Cádiz Norte, Cádiz Sur | Enrique Láinez Ariza El autor del célebre tango al gallinero del Falla

  • Fue profesor desde 1969 a 2005

  • Escribió para destacados coros de La Viña y ejerció de presidente del jurado del COAC en tres ocasiones

Enrique Láinez en la avenida principal de la ciudad, junto a la cafetería Transvaal. Enrique Láinez en la avenida principal de la ciudad, junto a la cafetería Transvaal.

Enrique Láinez en la avenida principal de la ciudad, junto a la cafetería Transvaal. / Jesús Marín

Dicen que de casta le viene al galgo. En el caso del entrevistado, de su padre, también Enrique Láinez, heredó el amor por las cofradías y por la docencia. Su progenitor es un hombre muy recordado en la ciudad, debido a su paso por La Salle como profesor. Fue además presidente de la Junta de Cofradías y hermano mayor de La Palma, amén de uno de los pesos pesados de la cofradía de la Sentencia durante muchos años. Su hijo, el gaditano viñero que nos ocupa, siguió sus pasos docentes y fue maestro en La Salle Mirandilla. “Pero ya practicaba en las clases particulares que tenía mi padre en la calle La Rosa”, explica. Es decir, desde joven tenía “una vocación muy clara”. Después de casi una década en el citado colegio lasaliano, Láinez aprobó las oposiciones y pasó a tener una comisión de servicios en San Fernando y luego su plaza en Puerto Real, donde se jubiló en 2005. Dice que echa de menos la docencia. “Me gustaría aunque fuera por una vez volver a una clase”, reconoce. Pero se libra de vivir tan complicados tiempos para los profesores. “Hoy se ha perdido el respeto a todo. El maestro está en el disparadero. Yo tuve la suerte de no vivir nunca roces con los padres de los alumnos”, afirma. Su larga trayectoria le valió para sufrir, más que disfrutar, tantas leyes de Educación. Pero se queda con una. “La EGB ha sido la mejor. En lugar de cambiarla hubiera bastado con hacerle algunos ajustes”, asegura. Láinez, al cabo del tiempo, se muestra orgulloso de encontrarse a alumnos por la calle “que me recuerdan y que se acercan a saludarme”.

"Hoy se ha perdido el respeto a todo. El maestro está en el disparadero"

La afición que no heredó de su padre fue el Carnaval. Le gustó desde pequeño, cuando asistía a ensayos en el bache de La Palma o en la antigua Audiencia, en el Corralón, donde recuerda haber visto a ‘Los fígaros’ de Paco Alba. Luego llegó a ser protagonista directo de una forma especial y no exenta de historia. Con otros amigos del coro parroquial de La Palma, antiguos alumnos lasalianos, formó el coro ‘Los liberales de 1800’, que fue el primer coro de La Salle Viña poco antes de que fundaran la peña. “El coro empezó con Rafael Herrera en la música y Pepe Gamaza en la letra. Yo entré en principio cantando. Pero se me ocurrió hacer una letra que gustó mucho. El propio Gamaza me animó a seguir y así pasé también a ser autor”, destaca. Habla del tango 'Era una noche de enero', dedicado al gallinero del Falla. Una gran letra, entre las más recordadas del mundo de los coros. Luego vinieron ‘Los piconeros de Cádiz’ en 1979 y ‘Los signos del zodiaco’ en 1980. Pero su despedida en La Viña iba a ser a lo grande, poniendo letra al mítico coro ‘Entre pitos y flautas’. “Marcó un antes y un después, como reconocieron entonces los coristas rivales”, apunta. En 1982 le llegó la oportunidad de escribir para el grupo de la peña Nuestra Andalucía, casi nada. “Venían de ‘Pregones’ y Pedro Romero no iba a seguir como letrista. Él mismo y Jesús Monzón vinieron a buscarme. Acepté y sacamos ‘Los califas’, que fue cuarto premio, con música de Pedro Gragera”. En 1983 inició una etapa en el coro de Los Dedócratas con ‘Gran hotel’ (1983), ‘Apaga y vámonos’ (1984) y ‘Tendido trece’ (1985). Sus últimas aportaciones en letra fueron para las chirigotas ‘55 días en Paskín’ (1988) y ‘Los jupitajos’ (1989), y el coro mixto ‘La gran cabalgata’ (1997) En medio, una colaboración, sin figurar, en el coro viñero ‘Chucherías’ (1993).

Y del escenario al palco. Tres veces, nada más y nada menos, fue presidente del jurado del COAC. En 2001, 2002 y 2014. Presidió también el jurado de la cantera en 1994 y fue, en adultos, vocal en 1996 y en 1999. A pesar de tan prolífica participación en el jurado, Láinez admite que no le importaría repetir. “Fueron experiencias muy bonitas y en ningún momento me sentí presionado”, señala. Añade que “siempre estuve muy atento a lo que ocurría en el escenario y aprendí a no perderme detalle, intentando que mis estado de ánimo fuese siempre el mismo. El jurado debe dejar fuera los problemas personales”.

"En el COAC se está perdiendo el espíritu gaditano porque los de aquí no tenemos dinero para llenar el teatro tantos días"

Su experiencia le avala para opinar sobre el Concurso actual. “Yo empecé en un Concurso que tenía dos días de semifinales y la final. Ahora se ha masificado. Tiene difícil solución y la gallina de los huevos de oro puede acabar agotándose”, reflexiona. A su juicio en el Falla “se está perdiendo el espíritu gaditano, porque los de aquí no tenemos dinero para llenar el teatro tantos días. Además, la televisión nos ha acomodado en casa”. En cuanto a la calle, concluye diciendo que buena parte del público que viene “no gasta nada y deja suciedad en vez de dinero”.

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