“El causante del dolor persistente es, en general, algún tipo de estrés”

Francisco Leal Quiñones | Anestesiólogo

El médico gaditano publica ‘Libérate del dolor’, libro en el que explica cómo abordar la cronificación con herramientas para mejorar aspectos básicos de la vida cotidiana

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El médico gaditano Francisco Leal Quiñones.

Gaditano del barrio de la Laguna, Francisco Leal, hoy médico anestesiólogo en la Clínica de Navarra en Madrid, estudió en el colegio Manuel de Falla y en el instituto Cortadura. En 1995, se licenció en Medicina en la facultad de Cádiz y fue también en su ciudad natal, en el hospital Puerta del Mar, donde realizó sus años de residencia. Su amplia trayectoria médica le especializó en el dolor crónico, al que dedica su libro Libérate del dolor. En esta obra vuelca toda su experiencia en el tratamiento del dolor, con especial atención a las pautas para abordar los necesarios cambios en múltiples aspectos de la vida cotidiana, aquellos que inciden, aun sin esperarlo, en la cronificación del dolor.

Pregunta.–¿Por qué decide trasladar a un libro toda su experiencia en torno al dolor?

Respuesta.–Pues por mi práctica diaria. Para tratar el dolor crónico, uno de los pilares básicos es la educación del paciente y darle herramientas para que pueda cambiar su estilo de vida, porque es importantísimo el entorno donde se mueve y su estilo de vida. Y yo empiezo, poco a poco, a recopilar un material de información y de educación, de instrucciones para mis pacientes con hojas con recomendaciones para mejorar el sueño, de nutrición, de manejo del estrés... Luego, empiezo a recopilar una lista de vídeos, de páginas web; es decir, un amplio material audiovisual. Y eso, al final, es lo que yo he convertido en libro. Un día decidí recoger en una publicación todas esas recomendaciones que ya estaba dando a los pacientes.

P.–Llama la atención que detrás del dolor, además de los analgésicos, haya cosas que tienen que ver con la vida cotidiana. ¿Por qué es tan importante todo eso que rodea al paciente?

R.–Así es. Sabemos que cuando tienes una patología aguda, la medicina es absolutamente eficaz: tienes una infección, un antibiótico te cura; tienes una meningitis, te curamos de la meningitis; tienes un accidente de tráfico, te salvamos la vida; tienes una fractura y te ponen una prótesis... Pero, sin embargo, la mayor parte de las patologías que nos estamos encontrando hoy en día no son de ese tipo que se tratan con medicamentos o con cirugía, sino que son muchas las patologías que dependen de la forma de vida del paciente, de sus costumbres, de lo que hace, de lo que come, de la luz a la que se expone, de la hora a la que cena. Todas esas cosas no las enseñan todavía bien en la facultad de medicina, sino que nos tenemos que ir formando en ellas de manera personal.

Y eso es lo que he intentado transmitir en el libro, que todo lo que es el estilo de vida, el entorno, el ambiente, la forma de pensar que tengas, si eres negativo, si eres perfeccionista, si te estresas, todas esas cosas van a convertirse en salud o en patologías.

Eso significa que, en un momento dado, uno necesita dar unos medicamentos, hacer unos procedimientos o incluso unas cirugías. Todo es compatible, todo tiene que ser complementario. Pero cuanto más puedas abarcar, cuantas más herramientas puedas proporcionar al paciente, más probabilidades de éxito. Porque tanto el dolor crónico como todas las patologías crónicas no tienen una sola causa. Son muchas causas.

P.–De todas maneras, entiendo que tiene que haber algún desencadenante.

R.–Hay muchos desencadenantes. Pero como se puede ver en el libro, por ejemplo, en el dolor persistente, con el que el paciente va yendo de médico en médico y nunca le encuentran ninguna patología, no le encuentran ningún daño estructural, generalmente el causante es algún tipo de estrés. Distintos tipos de estrés que pueden ser desde traumas de la espalda, ansiedad, depresión, emociones fuertes no resueltas; o un estrés habitual continuo o la propia personalidad. Suele ser en muchas de las ocasiones la causa que va desencadenando un estado de inflamación crónica, alteraciones emocionales, alteraciones del sueño y un conjunto de problemas y síntomas.

Sin embargo, en otros casos, cuando hay una patología estructural, pues puede haber múltiples causas; desde un cáncer, una inflamación crónica, una alimentación inadecuada, unos hábitos inadecuados con exceso de exposición a luz artificial... Es decir, todo eso puede producir inflamación crónica o alteraciones de órganos, y tienes que ir primero a la causa.

Son como dos abordajes totalmente diferentes. Si la causa es emocional o por estrés, tienes que hacer un trabajo más de educación, más psicológico. Cuando la causa es estructural, pues tienes que ir primero a la causa. Que es un cáncer, que es una enfermedad inflamatoria, pues se tratan esas patologías.

P.–¿La fibromialgia es lo que más preocupa en una unidad del dolor?

R.–Pues mira, no sé si es lo que más preocupa, pero desde luego es una de las patologías que más dificultades tenemos, en general, para abordar en las unidades del dolor.

P.–¿Incluso con un diagnóstico complicado?

R.–Bueno, mal comprendido. Primero, porque todavía nos faltan muchas respuestas que resolver sobre la causa, aunque ya conocemos mucho. Y, segundo, porque las herramientas que tenemos los anestesiólogos para tratar la fibromialgia van hacia lo físico, hacia lo emocional. En la fibromialgia es un componente fundamental la falta de regulación del sistema nervioso autónomo. El paciente siempre tiene activado el sistema nervioso simpático, que es el sistema de supervivencia.

A nosotros nos han entrenado en que tenemos que buscar una causa física y en la fibromialgia no la encontramos; y eso nos frustra. Hasta que no entendamos que la fibromialgia, en su origen, tiene que ver con el dolor que llamamos disfuncional; es decir, el dolor provocado por la activación del sistema simpático que luego crea unos cambios cerebrales que hacen más sentir el dolor. Si no abordamos esa parte de la conciencia, esa parte psicológica, pues nos frustramos los médicos y los pacientes; y con fármacos no se arregla.

P.–¿Y cómo acogen sus pacientes esa estrategia con pautas para la vida cotidiana?

R.–La mayor parte se alegra de ver que estás abordando el problema de una manera diferente a la que está acostumbrado. Cuando vienen a mi consulta, generalmente, son pacientes que ya han pasado por muchos médicos, incluso por muchas unidades del dolor. Les han dado montones de tratamientos y, entonces, cuando ven que hay un abordaje diferente, eso, para empezar, ya les da una esperanza. Y les da también la sensación de tener control sobre sí mismos. Porque son cosas que van a depender de que ellos las hagan y que se impliquen. No es solo que el médico te vaya a dar un fármaco, sino que tú vas a tener ahí parte de la solución, de la curación o de la resolución. Pero hay personas que no, hay otro grupo pequeño que lo que quieren es la pastillita y ya está. No quieren saber nada más. Así que el médico propone los tratamientos, propone los cambios, pero tiene que ser el paciente el que decida si lo va a hacer o no.

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