Cádiz

El alumnado saca buena nota en el curso más difícil

  • Ocho meses después del regreso de los estudiantes a las aulas, cuatro profesoras afirman que se ha superado el complicado reto educativo

Alumnos de una clase del CEIP Celestino Mutis el primer día del presente curso.

El inicio del curso 2020-2021 era todo un reto para la comunidad educativa. La vuelta a la presencialidad –o semipresencialidad en algunos casos– llegaba seis meses después del comienzo del estado de alarma y del duro confinamiento. Esto es, con los alumnos desentrenados y habiendo perdido el ritmo de aprendizaje al que estaban acostumbrados. Ocho meses después del regreso a las aulas, y a punto de acabarse el curso actual, se puede decir que alumnado, profesorado y familias han superado la difícil prueba. Así lo confirman cuatro profesoras de diferentes etapas educativas en centros de la capital gaditana.

“Académicamente les costó reiniciarse. Fue un parón muy grande de marzo a septiembre sin clases presenciales. Pero a medida que avanzó el curso fueron mejorando”, dice Mara Arenas, profesora de Infantil de 4 años en el CEIP Tierno Galván, cuando habla de sus alumnos. “El confinamiento nos cogió a los docentes en fuera de juego, sin estar formados en nuevas tecnologías. Tuvimos que actualizarnos a marchas forzadas, aprendiendo herramientas nuevas que nunca habíamos usado. Y por ahí, y gracias también al contacto directo con las familias, hemos conseguido que recuperen el ritmo de aprendizaje perdido con el confinamiento. Los alumnos han aprendido otras formas de trabajar y un poco más de autonomía al estar más separados en clase, solos en algunos casos”, explica.

No hay mal que por bien no venga: los alumnos y los profesores han mejorado en destrezas digitales

En las relaciones les costó a la hora de comunicarse. “Las medidas sanitarias influían en las rutinas de saludos, en las de contarse cosas. Y en la etapa Infantil se trabaja mucho lo colectivo, compartir, y las restricciones les han limitado. No podían moverse libremente por el espacio, no podían celebrar sus cumpleaños, no podían abrazarse ni tocarse”, apunta.

A pesar de las restricciones, Mara Arenas estima que “han ganado en conciencia respecto a la realidad. Saben perfectamente cómo actuar, a quién le toca cada día llenar el bote de gel, qué espacios usar, no compartir galletas o agua. Sin ser obligatorio, muchos han seguido usando la mascarilla. Por sus alergias, por sus abuelos”. Y es que niños y niñas “venían de casa con las ideas muy claras de qué podían hacer y qué no. En definitiva, se han hecho más responsables. Nos hemos dado cuenta de que son capaces de comprender la realidad y llevarla a cabo mejor que los adultos”.

Según María Julia de la Cruz, tutora de 5º de Primaria y profesora de bilingüe e inglés del CEIP Profesor Juan Carlos Aragón, el alumnado “se ha adaptado muy bien, aunque haya costado más con niños que tienen menos normas en casa. Al principio agobiados con el calor, acostumbrados a tres meses de playa sin mascarillas. Luego con frío y viento por tener las ventanas abiertas para airear. Nos costaba entender a los niños con las mascarillas, y en mi caso, que doy inglés, se puede imaginar”.

Señala esta profesora que en septiembre “se notó que la mayoría de los alumnos había hecho poco en casa. Había un desfase que teníamos que corregir. Nos adaptamos e hicimos unas programaciones distintas”. Ahora, acabado mayo, “se ha notado una gran mejoría, aunque las actividades en inglés no han podido ser tan lúdicas como antes de la pandemia. En lugar de grupos ha sido por parejas. Y tirando de herramientas digitales, un terreno en el que todos hemos mejorado. La evolución ha sido positiva y los niños están aprendiendo mucho en el aspecto digital”.

En Formación Profesional ha sido otra historia. Rosa Villegas, profesora y coordinadora de Covid en el IES San Severiano, reconoce que “no ha sido fácil, pues las medidas Covid aplicadas a Primaria, Secundaria o Bachillerato, son distintas en FP, donde hay muchas sesiones prácticas de peluquería y estética, por ejemplo. Al principio fue un poco estresante y tuvimos que cambiar la manera de trabajar, notándose en las calificaciones, pero ahora los alumnos han remontado”.

Uno de los mayores problemas radicaba en que muchas empresas no querían alumnos en prácticas, por aquello de no recibir a gente ajena, por miedo a contagios. Asimismo, en FP es más complicada la formación online, “y en el confinamiento alumnos de soldadura o automoción tenían que seguir por videos cómo hacer sus trabajos, sin poder manipular, ni practicar sus destrezas”. Pero ahora que acaba el curso “han podido coger el ritmo perdido desde marzo de 2020 y las notas están siendo ya satisfactorias”.

Recuerda Montse Altamirano, profesora de Matemáticas de 1º de la ESO en el colegio Salesianos, que en septiembre hubo “una acogida emocionante por volver a verlos, pero temerosa. Nos enfrentábamos a algo desconocido. Miedo, inseguridad. Pero se adaptaron a la nueva forma como auténticos campeones. Sin protestar pese a las normas y sabedores de que el curso no iba a ser normal, sin convivencias, sin excursiones, sin trabajos cooperativos. Todo ha sido muchísimo mejor de lo esperado por alumnos, profesores y padres”.

En cuanto a lo académico, destaca Altamirano que “nos preocupaba conocer qué parte de la materia no se había dado bien o directamente no se había dado debido al confinamiento. Por eso realizamos en algunas asignaturas un sistema de nivelación de conceptos anteriores”.

A los alumnos “les costó trabajo volver a la presencialidad, seis horas seguidas en clase y con mascarilla. Fue un corte en sus vidas, no solo un parón escolar”. Mas ahora “estamos en un curso normal, pero sin actividades. Sí se ha reforzado el aprendizaje con el Aula Virtual. Las nuevas tecnologías han ayudado mucho. Cursos confinados al completo han recibido clases online. Todo esto ha servido para que los alumnos adquieran destrezas de aprendizaje y los profesores, de enseñanza”.

Esta profesora de Salesianos coincide con las compañeras que aquí reflejan sus experiencias en que “los alumnos están cansados, ha sido un curso duro. El año se hace más pesado así, sin actividades extraescolares. Ojalá se puedan vacunar y estemos todos más tranquilos el próximo septiembre”. Eso esperan quienes han obrado el milagro de recuperar el día a día en la educación, realizando un impagable sacrificio no siempre reconocido.

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