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Salón del obispo en Río Arillo

Historias de Cádiz

Ceremonial de entrada en la diócesis de los nuevos prelados llevada a cabo en el molino de mareas l Saludo en la iglesia de San Juan de Dios y toma de posesión en la Catedral

El obispo López Criado llega a Río Arillo. 1918 / Archivo
José María Otero

12 de diciembre 2021 - 06:00

La entrada de los obispos a sus respectivas diócesis han estado siempre acompañadas de un complejo ceremonial y curiosas tradiciones. Es el caso de la diócesis de Orihuela-Alicante donde es costumbre, que sigue vigente, que el prelado entre la ciudad a lomos de una mula blanca. En la puerta antigua de la ciudad, el alcalde pregunta ceremonioso:

- ¿Quién va?

Y los que conducen la mula responden:

-El obispo, que entra en Orihuela.

En Cádiz también existía, durante muchísimos años, un curioso ceremonial que daba comienzo en el molino de mareas de Río Arillo, inicio del término municipal y donde incluso existía un salón denominado ‘del obispo’, donde tenían lugar las ceremonias protocolarias para recibir al nuevo prelado de la diócesis.

El nuevo obispo dormía la noche anterior en alguna población cercana a Cádiz, normalmente en Chiclana. Muy temprano y tras oficiar misa acudía a San Fernando para rezar en la iglesia mayor parroquial. A las doce de la mañana llegaba a Río Arillo acompañado del alcalde y demás autoridades de San Fernando. Allí ya se encontraba el Ayuntamiento de Cádiz bajo mazas, acompañado de maceros, clarineros y algunos invitados. El alcalde abría la puerta del carruaje que trasladaba al prelado y pronunciaba unas breves palabras de saludo y bienvenida. A continuación todos marchaban al interior del molino de mareas, cedido por su propietario para la ocasión.

En la casa principal de este molino existía el llamado precisamente ‘salón del obispo’, una habitación que era acondicionada para la ocasión por el Ayuntamiento. Allí se colocaban algunos reposteros y alfombras y un sillón donde el nuevo obispo tomaba asiento. Los asistentes, encabezados por el alcalde de Cádiz, pasaban a besarle el anillo. Terminada esta breve ceremonia, los que había asistido al acto tomaban un pequeño aperitivo servido por el Ayuntamiento en el mismo molino de mareas. En el caso del obispo Rancés, en 1899, fue la Cervecería Inglesa de los Hermanos Leal, la encargada de servir este refrigerio, compuesto, como señala Diario de Cádiz, de sandwiches, pastas y vinos.

Molino dd mareas de Río Arillo

En numerosos carruajes marchaban los asistentes hacia Cádiz. Abrían el cortejo los batidores, maceros y clarineros, marchando el nuevo obispo en un vehículo cedido para la ocasión por alguna familia de Cádiz y en el que tomaba asiento junto al gobernador, alcalde y chantre de la Catedral. Existía en nuestra ciudad la costumbre de que muchas familias acudieran en sus carruajes a acompañar al prelado en su entrada. En el caso del citado obispo Rancés fueron unos cuarenta coches de caballos, además de los oficiales, los que escoltaron al prelado desde Río Arillo a la plaza de San Juan de Dios. Estos coches de caballos se situaban a ambos lados de la carretera con sus ocupantes pie a tierra. Cuando pasaba el obispo, las señoras se inclinaban, los caballeros se descubrían y todos subían al carruaje para incorporarse a la comitiva.

Cuando el cortejo pasaba por la iglesia de San José, se enviaba aviso al Ayuntamiento para que la campana municipal comenzara a repicar. Todas las campanas de la ciudad comenzaban entonces un alegre repique que servía de aviso a la población de que el nuevo pastor estaba llegando y acudiera a recibirlo.

La comitiva atravesaba las Puertas de Tierra y por la calle Plocia llegaba hasta la plaza de San Juan de Dios, donde el obispo recibía los honores militares correspondientes. Algunos prelados decidían a continuación hacer entrada solemne en la Catedral, mientras otros preferían dejar esta ceremonia para un día posterior.

En este último caso las ceremonias solemnes comenzaban el día fijado con la salida del obispo de su Palacio Episcopal acompañado por los párrocos de la ciudad hacia la iglesia de San Juan de Dios, donde era esperado en la puerta por el hermano mayor de la Hermandad de la Santa Caridad y su junta de Gobierno. En esta iglesia, el obispo tomaba asiento en el presbiterio y recibía el saludo de los miembros del Cabildo Catedral. El Ayuntamiento de Cádiz entraba bajo mazas llevando en su seno al gobernador civil de la provincia. El alcalde pronunciaba las siguientes protocolarias palabras:

- “En nombre del culto pueblo de Cádiz, que tengo la alta honra de representar, presento a Vuestra Ilustrísima testimonio de adhesión y profundo respeto”.

Terminado el saludo de autoridades, los hermanos d e la Caridad que habían asistido al acto pasaban a besar el anillo pastoral.

El Ayuntamiento bajo mazas y con el obispo ocupando la presidencia marchaba a continuación a la Catedral atravesando para ello la calle Pelota. Al llegar a las escaleras de la basílica, el alcalde se dirigía al deán en voz alta para que todos oyeran:

-El Ayuntamiento de Cádiz tiene la honra y la satisfacción de entregar la persona del nuevo obispo.

El deán contestaba a su vez:

-Recibo.

Las puertas de la Catedral se abrían, las campanas repicaban y el coro comenzaba a entonar el Te-deum laudamos. El nuevo pastor entraba en la basílica y procedía a arrodillarse en el altar mayor. Finalmente daba la bendición solemne a todos los fieles.

Por último, una vez retirados el Ayuntamiento, autoridades y los fieles asistentes, el nuevo prelado acudía a la sacristía de la Catedral acompañados de los canónigos para jurar los estatutos y firmar los libros y las actas correspondientes.

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