mí también", añadió. Relató que su hijo andaba muy nervioso los días anteriores al del crimen. Que no sabía lo que tomaba, que se metía en su cuarto y oía música, "los carnavales".
El día de la agresión llegó a casa de madrugada, hacia las cuatro. Ella estaba en el baño. Él abrió la puerta. Y comenzó a pegarle. "Tenía la mirada perdida, la cara desencajada. No era mi hijo. Yo alucinaba de que fuese mi hijo. Me dio golpes por todos lados. Yo no me podía creer que era mi hijo. Me imagino que en ese momento oía esas voces que le decían: mata, mata, mata...".
La tía del procesado, Sofía Sastre Pérez, se despertó. Se acercó al baño y logró que A. dejase de pegar a su madre y se lo llevó a la cocina, contó ésta ayer. La madre de A. salió de la casa y se refugió varios pisos arriba, en un rellano.
Sobre lo que sucedió después da cuenta cómo fue hallada la víctima mortal. En el suelo de la cocina, con la cabeza destrozada, en un gran charco de sangre.
Al finalizar su declaración, la madre de A. le preguntó al magistrado si podía besar a su hijo. Podía. Le dio dos besos. Luego, camino de la puerta, se volvió hacia él y le dijo: "A., tranquilo".
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