Cádiz

Del dicho al hecho

  • Las promesas en materia de vivienda se olvidan tras llegar al poder

ERA una estampa sospechosamente similar en cada pleno: un grupo de vecinos que increpaba al gobierno de Teófila Martínez. Por la falta de vivienda o por la ausencia de empleo. Fuera del edificio del Ayuntamiento, en la plaza de San Juan de Dios se mantenían de forma permanente quienes estaban a punto de ser desalojados o reclamaban, igualmente, un puesto de trabajo. El tono de la protesta fue creciendo a medida que se acercaba el final del mandato de gobierno y se acercaban las elecciones locales.

La imagen cambia de forma radical tras la llegada al poder de la coalición entre Podemos y Ganemos. Desaparecen las protestas en San Juan de Dios y se rebaja el tono de las quejas ciudadanas en los plenos. Los habituales de la protesta se callan, lo que no es de extrañar pues muchos de ellos son militantes o simpatizantes de alguna de las fuerzas hoy en el gobierno.

Que este caldeado ambiente se haya suavizado de forma notable en estos meses no significa que las reivindicaciones sobre los que se sustentaban se hayan solventado en apenas estos meses de gobierno de coalición. Todo lo contrario. Se han agravado. O cuanto menos siguen igual.

Centrándonos en la vivienda, que es de lo que ahora hablamos, Podemos ha descubierto cuando ha llegado al poder que es muy fácil prometer casas para todos, el final de los desahucios y luz y agua gratis para el que no puede pagarlas, pero que cuando se gobierna son compromisos imposibles de cumplir, especialmente con los medios que tiene un ayuntamiento como el de Cádiz. El alcalde, José María González, se topa casi todos los días con ciudadanos cargados de problemas, entre ellos los de la vivienda. Antes les podría dar una palmadita en la espalda en la confianza de una rápida solución; ahora, sin embargo, les traslada que todo debe seguir su trámitelegal. Que hay que estar apuntado en una lista, que no tienen pisos para cuestiones de urgencia y, sobre todo, que hay mucha gente pidiendo y poco, o nada, que ofrecer. Vamos, lo mismo que pasaba antes y que tanto criticaban.

Tal vez el mejor ejemplo de que del dicho al hecho hay mucho camino por recorrer es lo que ha ocurrido con la corrala de la Bahía. Atrás ha quedado el compromiso directo con estos 'compañeros'. Las promesas de luz y agua e, incluso, de un alquiler social. Ahora, nada. E incluso lo mejor es que no haya mucho jaleo. Para ello se dieron las consignas oportunas a los simpatizantes del partido dentro de la corrala, como denunciaron los mismos ocupas.

Así que no es de extrañar que ni Podemos ni Ganemos aparezcan por las protestas de estos colectivos de ocupas. Huyen, incluso, de operaciones de mudanza a una finca en el casco antiguo. Y si los implicados se topan con el alcalde, éstos salen desilusionados. Sí, les recibe en la calle... cuando hace un año podían sentarse en los salones del Ayuntamiento ante Teófila Martínez. ¡Cómo se cambia con el tiempo!

Desoye el Ayuntamiento propuestas de las asociaciones de vecinos, como la de ceder fincas de propiedad municipal y que se encuentran abandonadas para que, mediante cooperativas, puedan ser rehabilitadas por los propios ciudadanos, pero no adopta medidas para poner en uso estos inmuebles. Dejación que incluso ha provocado las críticas de la Asociación Pro Derechos Humanos, la entidad más combativa en todo lo relacionado con la vivienda en Cádiz (eso sí, sin olvidar la responsabilidad de la Junta, infinitamente superior a la municipal). Los ciudadanos, callados hoy, algún día descubrirán que se sigue sin dar pasos decisivos en el problema de la vivienda en Cádiz. Y que no sólo valen protocolos (dignos de elogio, sí) sino actuaciones contundentes.

Era lo que prometían los del cambio. Salvo que, al final, se hayan vuelto casta.

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