Cádiz

El difícil control del legado privado

La marcha de la ciudad o el fallecimiento de la burguesía gaditana, ya casi totalmente desaparecida, ha dejado un rico patrimonio inmobiliario que en muchos casos se ha ido perdiendo por la falta de recursos o de interés de sus herederos, buena parte de ellos sin lazos afectivos con Cádiz.

En los últimos años se han dado casos de palacetes de la ciudad que han sido vaciados totalmente una vez fallecido su rico propietario. Muelles, cierros, puertas de caoba, bibliotecas, enseres. Todo ha sido trasladado fuera de la ciudad. Incluso se han llevado azulejos que adornaban las estancias o las escaleras de la finca.

Sólo en casos muy contados han sido las familias poseedoras de este legado las que han decidido cederlas a las administraciones públicas, fundamentalmente al Ayuntamiento, para el disfrute de la ciudadanía, como ha pasado con las colecciones de la familia Arámburu, Vassallo, Varela o Accame, entre otras. Hay casos en los que la cesión gratuita se ha transformado en venta de recibido en herencia. Y en otras, este legado se guarda en trasteros o en almacenes con el riesgo de perderse con la llegada de las próximas generaciones.

Actuar en estos casos para preservar una parte de nuestra historia es difícil por no decir que complicado, sobre todo porque no se ha tenido una conciencia de preservación de nuestro patrimonio ni por parte de las propias administraciones. Ahí esta el ejemplo de la rica biblioteca y archivo del antiguo Gobierno Civil, con amplia documentación sobre la historia de nuestras fortificaciones, que se trasladaron a Sevilla tras el cierre de las instalaciones donde hoy se ubica el Centro Reina Sofía. O el legado de la Casa de la Contratación, guardado con mimo en Sevilla.

El futuro Plan de Patrimonio que elabora actualmente el Ayuntamiento fijará normas de actual en el mantenimiento de una serie de elementos que ya forman parte del catálogo de protección del actual Plan de Ordenación Urbana, pero que se integran dentro de edificaciones en su mayor parte de propiedad privada.

Hay que tener en cuenta que la protección alcanza al 65,7% de los edificios existentes en el Casco Antiguo, 2.105, aunque también es cierto que de éstos el 53% lo que tienen es un nivel de protección ambiental. Con todo, el catálogo incluye 206 brocales, 136 guardaesquinas, 127 portadas, 61 lápidas, 29 escudos, 26 aljibes, 20 ornamentos.

Todo ello no se debe de tocar o, en todo caso, si se actúa sobre la finca hay que tener el nivel de protección de la misma. Lo cierto es que hay casos y casos. Hace unos años un promotor privado rehabilitó una finca de la calle San Francisco e incluyó en el proceso de recuperación una pequeña fuente que, ubicada en el patio, contaba con varios siglos de existencia. En el otro lado de la actuación privada, una reforma de un edificio en la plaza de la Catedral acabó con la desaparición de un aljibe que había en el patio de un inmueble por el que se accedía a la zona de obras.

Especial atención se pretende dar a uno de los elementos más característicos de las calles del casco histórico: los guardaesquinas y los cañones. Cada año siempre hay más de una denuncia ante la Policía Local de la desaparición de estos elementos coincidiendo con la obra de reforma de la finca en donde se ubica o, simplemente, por haber sido extraído con gran habilidad de la esquina donde se situaba.

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