Cádiz

"Hay quien da lo poco que tiene, y eso es de un valor incalculable"

  • Dos voluntarios de la AECC cuentan la labor que realizan en el Hospital Puerta del Mar y su experiencia en cuestaciones en las que han participado años anteriores

Ana María Ramírez Romeral y Joaquín González Montero en la puerta del despacho del voluntariado de la AECC en el Hospital Puerta del Mar. Ana María Ramírez Romeral y Joaquín González Montero en la puerta del despacho del voluntariado de la AECC en el Hospital Puerta del Mar.

Ana María Ramírez Romeral y Joaquín González Montero en la puerta del despacho del voluntariado de la AECC en el Hospital Puerta del Mar. / Jesús Marín

Unos 175 voluntarios de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) saldrán a las calles de la capital gaditana el próximo 7 de junio con sus huchas para recoger las donaciones que los ciudadanos quieran hacer ese día. Ana María Ramírez Romeral y Joaquín González Montero son dos voluntarios hospitalarios de la AECC en el Puerta del Mar que han participado en las mesas petitorias en ocasiones anteriores. Joaquín repetirá este año en San Fernando, localidad en la que reside, pero Ana María no podrá por motivos laborales.

Joaquín está ya jubilado y asegura que le dedica todo el tiempo que puede a la AECC, donde lleva seis años como voluntario, y "he participado en todas las campañas y en todas las cuestaciones en este tiempo". Afirma que el día de la cuestación anual, además de recaudar dinero, los voluntarios ofrecen información a todas las personas que se acercan a ellos sobre los servicios que ofrece la entidad "y les damos folletos por si quieren hacerse socios haciendo una aportación mensual o anual. También existe la opción de hacer aportaciones esporádicas", explica Joaquín, quien señala que hay voluntarios a los que no les gusta pedir dinero y prefieren quedarse en las mesas ofreciendo información. Pero a él no le importa: "No me da vergüenza pedir porque no es para mí. Al contrario, me da satisfacción poder ayudar a recaudar dinero para un bien social". Expresa que la jornada de la cuestación anual de la AECC, "siempre arrastro a algún amigo que no se puede comprometer en el día a día pero sí puede colaborar en ocasiones concretas como esta".

Ana María cuenta que hay ciudadanos que "cuando ven las huchas, nos esquivan. Y es verdad que a veces nos ponemos pesados porque ese día perdemos la vergüenza, porque vemos que es para algo bueno y que se puede ayudar a mucha gente". "Pero también están los que cuando nos ven, se acercan. ¡Hay de todo!", reconoce.

Ana María lleva casi 11 años como voluntaria hospitalaria de la AECC. Comenta que pocas veces ha podido participar en la cuestación anual porque solo tiene libre en su trabajo los miércoles por la mañana y es el día que dedica al voluntariado. Entonces, sólo ha salido a la calle con la hucha los años en los que esta jornada ha caído en miércoles. "Pero en realidad, yo soy más de habitación y hospital, me gusta más la cercanía con los enfermos", manifiesta.

En este voluntariado hospitalario que realizan Joaquín y Ana María, visitan a los enfermos en las habitaciones de oncología, de la Unidad de Mama y de Cuidados Paliativos, también en la sala de espera de radioterapia y en la sala de tratamiento de quimioterapia. "Les ofrecemos un caramelo como forma de entablar conversación, les contamos los servicios que tiene la AECC y les brindamos ayuda. En la sala de quimioterapia repartimos la prensa del día y alguna revista", indica Ana María.

Joaquín añade que a las mujeres mastectomizadas que le han quitado los ganglios se les regala un cojín terapéutico en forma de corazón hecho por voluntarias de la AECC con una tela especial y un peso específico, además de una prótesis y una bolsa para el drenaje. Afirma que la asociación también ofrece en el hospital cursos de maquillaje, de cómo colocarse el pañuelo en la cabeza y de pintura con distintos monitores que son voluntarios de la AECC. Asimismo, los voluntarios acompañan a los usuarios a las consultas cuando es necesario.

Ana María sostiene que con el voluntariado, "recibo más de lo que doy. A un voluntario le hace mucho bien esta labor. Los enfermos nos dan las gracias, pero somos nosotros los que le tenemos que dar gracias a ellos. Yo me voy llena cuando salgo de aquí".

Por su parte, Joaquín asegura que "desde que estoy aquí, soy más humano y más solidario, y veo la vida diferente a como la veía antes. Valoro más todo lo que tengo, y sobre todo la salud. También he entendido que la felicidad es conformarse con lo que uno tiene: cuando te conformas con lo que tienes, eres feliz". Su compañera de voluntariado corrobora lo que dice Joaquín: "Hay un refrán que dice que no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita, y aquí aprendemos que no necesitamos tantas cosas para ser felices".

Respecto a la cuestación del día 7, Joaquín dice que él no anima directamente a los ciudadanos a que den dinero. "Yo doy información, que es una forma de animar a que la gente done". En este punto, Ana María no está del todo de acuerdo con su compañero: "Yo sí animo a la gente a donar porque ¿quién no tiene algún familiar o conocido con problemas de este tipo?". Afirma que la cantidad donada es lo de menos. "A veces dos céntimos tienen más valor que 100 euros. Hay quien da lo poco que tiene, y eso es de un valor incalculable", concluye.

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