Ciudadanos de cádiz

"La Viña sigue conservando la familiaridad entre los vecinos"

  • Francisco Abeijón 'Carapalo'. Uno de los más ilustres viñeros tiene en su haber tres primeros premios de chirigotas en su brillante trayectoria carnavalesca, iniciada en 1979

CARAPALO forma parte del paisaje de La Viña. Es de los que pasando la Cruz Verde se siente un extranjero. Serio de empaque, guarda un humor que no regala, más bien lo dosifica. Sus ocurrencias las ponía blanco sobre negro para llevarlas a los locales de ensayo. Por eso es referente de la chirigota en los últimos 30 años.

--Sin chauvinismo, siendo objetivo, ¿qué tiene de especial La Viña?

-Yo es que soy muy de La Viña y no le veo nada malo. Me indigno cuando alguien no cuida el barrio como merece, pero le tengo mucho cariño. Lo que tiene de especial es su gente. Todo el mundo se ofrece para un favor. Sigue conservando esa familiaridad entre los vecinos.

-Como cuando usted era pequeño, más o menos.

-Recuerdo que en verano, todo el mundo sacaba las sillas a las puertas. Allí hablaban las vecinas por las noches. Había mucha gracia. Recuerdo a la Cuchi, que vivía en mi casa. La pobre no sabía ni contar y decía, cuando se cobraba por semanas, que "hoy me ha traído mi marío dos billetes marrones, uno azul y dos verdes". Conocía los billetes por los colores.

-Al barrio le falta ese soplo de aire fresco que hubiera significado el hotel de cinco estrellas en Valcárcel o ahora, como parece, la Facultad de Ciencias de la Educación.

-Han podido hacerse muchas cosas que no se han hecho. Y Valcárcel es una asignatura pendiente para el barrio.

-También La Viña estaba esperando el Museo del Carnaval, que parece que tampoco se ubicará allí.

-Yo no pelearía mucho por el Museo en La Viña, pelearía por otras cosas. Ahora han hecho un parquecito en la plaza de la Reina, y eso le hacía falta al barrio. Lo que de verdad reactivaría al barrio sería la Facultad. Es que para un hotel de esa categoría que querían hacer, el barrio también debería ponerse a la altura en cuanto a urbanización e infraestructuras. No era sólo el hotel. Había que adecuar el barrio.

-¿De dónde le viene el apodo?

-Yo era muy delgado y tenía mala cara. Uno del barrio me dijo que tenía la cara de un palo. Al final se me quedó y no me disgusta.

-Se le ha visto con mucha frecuencia en los plenos municipales para tomar la palabra.

-He ido varias veces a hablar. Una vez me echaron. Estaban discutiendo Marta Meléndez y José Blas Fernández. Y después del discurso que le largó Marta me asomé entre los dos policías locales y le dije a José Blas: "Anda, échale cojones ahora. Que te está diciendo la verdad". Me quitaron la identificación y me invitaron a irme.

-¿Se ha vuelto usted activista con la edad?

-Es que he tenido hijos parados. Y amigos con el mismo problema. Esas cosas me han hecho rebelarme. Soy un privilegiado, pero me indigno viendo las fatigas que pasa mucha gente a mi alrededor.

-¿Llegó al Carnaval de casualidad o siempre le había gustado?

-Siempre me gustó. Más tarde se me presentó lo del cuarteto con el que debuté en 1979, 'El comandante Matraca y sus tres azafatas', que tiene su historia.

-Adelante.

-Lo hicimos para actuar por el barrio, por las peñas. Siempre he tenido mucho sentido del ridículo. Y encima por entonces abucheaban a los cuartetos en el Falla y les echaban el telón. Total, que empezó a entrar gente, El Pillo el primero y su hermano Rafalín, y a decir que el cuarteto estaba bueno. Parábamos en el bar del Carapapa. Allí llegué un día y El Matraca, que era un tío muy valiente, me dice: "Paco, vengo del Ayuntamiento de apuntarme al Concurso". ¡Qué malito me puse! Me fui para mi casa. Estaba mi mujer friendo tomate, no se me olvidará en la vida. Descompuesto corriendo para el vate comunitario.

-Descompuesto, pero fue al Falla.

-No me pude negar. Cuando el primer día llegamos a bambalinas, coge Pepe Benítez y llama a Luis el Matraca para preguntarle los datos del cuarteto antes de presentarnos a sala. ¿Nombre del cuarteto?: tal y tal. ¿Letra y música?: Luis Macho. ¿Dirección?: Cristo de la Misericordia, 12. ¡No veas la que se formó! Lo dijo de corazón. Todo el mundo revolcao en bambalinas.

-¿Y el debut?

-Yo no sabía si estaba hablando o no, si me estaba saliendo la voz, de los nervios que tenía. Cuando salimos le pregunté al Búlgaro si habíamos cantado el estribillo. El cuarteto gustó mucho, pero yo nada más que quería irme para el camerino. Los otros estaban eufóricos y yo seguía descompuesto. Así fue mi estreno y no he dejado de estar descompuesto cada vez que ha cantado una agrupación mía.

-Luego vino una serie de chirigotas viñeras, sin muchas pretensiones.

-Una de ellas, 'Fieble amalilla', del 85, es la niña de mis ojos. No he disfrutado más en mi vida.

-En 'Fieble amalilla' soliviantaron al Falla con un cuplé contra el jurado diario.

-Estuvimos varios minutos sin poder cantar escuchando gritos contra el jurado del Diario, que se había estrenado ese año.

-El éxito llega dos años después, en 1987, con 'Un montón de guanamimos'.

-Sí, pero antes hubo una chirigota que empezó a ensayar y se desbarató. Para 1986. Se iba a llamar 'Los que volaron por encima del Cuco', en referencia al bar de la Plaza. El tipo era de aviadores borrachos. Entonces Felipe Martín nos dejó su local, donde guardaba en la calle San Rafael todos los artículos de papelería, porque él se dedicaba a distribuir prensa y revistas. Hasta que un día en el bar del Carapapa Felipe se me acercó al oído y me cantó una versión de una canción de Rocío Jurado: "Hace tiempo que vengo notando que faltan libretas". Tuvo 'age', pero yo inmediatamente le entregué la llave del local. No podía seguir con una chirigota así. Me llamaron de 'Los cosacos de papas', del Habichuela, para colaborar y eso es lo que hice para 1986.

-¿Esperaban el primer premio de los guanaminos?

-De la chirigota se fueron dos porque no veían la idea. Pero seguimos ensayando. Empezó a entrar gente en el local y se fue corriendo la voz de que estábamos muy bien. -Esa chirigota se hartó de cantar en mítines electorales. ¿Qué recuerda de aquello?

-Para el PSOE y Alianza Popular también. Nosotros, Paco Gandía, Chano Lobato y Cantores de Hispalis. Casi siempre los mismos. Ya en Algeciras nos tuvieron que pedir cantar los últimos. Porque cantábamos los primeros y el público se iba. Y fíjate con qué monstruos actuábamos. Gandía llegaba al sitio y siempre preguntaba "¿y los negros?, ¿dónde están?". Nada más que quería estar con nosotros. 'Los guanamimos' me dieron muchas satisfacciones. Una mañana me levanté y leí en el Diario del Carnaval unas declaraciones de Alejandro Sanz, que ese año era pregonero, en 2005 creo, diciendo que se había enganchado al Carnaval con los guanaminos. En grandes titulares. ¡Qué fuerte!

-Con el grupo del Petra vino luego el triple salto mortal. Dos primeros premios y dos segundos en cuatro años.

-Yo estaba de moda y el del Petra era el grupo que mejor cantaba en Cádiz. Dos imanes que al final se unieron. Les expliqué el tipo, 'El crimen del mes de mayo', y les canté ya cosas en el Bar Tadeo, en Sopranis, donde se reunía habitualmente el grupo. Y les encantó. Era un tipo que estaba ahí y que nadie había cogido.

--Esa chirigota era primer premio antes de ir al Falla.

-Es cierto y no es falta de humildad. Una mañana de domingo dimos un ensayo general en el Teatro Pemán, con otras agrupaciones en un acto que organizaban creo que el grupo de empresa de CASA. La gente en pie. Yo estaba en la plaza de Mina y fue llegando gente del Carnaval comentando que había sido un escándalo.

-Buenos años aquellos.

-Grandes personas, pero sobre todo el Petra. Yo he tenido tres hombres en mi vida: mi padre, mi hermano y el Petra. Era un fuera de serie. Una gran persona.

-Ese grupo, en 1992 con 'Bien nos diste coba, Cristoba', cantó un pasodoble en defensa de lo clásico frente a la vanguardia que representaban Erasmo y Yuyu. Y tres años después se une usted a estos autores, para sorpresa de muchos, en 'Los últimos en enterarse'. ¿Cómo se llegó a esa fusión?

-El grupo del Petra y yo nos habíamos separado en 1993. Para el 95 hablé con el Petra para volver. Los autores éramos tú, que me estás entrevistando (ja,ja,ja) y yo, con música de Pacoli. Incluso nos anunciamos en el Diario como 'Los juancojones'. Empezaron los ensayos y aquello no cuajó. Hubo un desencuentro. Nos quedamos sin grupo y surgió la opción de salir con Yuyu y Erasmo, que estaban formando un grupo porque de su anterior chirigota, 'Antología de la zarzuela', había componentes que no querían salir con dos cuernos en 'Los últimos en enterarse'. A Yuyu y Erasmo no le importó que yo saliera con ellos. Al contrario. Y no me arrepentí, aunque al principio de los ensayos yo estaba desorientado. Asustado, incluso.

-Era una manera muy peculiar de ensayar.

-Yo venía de un grupo, el del Petra, en el que no se daba un palo de más con la caja. Ese grupo cantaba como un reloj. Y con Erasmo, que era quien la ensayaba, se metía todo a la vez: voces, percusión, guitarras. Yo le decía: "Erasmo, esto va cruzado". Y él me contestaba: "Tranquilo Paco, más nos vamos a reír". Y así fue. Me adapté. Un desastre los ensayos. Y luego ganamos el segundo premio y a poco de llevarnos el primero.

-Siempre ha contado que ocultó a su mujer hasta el final el tipo de esa chirigota.

-Mi mujer me preguntó de qué íbamos. Yo le dije que de romanos. Poco antes del estreno en el Falla le llevé la chaqueta para que me cosiera detrás las banderillas. "¿No iban ustedes de romanos?", me preguntó mi mujer. Y ya le tuve que decir: "No Antonia, hija, voy de cabrón. ¿Tú te enfadas?". Y me contestó: "¿Yo?, es a ti al que le van a decir cabrón, a mí no".

-El año antes también sacó un tipo controvertido, de capillitas, en 'Dios dijo hermanos, pero no primos'. ¿Hubo mucha polémica?

-No, creo que tocamos muy bien el tema. A mí me dio por ponerme un collarín. Y se enfadó el hermano mayor de Cigarreras, Oliva, que había llevado por esa época un collarín por una lesión. Yo me lo puse sin intención.

-Después de varias idas y venidas, sigue en la brecha. ¿Qué prepara para el año que viene?

-Pues una chirigota con El Pellejo, con gente de la peña La Estrella, donde ensayamos. Se llama 'Los trapos sucios se lavan en casa'. -Como chirigotero de pro, qué valoración hace del descenso del número de chirigotas, la mitad que el de comparsas para 2016.

-La juventud solo quiere comparsas. Para que un pibe que cante bien se vaya a una chirigota, ésta debe ser de las punteras. Pero solo quieren comparsas, cantar bien. -¿Quién ha sido el más grande en el Carnaval?

-Dos: Paco Alba y Antonio Martín.

--Martín dedicó al Carapalo un popurrí entero, en 'Los héroes del 3x4' ¿Cómo vivió aquello?

-Me dio coba. Me dijo que iba a escribir un libro y que le hacía falta que yo le relatara mi vida, tanto la privada como la carnavalesca. Le escribía más de cinco folios. Bueno, lo dejé pasar. Hasta que, en plenos ensayos, me dice un sábado por la mañana el Lelo en la peña Nuestra Andalucía: "Anoche fui con la gente de Los Pabellones a escuchar la comparsa de Antonio Martín. Te dedica el popurrí". Me descompuse. A mí que todo me da vergüenza. Yo pensaba en la gente, en los que dijeran "qué ha hecho este en el Carnaval para dedicarle un popurrí". Vi la comparsa por primera vez en el Falla, en el gallinero. Y llegué justo cuando se apagaron las luces. Para que nadie me viera. Se me cayeron dos lágrimas al escucharlo, pero estuve cinco días casi sin salir de casa.

-¿Cómo le gustaría que le recordaran en el Carnaval?

-Como alguien amigo de sus amigos. Es lo único que he ganado en el Carnaval, muchos amigos. Creo que estoy bien mirado en el Carnaval, y eso ya es un premio. Yo entré con muy bien pie en esto, no me puedo quejar. El Carnaval me ha tratado muy bien.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios