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Fue idea de un miembro de la propia tripulación de uno de los barcos que conforman la flota de Costa Cruceros. La propuesta le supuso un premio de 2.500 euros. Se trata de brindarle al viajero la posibilidad de entrar en lo que hasta ahora era terreno vetado para todo aquel que no pertenezca a la plantilla del buque: la zona de la tripulación.
Previo a la inmersión a la zona oculta para el turista, una buena dosis de vigilancia. Un miembro del equipo de seguridad del Costa Atlántica cachea al visitante para así evitar la entrada de cualquier dispositivo en el que se puedan captar fotos o vídeos. Es una excursión "sólo para sus ojos".
La "inmersión" se produce por el escenario del teatro que hace las veces de espejo de Alicia en el País de las Maravillas.
Nada más iniciarse el trayecto, el stage manager muestra las entrañas del escenario sobre el que él es el primer ministro. En seguida, una bailarina de las doce que constan en nómina cuenta a este Diario mientras da unas puntaditas a uno de sus vestidos lo duro que es vivir embarcada durante ocho meses ininterrumpidos. 70 personas componen el equipo de entretenimiento.
Tras pasar al otro lado del espejo se inicia el descenso a cubiertas que ya están bajo el nivel del mar. Bajo esa línea conviven los 900 tripulantes de este buque de Costa. Bajo esa línea, un bar, sus dormitorios (tan sólo los más privilegiados evitan tener que compartirlo) y muy poquito más porque tampoco tienen mucho tiempo libre para su disfrute. Son 900 trabajadores de 28 nacionalidades distintas que son contratados por períodos de entre cinco y nueve meses con jornadas de entre diez y doce horas de trabajo y "cero días libres", tal y como destaca Jairo Fernández, que ejerce de anfitrión en esta inmersión a las entrañas del Costa Atlántica. Son, como mucho, horas libres, nunca días.
Una leyenda urbana que se confirma tras la "inmersión" y es que el reglamento no permite, en teoría, a ningún miembro de la tripulación mantener una relación sentimental con nadie del pasaje. Sí, entre ellos. De hecho, Jairo, el representante de la tripulación para los españoles, tiene novia a bordo, una bailarina inglesa con la que inició una relación tan sólo cuatro meses después de embarcar con Costa.
Otra leyenda, esta vez que cae: el capitán del buque puede casar, en el caso de los barcos con bandera italiana, a aquellas parejas en las que peligre la vida de uno de sus miembros, según aclara el propio capitán, Giacomo Longo, al que también se accede durante esta excursión y que recibe al crucerista en el mismísimo puente de mando.
32 cocinas distribuidas en 8 sectores. En cada uno de ellos se hacen los postres, las pastas, el pescado, los cocidos. 120 cocineros. 120 camareros. "La cocina nunca para", asegura Jairo. De ahí los tres kilos que casi garantiza la naviera que se cogen en un crucero de una semana. De hecho, se calcula que cien personas a la vez trabajan, por ejemplo, durante una cena. Para su buena marcha, Jairo Fernández cuenta que dos jefes de cocina ejercen de guardia urbano y dirigen el tráfico de personas en el interior de las cocinas para así optimizar el flujo de cocineros.
Y otro órgano vital para la estructura del barco: la lavandería. Por ella pasa toda la ropa del barco. La del buque en sí y la de todo aquel crucerista que necesite de su servicio. Para ello, el Costa Atlántica cuenta con 30 lavadoras, cada una con capacidad para 130 kilos de ropa. Pero tras el lavado está el planchado: manteles, uniformes, delantales, sábanas, toallas... Son 21.000 sábanas y almohadas.
Pero antes de entrar en el puente de mando, un paso por el cerebro del barco. Un lugar desde el que se controla el sistema operativo, el carburante, la electricidad. De este punto depende la seguridad de la nave, por lo que requiere que dos personas estén siempre de guardia las 24 horas del día. Dos personas y una buena ración de ajo, para luchar contra la mala suerte al más puro estilo italiano.
Ya en el puente de mando, un experimentado y ya sexagenario Giacomo Longo se somete a las preguntas de los periodistas y cuenta historias de casos emergencias habidos en su currículo.
Y para poner fin a esta inmersión, una ración de datos. A bordo del Costa Atlántica se consumen 3.113 kilos de buey, 3.228 de aves, 467 de cordero, 2.369 de pescado, 697 de ternera, 982 kilos de cerdo, 983 de marisco, 1.238 de pasta, 1.718 kilogramos de arroz... 3.400 botellas de vino, 2.000 litros de cerveza de barril, 3.700 botellas de cerveza. Y otra cifra: en una semana se consumen 750 kilómetros de papel higiénico.
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