Cádiz

"Tener edificios vacíos como el Olivillo es una barbaridad"

  • Entrevista. José Ángel o Pepe Ángel González: un hombre clave en la transformación del barrio del Pópulo desde el Plan Urban y un gaditano comprometido con su ciudad

PlDE hacerse la foto de la entrevista en Entrecatedrales, un equipamiento del siglo XXI en mitad de un patrimonio de diferentes siglos. "Es más un estado de ánimo que un edificio. Hay que meterse dentro para saber qué significa, algo tan suave como una plaza que te hace levantarte del asfalto y te deja entre catedrales. Entre la catedral nueva, la vieja y el mar. O sea, lo que es Cádiz". José Ángel González, Pepe Ángel para todos, elige así su lugar favorito en El Pópulo, el barrio al que ayudó a transformar desde la gerencia del Plan Urban.

-¿Se considera 'culpable' de la transformación del Pópulo?

-Sí. Me agrada que me consideren 'culpable', pero el mérito no ha sido mío exclusivamente. De todos los compañeros, de Teófila, de las corporaciones municipales…

-¿Y los vecinos?

-Los vecinos han sido la clave. Es un barrio diferente. Cuando se abre allí un negocio todos los vecinos lo ayudan para que salga adelante. Antes no ocurría eso, no querían que se abriera el Pay-Pay ni más bares. Algunos querían solo cajas de ahorro. Hasta que se convencieron de que el barrio tenía un potencial enorme. El Pópulo, antes, tenía todos sus atractivos en el perímetro: Teatro Romano, Catedral... Ahora los tiene dentro.

-¿En agosto 2001 publicaba este Diario que 'El Urban no consigue convertir al Pópulo en un barrio artesanal'. En la misma página, usted aseguraba que el barrio "va lento, como todo lo que se consolida". Tenía usted razón.

-Poco a poco se hacen las cosas. No se puede hacer un barrio artesanal de la nada, de repente. Es un sistema de cristalización: se pone un cristalito, sedimenta otro, se coloca otro y al final acaba en una roca sólida. Si le echas grava encima, viene la marea y se lo lleva.

-¿Cómo surge su relación con el Pópulo?

-Me hicieron asesor municipal del Urban para este barrio y Santa María. Fue lo que más satisfacción me ha dado en mi vida profesional, lo que mejor he hecho y lo que más se ha notado en Cádiz. Generó una dinámica de confianza, de que las cosas se pueden acabar a pesar de que esta ciudad tiene fama de no acabar nada.

-Cuando había dinero, claro.

-Efectivamente. Lo difícil era gastarse el dinero de la Unión Europea en el plazo que daban. Gastar dinero oficial no es tan fácil, hay que cumplir muchos requisitos para justificarlo. A nivel administrativo es muy difícil.

-Más difícil es cuando no hay un euro.

-Por supuesto. Así es imposible.

-¿Por qué la transformación de El Pópulo no se ha aplicado en otros barrios de la ciudad con necesidades?

-Sencillamente porque no hay dinero. Se intentó un Urban-2 que no fue aceptado. Para San Juan y La Viña. Problemas financieros de una Europa en las últimas. Sin dinero es casi imposible. Y si la asociación de vecinos no lo ve, no se puede hacer nada. En el Pópulo tuvimos la suerte de tener al lado el movimiento vecinal.

-¿Cuál es la mayor barbaridad arquitectónica que se ha cometido en Cádiz en los últimos tiempos?

-Se han cometido muchas, pero eran exponentes de una época. Hay cosas malas y buenas. Del siglo XX destaco como positivo a todo lo de Sánchez Estévez. Hay verdaderos mamarrachos, sin sentido, de una época en la que se equiparaba rascacielos con progreso. En Cádiz no hacen falta alturas. Afortunadamente sólo tenemos dos o tres puntitos de contaminación arquitectónica: los pisos de Hollywood junto a La Caleta, el edificio del Anteojo y los pisos del Campo del Sur a la altura de La Viña.

-Muchos edificios vacíos: Olivillo, el IES Rosario, Náutica….

-Es una pena. El Olivillo es una patata caliente que no saben qué hacer con ella. Tirarlo estaría mal visto, pero no hay dinero ni ganas para revitalizarlo. Clama también al cielo el colegio mayor cerrado en una ciudad que lo necesita. Tener estos espacios vacíos es una barbaridad.

-Hábleme de su otra pasión: la música.

-Mi madre tocaba el piano y nos entusiasmó. Nos compró una guitarra. Ahora, la música se aprende hasta por Youtube. Es muy fácil aprender. Entonces, una guitarra era algo por descubrir en las manos de unos niños. Era divertido porque cada día era un logro. Un misterio. Empezamos a tocar, a montar canciones. Y conocimos a Encarna, que daba clases de música en Las Esclavas. Nos trajo un corito de niñas que se adherió a la pandilla. Mi hermanoVenancio y yo empezamos a hacer canciones y montamos el grupo folk 'Argos'. Dábamos recitales en los cursos de verano. Eran los primeros años de los 60. Tocábamos de los Shadows, de Los Pekenikes... Antes de los Beatles, ya nosotros llevábamos el pelo más largo. Nos acostumbramos a dar música en público, porque la música está más para darla que para recibirla. Recuerdo que llegamos a meter las guitarras en la parroquia de Santo Tomás.

-Lo dice como si fuera un riesgo, una temeridad.

-Y tanto. El obispo nos echó de la parroquia, nos dijo que de guitarras, nada. Hicimos entonces misas clandestinas en el Hogar José Antonio. Las canciones de folk las adaptamos a los salmos. Hasta entonces sólo se cantaba Perdona a tu pueblo y nosotros fuimos rompedores metiendo músicas de Peter, Paul and Mary, Los Beatles, Serrat...

-Vaya tiempos aquellos.

-Le dieron un homenaje a Pemán en el Casino Gaditano y actuamos nosotros. Hicimos un recital de poetas andaluces, incluyendo a Miguel Hernández. La música era mía. Pemán, cuando acabamos, se me acercó y me dijo: "Pepe Ángel, porque esta gente no sabe quién es Miguel Hernández, que si no estaríais todos en la cárcel".

-¿Se considera usted un bohemio?

-Soy un aficionado a la bohemia. Me gustaría serlo, pero tengo demasiadas responsabilidades como para entregarme a la bohemia. Me gusta el trabajo, el trato con la gente, las responsabilidades, los logros... me temo que son cosas reñidas con la bohemia.

-¿La barba es una seña de identidad de la familia?

-Siempre la hemos tenido, los tres hermanos. Y el pelo largo. Desde muy jóvenes.

-¿Una forma de ir contracorriente en aquella época?

-No, una forma natural del vivir. Consideramos absurdo afeitarse. Si sale pelo en la cara tendremos que tenerlo, como nos pasa en la cabeza.

-Pero eso entonces no estaba bien visto.

-Para nada. Me decían por la calle: "guarro, pélate". Menos mal que mis padres nos educaron en la libertad y nos enseñaron a saber usarla. Nunca nos dijeron nada.

-Fue presidente del jurado del Concurso de Agrupaciones en 1998. ¿Cómo fue aquella experiencia?

-Estupenda, magnífica, increíble. Me gustó porque es como comértelo todo. Es meterse de lleno en un mundo. A partir de ahí entendí mejor todavía lo que hacen las agrupaciones. Se les ve con más cariño y respeto por la dedicación de cuatro meses teniendo cada componente su vida aparte. Se debe respetar mucho a los grupos.

-Conectando esto con su profesión, ¿qué opinión le merece el culebrón del Museo del Carnaval?

-El Ayuntamiento me preguntó al principio qué me parecía instalarlo en las bóvedas de Puertas de Tierra. Dije que era una locura porque el Carnaval no se puede despachar con dos bóvedas y diez millones de pesetas. Y me pidieron entonces que elaborara un documento que explicara qué es un Museo del carnaval. Ayudado por Valdivia y Martínez Ares lo condesamos todo y lo presentamos. Me dijeron que "así se puede hacer un Museo". El Museo del Carnaval debe llevar Carnaval. En un museo de pintura no está la boina de Dalí o los pinceles de Velázquez. No interesa a nadie. En uno de Carnaval, lo mismo. No se pueden poner dos disfraces, una caja y fotos de agrupaciones antiguas en la pared. Tiene que entrar un señor que no sepa de qué va el Carnaval y al acabar el recorrido saber qué es el Carnaval. Sumergirse en la fiesta a través de un museo.

-Pero... veinte años después seguimos sin Museo del Carnaval.

-Este Cádiz es así. Yo hice las bases del concurso de ideas. El proyecto ganador de Rafael de Giles me parecía adecuado. Expandía sus brazos por La Viña. Aunque en Cádiz puede estar donde nos parezca, porque el Carnaval en la Viña es de pocos años para acá. El museo estaba ahí y debimos aplaudirlo todos, aunque a algunos les pareciera feo. Da igual, había que hacerlo. ¿Ahora qué? Habrá que buscar otro sitio. No es que haya que hacerlo es que es absurdo que aún no esté hecho. Un museo interactivo, como Dios manda. Que sirva de atracción, no un museo hecho para los gaditanos. En Cádiz tenemos que dignificar muchas cosas, entre ellas el levante.

-¿El levante?

-El levante es bueno aunque muchos no lo crean. Es otra guerra que tengo hace tiempo. Es molesto, pero otorga un clima estupendo, limpia el aire, es una energía que viene de la naturaleza. Es divertido que te pegue en el cuerpo. Hay que sacarle partido a todas las cosas de Cádiz. Y al Carnaval no se le ha sacado partido como se debiera. En verano todo el mundo mete Carnaval en sus programaciones. El Carnaval vende fuera de febrero y hay que usarlo como locomotora para atraer gente.

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