El dentista de la calle Ancha
Gaditanos de perfil. Marcos ZilbermaNN
Es bibliófilo, carnavalero e investigador histórico. Su padre, de origen judío, nació en Besarabia, estudió en Galicia y llegó a Cádiz en 1934 para abrir una clínica dental
LE preguntaban su nombre: "Marcos ¿qué?"; y se le quedó el apodo de "Maqueque". Ese "qué" es un apellido: Zilbermann. En Cádiz está unido a la odontología, a una clínica que se abrió en la calle Ancha, en 1934, en la que han ejercido tres generaciones de dentistas Zilbermann. Pero Marcos no sólo se ha dedicado a su profesión, sino que es un gaditano cabal, capaz de hacer fácil lo difícil, con esa naturalidad tan suya.
Marcos Zilbermann Morales (Cádiz, 13 de junio de 1947) nació el año de la explosión, o el año en que murió Manolete. En el verano del 47, y en su infancia, vivía en Villa Cruz, uno de los seis chalés que había en lo que ahora sería la zona de la calle Pintor Zuloaga esquina a Santa Teresa. Su padre, que también se llamaba Marcos Zilbermann, se lo compró a la familia Martínez del Cerro.
Sin embargo, en invierno solían trasladarse al piso de la familia de su madre, Eloísa Morales Ferrer, que estaba en la avenida Ramón de Carranza, número 23. Allí vivía su familia materna, con su abuela. El abuelo, que había sido militar durante la II República, fue fusilado por los franquistas en la guerra civil. Sin embargo, su madre nunca educó en el odio a Marcos y sus seis hermanos.
Quizás, en esa visión amplia de la historia y la vida, influyera todo lo que pasaron los Zilbermann. Era una familia de origen judío, que vivía en Besarabia, en la actual Moldavia, aunque en los primeros años del siglo XX, cuando su abuela paterna vivía allí, pertenecía a la Rusia zarista. Por otra parte, la familia era oriunda de Bohemia (en los tiempos que pertenecía al Imperio Austrohúngaro) y el apellido es de origen alemán.
Por resumir las peripecias familiares, apunto que el abuelo de Marcos fue médico del Ejército ruso y murió, como tantos judíos, en la II Guerra Mundial. Es decir, que Marcos perdió a sus dos abuelos en dos guerras. Su abuela paterna había estudiado odontología en Odessa y fue la iniciadora de la dedicación profesional. Cuando se separó, en los años 20, viajó a Ginebra, a donde había emigrado una hija. Después llegó a Galicia. Allí ejerció como dentista.
En paralelo, el padre de Marcos se había quedado en Besarabia. Estudió el bachillerato en rumano, aunque la familia hablaba en ruso. Después viajó a Galicia para reunirse con su madre. Se especializó como dentista, tras estudiar tres años en Santiago y tres en Madrid. Así llegamos a 1934, que es cuando la familia Zilbermann viaja a Cádiz, para que el primer Marcos Zilbermann se ocupe de una clínica dental en la calle Ancha, donde ahora se mantiene.
Los Zilbermann eran judíos de origen, pero no practicaban esa religión. Marcos estudió en el colegio San Felipe Neri y fue educado como cualquier niño cristiano, con su primera comunión y demás costumbres. Les quedó esa tolerancia de saber que el odio y la sinrazón de aquellos tiempos, en España y Europa, habían sido nefastos y lo habían sufrido de lleno.
Marcos, como su padre y su abuela paterna, quiso ser dentista. Estudió Medicina en la Facultad de Cádiz. Consiguió una beca de la Caja de Ahorros de Cádiz. A la vez que estudiaba, trabajaba en Afanas cuidando niños. De este modo, conseguía ahorrar para sus gastos. No le quería pedir dinero a su madre, que había quedado viuda y tenía que sacar adelante a una familia de siete hijos.
En Madrid, cursó la especialidad de Odontología durante dos años. Desde octubre de 1975, ejerce la profesión en su clínica de la calle Ancha, donde reconoce que lo ha pasado muy bien, porque se hace amigo de casi todos sus pacientes. Esos pacientes también lo han pasado bien, a lo largo de esas cuatro décadas, porque Marcos, en ocasiones, no sólo aplica sus conocimientos como experto odontólogo, sino que les canta arias de ópera o lo que se tercie. Aunque excluye de su repertorio las coplas de Carnaval.
La afición a la fiesta gaditana le llegó por las letras. Además de bibliófiolo, es coleccionista de libretos y repertorios. Su madre le dio algunas, y él ha conseguido letras desde 1865 en adelante. No sólo por escrito. Cuando era joven, acudía al Freidor La Oriental, de la avenida de Portugal, donde viejos coristas le cantaban coplas que él grababa en un radiocassette.
Ha publicado algunas de sus investigaciones sobre el Carnaval, como un folleto que le editó la Diputación y un texto que acompañaba a unos discos de la Caja de Ahorros de Jerez. Pero le ha faltado prodigarse más, para dar a conocer todo lo que sabe.
Siempre le fastidió que trasladaran las Fiestas Típicas Gaditanas a mayo. Y no sólo por mantener el Carnaval en su fecha, sino porque en mayo debía estudiar más para los exámenes. Así que fue un firme defensor del Carnaval en sus días tradicionales. Una tarde de febrero de 1976, se disfrazó de mamarracho con una gabardina, capucha, barbas blancas, gafas de bucear, botas de pescar, un paraguas del que colgaban bolas de nieve, y un cartel donde se leía: "Llueva o truene Carnaval en febrero". Y por detrás: "Tonto el que lo lea". Salió de casa de su novia Loli y se paró en la esquina de Ancha y San José. Allí lanzó una arenga para que se recuperara el Carnaval en sus fechas de febrero. Después siguió y volvió a pronunciar discursos en varias esquinas. La gente se reía. Decían que era un majara, aunque la mayoría opinaba: "El muchacho tiene razón". En parte, lo hizo para entrar disfrazado en una fiesta de la Peña La Estrella.
Un año después, en 1977, salió en el coro 'Los dedócratas', que estaban formando Miguel Villanueva y otros jóvenes. Marcos se solía reunir con Juan Reixach, José Manuel Gómez, Emilio Rosado y Manolo Barrios, con los que formó la peña ambulante 'Las delicias de Poleo', dedicada a Miguel Ángel Maján. Fue el embrión de la Peña Los Dedócratas.
Zilbermann siguió saliendo con los coros de esta peña, hasta 'Los pequeños cantores del Viena', de 1980 (en el que iba de cura). También salió, en 1982, con 'Los cuarenta principales'. Pero no podía ensayar y lo dejó. Después ha salido en algunas de las chirigotas callejeras con repertorio del Gómez y Emilio Rosado. La última en la que participó fue 'Los que ponen la primera piedra'.
También se ha interesado por la historia de Cádiz. Zilbermann quedó segundo en el premio Cortes de Cádiz de Ciencias Sociales 2015, por una biografía de Manuel Navas, un médico cirujano de la Armada, también poeta, que vivió a finales del XVIII y principios del XIX. En la hemeroteca municipal descubrió que Navas, un liberal exaltado, era el enigmático personaje que firmó algunos textos de su época con el seudónimo de Vasan. Años después, se llegó a publicar, erróneamente, que Vasan había sido un canónigo de Madrid.
Marcos Zilbermann es padre de tres hijas: Eloísa (abogada, que fue concejal del PP), Clara (profesora de Educación Infantil) y Mercedes (que es odontológa y continúa con él, en su clínica, la saga familiar de dentistas). Se había casado con María Dolores Remón. Posteriormente se divorciaron, y actualmente es pareja de hecho de Alejandra Ascorve.
Los caminos de los Zilbermann fueron siempre azarosos. Una de sus tías, Isabel, se casó con el delegado del Plan Marshall en Francia. En 1947 estaba en Cádiz, cuando la explosión. Su marido vino a recogerla desde París. Marcos era entonces un bebé de dos meses y se quedó para siempre. Con él, aquella antigua saga que peregrinó por Europa se hizo gaditana. Ya no le preguntan "Marcos, ¿qué", porque Zilbermann es un apellido de Cádiz.
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