La difícil relación Podemos-PSOE

crónicade san juan de dios

Gestión municipal. El PSOE tiene que hacer un ejercicio de equilibrismo absoluto en su labor de oposición

El portavoz socialista, Fran González, en una intervención en el Pleno municipal del viernes.
El portavoz socialista, Fran González, en una intervención en el Pleno municipal del viernes. / Jesús Marín
Melchor Mateo

02 de julio 2017 - 02:09

2el portavoz del Partido Popular, Ignacio Romaní, bautizó hace ya algún tiempo al alcalde José María González (Por Cádiz sí se Puede) y a Fran González (portavoz del PSOE) como el dúo Pimpinela. Estos eran unos argentinos que cantaban temas de amor/odio pero al final no dejaba de ser un teatrillo, una escenificación. El propio Romaní concluyó en el Pleno municipal del viernes preguntándole directamente a los socialistas que si tan mal lo estaba haciendo el equipo de gobierno, para qué seguía sosteniéndolo. Y es que la actitud del PSOE durante estos dos años ha sido la del palo y la zanahoria. A veces aprieta y aprieta y en otras ocasiones es la tabla salvavidas de un equipo de gobierno cuando nadie lo espera.

Fran González lo dijo desde la primera noche que se celebraron las elecciones: "Los ciudadanos nos han puesto en la oposición y ahí vamos a estar". Con esta frase cerraba cualquier posibilidad de entrar en el gobierno local, pese a que algunas voces en el partido de Gaspar del Pino consideran que se habría tenido que dar ese paso por el bien de la ciudad.

Una vez despejada la primera de las incógnitas, la segunda fue la de apoyar en su investidura a José María González y desalojar del poder al Partido Popular, lo que justificó el propio Fran González como una oportunidad que se le daba a Podemos para que pudiera cambiar el rumbo de la ciudad, tal y como había anunciado.

Sin embargo, ese ejercicio de equilibrismo ha sido siempre muy complicado de justificar. Si tumbaba en compañía de la oposición determinados temas esenciales para la ciudad, como los presupuestos municipales, formaba parte de una pinza a ojos de los podemitas, que vivían en una especie de esquizofrenia ante una especie de pacto oculto entre populares y socialistas y que elevaban a nivel de conspiración hasta que vieran a concejales de uno y otro bando tomando un café en San Juan de Dios.

Si lo que hacía era tomar el camino contrario, respaldar al equipo de gobierno como hizo en el asunto de la remunicipalización, desde los otros partidos de la oposición le acusaban de ser una muleta. Al final las piedras le llueven desde casi todos los sitios.

Podemos ha tenido desde hace dos años pocas ganas de que el PSOE y cualquier otro partido les echara una mano, en algunos momentos, incluso con un poco de soberbia. Pero en ese período de aprendizaje que han tenido, se han dado cuenta que la opción más inteligente también era la de ofrecer concesiones. ¿Que si el PP pide una serie de condiciones para dar el voto afirmativo al bono social eléctrico? Pues se conceden y al final se saca el objetivo principal que no es otro que la medida concreta.

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Y este proceso se realizó con una lucha descarnada en el PSOE a nivel nacional hasta que regresó el rey destronado, Pedro Sánchez, por el que el portavoz socialista gaditano había realizado una especie de apuesta al todo o nada que le ha salido bien. Sánchez no ha disimulado desde el principio un coqueteo con Podemos a nivel nacional que habrá que ver qué alcance tiene al final. En lo que se refiere a lo local, la situación sigue igual que hasta ahora, es decir, el equilibrista sigue caminando por un cable para unos y es Pimpinela para otros.

Un par de socialistas consultados por este periodista decían hace unos días que no le hubiera gustado estar en el pellejo de Fran González en este mandato, aunque también valoraron el hecho de que con menos concejales que nunca se tiene la mayor posibilidad de influencia directa desde que Teófila Martínez les arrebatara la alcaldía en 1995.

De todos modos ambos quisieron separar lo que se produce a nivel nacional de lo que hay a nivel local, donde ese coqueteo en Cádiz se produce más por obligación que por devoción.

En el último Pleno municipal los socialistas escenificaron el descontento con la labor de gobierno de Podemos y, sobre todo, con muchos acuerdos ejecutivos que se habían aprobado por la corporación en estos meses y que se seguían sin saber nada de ellos. Desde el PSOE se quería hacer ver que había ineficacia por parte de los actuales gobernantes.

Ni siquiera en el PSOE hay una línea monolítica de lo que se debe hacer. Entre su electorado, según una encuesta de Podemos, había una cierta división entre los que consideraban que si ahora se celebraban unas elecciones y hubiera que pactar, con quiénes debían hacerlo.

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