Los servicios sociales atendieron a la mujer encontrada muerta en su casa
Los problemas de atención a los mayores
Isabel Serrano rechazó las ayudas ofrecidas por el Ayuntamiento.
Derechos Humanos afirma que "la soledad es una pandemia en la sociedad actual"
Isabel Serrano Sara, la anciana de 87 años que fue encontraba muerta en su domicilio en la jornada del martes, recibió la visita de los servicios sociales del Ayuntamiento de Cádiz el pasado mes de agosto, según confirmó a este diario la teniente de alcalde del área Ana Fernández.
El equipo asistencial acudió tras una llamada del Centro de Salud al que estaba asignada la anciana, al tener dudas sobre el estado de la mujer. Isabel Serrano recibió al equipo municipal “reacia a que se le atendiera y nada colaborativa”. En este tipo de alarmas, la administración actúa de oficio “siempre que exista un riesgo físico y mental”, lo que no se daba en este caso, por lo que no se pudo actuar en ningún caso. En este sentido, según Fernández tampoco había constancia de que solicitase ayudas de dependencia al propio Ayuntamiento o a la Junta de Andalucía.
Frente a este tipo de casos extremos, donde resulta muy complicado actuar, existen cada vez más referencias de personas de la tercera edad que no cuentan con ninguna ayuda familiar ni tienen capacidad económica para contar con asistencia externa para recibir la atención necesaria implícita en su edad. Y más en una ciudad cada vez más envejecida como la de Cádiz.
En este sentido, las palabras de Rafael Lara, de la Asociación Pro Derechos Humanos, son elocuentes: “La soledad es una pandemia de nuestra ciudad”.
Constata Ana Fernández que “desde el Ayuntamiento de Cádiz (por lo que respecta a la acción de los Servicios Sociales) se da prioridad a la atención a menores y a personas de la tercera edad, porque son los colectivos más vulnerables. Pero lo cierto es que la atención a los mayores acaba siendo más complicada, con situaciones difíciles de detectar frente a los menores, donde los problemas son más evidentes, en muchos casos denunciados desde los propios centros escolares”.
Asume la teniente de alcalde que la mejora de atención hacia el colectivo de mayores “es una cuestión de voluntad política”. Aunque es cierto que se realizan acciones en común, no descarta la necesidad de plantear programas específicos centrados en este colectivo.
Rafael Lara amplía esta petición de actuación también a colectivos privados y a las organizaciones no gubernamentales, “que tampoco realizan una labor lo suficientemente importante para ayudar a estas personas”.
Coincide Lara que en casos específicos como el de Isabel Serrano es muy difícil actuar con eficacia. “Si llevaba veinte años sola y sin relacionarse con nadie se llega a un estado de hostilidad, lo que acaba provocando problemas cognoscitivos. En todo caso, son situaciones personales que no se deben ignorar”.
Como problema global, y especialmente grave en Cádiz capital, Rafael Lara considera que la mayor parte de los casos de soledad en los mayores “son situaciones no deseadas, y más si lo unimos a los posibles problemas físicos y mentales que puedan tener”.
En los últimos años, además, se han producido según el representante de la APDH “importantes cambios sociales de gran impacto”, unidos a una dura crisis económica en la que los mayores han servido como salvavidas de muchas familias, aunque después se hayan quedado solos.
“Se está produciendo un cambio en las dinámicas familiares, cada vez menos acogedoras, con graves problemas de conciliación con los mayores”, a la vez que buena parte de este grupo social ha quedado descabalgado del día a día, incapaz de integrarse en la vida de sus vecinos. Algo que se agrava en las grandes barriadas de la ciudad.
Tiene claro Lara que “en el orden de prioridades de atención social, los mayores estarían en los últimos lugares”. Aquí advierte que este colectivo no tiene la fuerza de presión que tienen otros, como profesionales de la educación o la sanidad, a la hora de reclamar en la calle mejoras en su situación. “Ellos que sustentaron lo peor de la crisis, se han quedado al final solos”.
El envejecimiento de la población gaditana es más que evidente. Pendiente de la publicación por parte del INE del último padrón municipal, los mayores de 65 años ya suponen el 22,15% del total de los vecinos de la capital, superando en porcentaje a los menores de 21 años. A la delicada situación económica de muchos de ellos se une a la precariedad de sus viviendas, especialmente las ubicadas en el casco antiguo donde la ausencia de ascensor impide a la gran mayoría salir de sus viviendas.
La soledad en la que también muchos de ellos viven obligan a los servicios sociales a mantener programas de atención, como única forma de recibir alimentación o control médico.
En este último caso hace dos años un grupo de profesionales del Centro de Salud del Olivillo, dirigidos por la doctora Nuria Cifuentes, elaboró un pormenorizado estudio sobre la realidad social de su zona de acción: La Viña, El Balón y los Callejones. En el mismo detectaron que la edad media de las personas confinadas en pisos de estos barrios se disparaba hasta los 83 años de edad, mientras que el 96% de los encuestados estaba en riesgo de exclusión social. Buena parte de estos mayores, en una situación que se puede trasladar sin temor a error a otros barrios de la ciudad donde la degradación económica es más evidente, tienen graves problemas de movilidad, con dependencia incluso para actividades básicas del día a día: alimentación, limpieza personal...
Por si fuera poco, los datos del Instituto Nacional de Estadística reflejan también un dato alarmante, como imagen del profundo cambio social que se está produciendo. En Cádiz el 25,78% de los hogares son unifamiliares. No se concreta la edad de estos residentes, pero sí se supone que un elevado número de ellos son mayores.
El incremento en el número de mayores en la ciudad lleva añadido la necesidad de ampliar las plazas en las residencias. Esta es una de las grandes reivindicaciones de varios colectivos gaditanos, que critican la falta de alojamientos y, sobre todo, el elevado coste que tienen muchos.
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