Cádiz

“Hay días que el volcán ruge tanto que vibran las ventanas”

  • La gaditana Mamen Morales vive en La Palma, aunque a cierta distancia de Cumbre Vieja

  • Cuida de dos perras a las que no pueden atender familias que han perdido sus casas

Mamen Morales con las dos perras que cuida porque sus dueños tuvieron que dejar sus casas.

Mamen Morales con las dos perras que cuida porque sus dueños tuvieron que dejar sus casas. / D.C.

Ha pasado un mes desde la erupción del volcán de Cumbre Vieja y la situación en La Palma sigue teñida de negro. Muchas personas han perdido sus viviendas y otras viven con preocupación el incierto futuro. Este último es el caso de María del Carmen Morales Ramírez, una gaditana de 42 años que llegó a la isla canaria con su novio, Carlos, justo antes de que se cerraran los espacios aéreos con el confinamiento. Habían estado unos años en Mallorca y decidieron venirse a La Palma, de donde es originario Carlos.

Mamen es profesora en un centro de menores, dando clases a chicos tutelados. Ahora se encuentra de baja maternal pues espera un bebé para principios de diciembre. “Vivimos en Puntallana, a unos 35 minutos en coche de donde está el volcán. Estamos en el este y el volcán, en el oeste. Al otro lado de la isla”, explica. Tuvo la oportunidad de verlo cerca “porque la mutua que me hace el seguimiento del embarazo está en Los Llanos”. Dice que “sonaba como un trueno prolongado”. Desde casa “vemos el humo y hay días que ruge tanto que se escucha aquí, y vibran las ventanas”.

“No estamos en peligro, no parece que vaya a llegar hasta aquí, pero esto no deja de ser desagradable y triste”, destaca. Pero sí llegan las cenizas. “Dicen que no son nocivas, pero son molestas. Estos días me pican los ojos y la nariz y las cenizas se cuelan en las casas y lo ponen todo perdido”, apunta Mamen. Los médicos recomiendan “a niños, ancianos y embarazadas como yo no exponernos mucho. Salgo poco y cuando lo hago me protejo”.

"No estamos en peligro, pero esto no deja de ser desagradable y triste”

Mamen y Carlos cuidan ahora de dos perras Boxer, propiedad de familias que perdieron sus casas y no pueden quedarse con ellas. “Un amigo de Carlos, que estaba allí ayudando, se las ofreció. Llevan tres semanas con nosotros, aprovechando que tenemos un poco de terreno”, señala. Comenta Mamen que “vivimos como en una montaña. Muchas familias que han perdido sus viviendas vivían en los mismos terrenos, en diferentes casas. Aquí se estila que abuelos, padres e hijos compartan tierra”.

Pese a su tranquilidad Mamen reconoce que “esto impone mucho y es una tragedia que tantas familias hayan perdido sus casas. Está más activo por día y parece que va a más. La gente está muy asustada”.

En poco más de un mes nacerá Marcos, un niño que recordará siempre haber llegado al mundo el mismo año y en la misma isla en la que entró en erupción el volcán de Cumbre Vieja.

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