Cádiz

"Solucionar la indigencia pasa por la familia"

  • El franciscano José Luis Salido cierra su etapa al frente de Alvernia y la Casa de Viudas y se concentra en su labor en el convento gaditano y el mundo cofrade

José Luis Salido llegó a Cádiz como secretario provincial de la Orden de los Franciscanos. En ningún momento por su cabeza se le había pasado que en esta ciudad su vida pastoral iba a dar un cambio radical.

Nacido en Jerez en 1943, con apenas 16 años ingresó en la Orden en Chipiona, ordenándose sacerdote en esta ciudad en 1966. Hasta su traslado a Cádiz, tanto en Valencia como, sobre todo, en Granada, centró su trabajo en la gestión de internados y residencias universitarias relacionadas con los Franciscanos. Una labor intelectual radicalmente diferente a la que emprendería en Cádiz.

"Siempre he dicho que Dios ha dirigido mi vida, en este camino me puso por delante a Dora Reyes", recuerda en una conversación mantenida con este Diario en el patio del convento gaditano.

Dora Reyes ya era en 1982 una auténtica institución en la ciudad en todo lo relacionado con la atención a los más necesitados. "De su mano me fui metiendo en el ambiente de los necesitados y los indigentes. Entonces conocí la Casa de Viudas de Santiago Terry, que entonces llevaba el padre Enrique Arroyo. Éste pretendía dejar la gestión del centro en manos de Dora, pero los estatutos dejaban claro que el patrono debía ser un sacerdote, y me llamó a mí en 1991, aunque yo no tenía ni idea de cómo se realizaba esta tarea".

Recuerda Salido que se encontró una institución en la que estaban acogidas trece mujeres que residían en un edificio que estaba "en muy malas condiciones". Se puso así a buscar financiación porque se marcó como objetivo reformar íntegramente el edificio. De nuevo Reyes le guió por la senda adecuada y le puso en contacto con el entonces viceconsejero de la Junta Fermín Moral. La Junta puso el dinero y en apenas un año el centro estaba listo, sin ninguna deuda y con las plazas concertadas con Servicios Sociales. Estamos en 1994. Hoy, se atienden a 35 mujeres.

La experiencia adquirida y la eficacia con la que se llevaba el día a día del centro provocó que la Diócesis pusiese en sus manos la futura gestión de la Casa de Viudas. En esta tarea no le pudo acompañar Dora Reyes, fallecida años antes en un accidente de tráfico en el que el propio Salido resultó herido. Aún lamenta Salido la pérdida de Reyes, a la que considera una persona única "por su carácter, por su forma de ser. Era fundamental en todo lo relacionado con la ayuda a los necesitados".

El franciscano logró dinero, de nuevo de la Junta y de nuevo de la mano de Moral, para reformar la Casa de Viudas, consiguiendo lo que durante años no habían podido llevar a cabo distintas administraciones públicas. El centro cuenta con 76 residentes y 20 mayores en atención diurna. Junto al centro de Santiago Terry se da empleo a 75 personas.

Con ambos centros ya en marcha, el franciscano ha decidido dejar la dirección de ambos. "Me lo ha pedido mi médico. Es cierto que cerrar las cuentas a final de mes era un auténtico suplicio que afectaba a mi salud", reconoce. En todo caso, ha dejado Alvernia en buena situación, de la mano de la Fundación Pinillos "que permite garantizar su continuidad".

En todo caso, José Luis Salido no se jubila y seguirá en Cádiz. Ha reanudado su labor como administrador provincial de la Orden, sigue implicado en la vida diaria del convento franciscano de Cádiz y en la dirección espiritual de la cofradía del Nazareno del Amor, además de ser el capellán de los dos centros asistenciales. Tras treinta años metido de lleno en la vida de las personas más necesitadas de la ciudad, ve muy complicado encontrar una solución a la situación de pobreza.

Para José Luis Salido, todo debe girar alrededor de la familia. "Poner en marcha muchos centros asistenciales puede ser al final un error, ya que contar con este apoyo supone que cuando hay un problema personal se opte por la escapada, sabiendo que van a ser atendidos, en lugar de esforzarse por salir de esta situación".

Ahí es donde debe involucrarse la familia y funcionar de la manera más adecuada. "No hay aguante, hay que tener capacidad de superación, de formación, de madurez", reclama el franciscano.

Metido de lleno en una profunda crisis económica, considera que el índice de indigencia en la ciudad se ha mantenido en estos años, aunque ahora reclaman alimentos los que él denomina como "pobres avergonzados", que se llevan la comida a su casa.

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