Rita Ramos encuentra un piso de alquiler en el barrio de Loreto
La okupa de la calle Grazalema formaliza el contrato de la vivienda que va a habitar
La tranquilidad ha llegado a la casa de Rita Ramos y Rafael Jurado. Hace dos semanas debía cumplirse la orden del lanzamiento judicial de la vivienda propiedad de la empresa municipal Procasa que ocupaban junto a sus hijos Abel y Paola en la calle Grazalema. En un arrebato, y ante la dramática situación que se le venía encima, Rita estuvo a punto de quemarse a lo bonzo en las oficinas de Procasa ante el concejal Pablo Román para intentar evitar el desalojo. Pero tras cuatro aplazamientos y un nuevo periodo para buscar una solución final, ayer firmaron el contrato de arrendamiento por un año del piso que van a habitar en la calle Infante de Orleans, 7, en el barrio de Loreto.
Una nueva vida que se abre en unos días, los que tarden en guardar todas las pertenencias y trasladarlas a la nueva casa. Una solución momentánea, ya que el inmueble no reúne las condiciones que necesita Rafael, con dos prótesis en la cadera por una necrosis ósea lateral y enfermo con un cáncer de cabo, ya que no dispone de ascensor y la vivienda está en un tercer piso. Aun así, la familia va a dar un cambio de rumbo a su vida abandonando la casa que ocupan en la actualidad y a la espera de lo que pueda depararles el futuro.
Tal como explicó Rita, el piso consta de tres dormitorios, por el que pagarán una renta de 550 euros mensuales, de los que el Ayuntamiento se ocupará del 90% del importe durante seis meses, siendo esta ayuda prorrogable. Por su parte, la familia se ha hecho cargo del mes de fianza, el mes que le corresponde a la inmobiliaria y el primer mes de alquiler a partir de la ayuda que ha recibido por los espectadores del programa 'Tiene arreglo', de Canal Sur, y la colaboración del empresario José Ignacio Nalda, que figura como avalista.
A partir de ayer mismo ya comenzaron los preparativos para abandonar la casa de la calle Grazalema, aunque Rita y Rafael desconocen el plazo que van a tener para dejar esta vivienda. "Le he comentado a la asistenta que mañana -por hoy- lo hablábamos y ya me dirán si tenemos dos o tres días. Mis cosas las puede guardar mi cuñada en la macetilla y tenemos que prepararlo todo para que el Ayuntamiento haga solo un porte con los muebles", comentó.
De la nueva casa, Rita contó que, a diferencia de la que en principio iban a alquilar por la zona de Los Molineros, "en esta casa cada uno puede dormir en su cuarto, pero el problema es que es un tercero sin ascensor. Mi marido cuando subió las escaleras se ha dado cuenta que esto no es sitio para él, pero la asistenta nos dijo que cogiéramos ahora esto y ya, con más tiempo, a ver si podíamos buscar otra cosa".
Ahora, con la tranquilidad de tener un techo bajo el que cobijarse, es momento de la reflexión sosegada de lo que pudo pasar y que, felizmente, no ocurrió. "Cuando veo la cara de mis hijos sí que me arrepiento. Yo no puedo perderlos por una casa de 50 metros sin luz y sin agua. Ellos no están acostumbrados a estas cosas y me dicen que 'qué hubiéramos hecho sin ti', pero en ese momento sentí impotencia", relató.
Ahora, sus esperanzas para salir adelante están puestas en la posibilidad de un trabajo para sus hijos a partir de los cursos de formación que van a hacer en Fuerteventura durante tres meses. "Mi hija -Paola- está muy ilusionada. Me dice que quiere emprender una vida y ayudarnos. Ha tenido una depresión con todo", apuntó. Una oportunidad para encontrar la estabilidad.
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