medio ambiente urbano

La arboleda maltratada

  • "Cádiz es un muestrario de árboles enfermos a causa de las podas criminales", asegura la ecologista Purificación González de la Blanca

  • Los grandes cortes provocan heridas por las que penetran hongos y virus

Hace tan solo unas semanas sacrificaron cuatro árboles como poco cuarentones en la Avenida del Puerto. Habían resultado gravemente dañados en sus raíces durante las obras de remodelación de la zona, dos años atrás, y aquello derivó en un ataque de hongos xilófagos que los condenó a muerte, según certificó la ingeniera de la empresa que mantiene parques y jardines. No son los únicos. Todos los años, desde hace muchos, en una ciudad donde lo verde a veces parece que molesta, se talan ejemplares desahuciados ya, siempre por motivos de seguridad, según se alega desde el Ayuntamiento. Cierto es que hace unos días, la Delegación de Medio Ambiente anunció que plantará 88 árboles en distintos puntos de la ciudad. Pero, si vamos a la raíz -nunca mejor dicho- del problema, cabría preguntarse: ¿por qué enferman los árboles en Cádiz? ¿por qué tantos? ¿por qué hasta el punto de no recuperarse?

"En esta ciudad se convierten en postes telegráficos plátanos, olmos y magnolios""Hay olivos disfrazados de bonsáis, un insulto a la vista, a la historia y a nuestra cultura"

Purificación González de la Blanca, fundadora de Agaden e incansable activista contra lo que más de una vez ha calificado de "arboricidio", lo tiene claro: "Cádiz es un muestrario de árboles enfermos a causa de las podas criminales, hasta tal punto que varios colectivos se están movilizando contra estos continuos atentados contra el rico patrimonio botánico de la ciudad". La veterana ecologista lo documenta con las fotos de esta información. Y lo viene denunciando desde hace décadas a través de este periódico y de otros medios. Lo de los plátanos orientales de la Alameda es sólo la punta del iceberg. "Hace unos días dejaron pelada una dama de noche en la Plaza de Mina, en plena floración, y otras dos más que había, las podaron tanto el año pasado que desaparecieron", asegura.

"Los jardines y espacios arbolados de las ciudades son un punto de encuentro con la Naturaleza, pero existe la creencia de que hay que podar y mutilar el arbolado", argumenta. Purificación recuerda que son "muchas las voces que se han levantado en contra de las podas criminales, práctica que se viene extendiendo, muy probablemente por los intereses ligados a la venta de leña".

Y cita al geógrafo César Javier Palacios, del Observatorio de Árboles Monumentales de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, que ha publicado diversas obras de divulgación sobre botánica: "En otros países no es así, pero en España tenemos la manía de podar los árboles. En algunas zonas es casi una leyenda rural que los árboles necesitan podarse y que si no se les poda se mueren. Esa es una idea que está muy relacionada con árboles frutales, pero se ha generalizado a cualquier tipo de especie arbórea y es un error. Los árboles, crecen según sus posibilidades y eso les lleva a tener una forma específica. Empeñándonos en dejarlos en muñones todos los años, les hacemos un flaco favor. No hay más que ver los miles de ellos que mueren todos los años en las ciudades por esos excesos". Más claro, agua.

En el mismo sentido se pronuncia -cuenta Purificación- Simón Cortés, un jardinero profesional, colaborador de la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono (ARBA). Además de realizar repoblaciones en montes de todo el país, es autor de obras paisajísticas muy reconocidas, como un jardín realizado solo con plantas propias de Madrid en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Cortés cree que la poda violenta daña al árbol: "Hacer un desmoche -cortar el tronco principal- o un terciado -quitar la tercera parte de las ramas o dos tercios, según distintas escuelas de jardinería- es prácticamente cepillarse al árbol. En un árbol normal, lo que habría que hacer es quitar las ramas que están secas o enfermas y, prácticamente, dejarle expresarse de forma normal. Con los cortes, lo único que haces son unas heridas muy grandes por las que entran virus y hongos y al cabo del tiempo tendrás un árbol podrido que al primer viento perderá ramas o se caerá".

La veterana ecologista insiste: "La poda siempre provoca un daño al árbol porque elimina el cuerpo que necesita para vivir; se debe podar lo menos posible, solo por motivos necesarios, como ramas secas o para ayudar al árbol a desarrollarse en el medio urbano, sin ocasionarle un daño. Además, el árbol no puede ser privado de su estructura natural, es decir de las características de cada especie, dejando a un lado los frutales, que son un caso aparte".

"Pero en Cádiz las podas convierten a los árboles en postes telefónicos, sean plátanos orientales, olmos o magnolios -denuncia Purificación-, y tanto se atenta contra ellos que vemos olivos disfrazados de bonsáis, lo que es un insulto a la vista, a la historia, a la cultura y a todo lo que representa el olivo como puntal importante de la civilización".

En este sentido, la fundadora de Agaden cita un manual de poda urbana de una organización mejicana cuyos planteamientos considera acertados: "Para comprender si es necesaria o no la poda, es conveniente considerar algunos aspectos. En el árbol existe un equilibrio o armonía entre su copa, tronco y raíz. Ninguna de estas tres partes puede faltarle o ser dañada, porque le ocasiona un perjuicio, se debilita, enferma y se acorta su vida. Si se le quita toda la copa a un árbol o gran parte de la misma, se le ocasiona un gran daño, se queda sin ramas para producir hojas, se le quita la capacidad de producir la fotosíntesis, es decir, de fabricar su propio alimento para vivir. Pero no solo perjudicamos al árbol en sí, sino también a nosotros, porque los beneficios que recibimos del árbol provienen de su copa".

Purificación va incluso más allá: "En La Vida Secreta de los Árboles, el guarda e ingeniero forestal Peter Wohlleben mantiene que los árboles son solidarios, sienten miedo, amor, padecen y son seres pensantes, que no están tan lejos de los animales o de nosotros mismos".

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