Cádiz

Quietos paraos

  • La crisis crucifica a los pueblos pequeños. En Paterna una de cada tres personas busca trabajo y los empleos públicos se rotan cada mes · El Ayuntamiento quiere animar con su bolsa de empleo del siguiente modo: se trabaja un mes y se deja el puesto a otro

La partida de tute podría ser a cien mil puntos. No hay prisa. En el bar de la plaza de Paterna pintan bastos entre los parroquianos que matan el tiempo a golpe de naipe. Con 5.300 habitantes y 900 parados el único excedente es el tiempo. Hay para exportar mundialmente. Hay tanto que la gente no sabe qué hacer con él y, por eso, lo mata.

"¿Que qué hacemos aquí? Aburrirnos". Tres jóvenes salen de la desahogada oficina de empleo del pueblo de la provincia que, porcentualmente, tiene una mayor tasa de paro. Uno de cada tres habitantes busca trabajo. Dos chicas de 22 años y un chico de 20 aspiran a un puesto en la nueva gasolinera de El Pedroso, a ver si suena la flauta. Mientras tanto, estudian alemán. "Es importante saber alemán en Paterna, esto está lleno de alemanes", bromea el chico. A Paterna hay que llegar queriendo, hay que esforzarse por llegar y no se conoce a ningún alemán que haya hecho ese esfuerzo. En la conversación con el funcionario del SAE los tres han contestado afirmativamente a todas las preguntas. "¿Cursillos?" "Tengo para empapelar mi habitación con los títulos de los cursillos", ha dicho una de ellas.

Aburrimiento. La palabra se escucha cada vez que se lanza una pregunta. "¿Qué hay en Paterna?" "Aburrimiento". La página web del Ayuntamiento informa del ocio: fiestas patronales y el resto, actividades deportivas o bares de copas, en construcción. Una técnico administrativo en paro con un hijo de 22 años resume a grandes rasgos el ocio juvenil. "Los fines de semana vienen los de Alcalá y se pelean con los de Paterna. Al fin de semana siguiente, el partido de vuelta". "Nosotros no salimos. Siempre se acaba a tortas", resume uno de los miembros del inseparable trío que pasea sus carpetas por la población.

El Ayuntamiento quiere animar con su bolsa de empleo del siguiente modo: se trabaja un mes y se deja el puesto a otro. Ernesto, de 33 años, trastea en una nave donde duermen las carrozas de la Cabalgata. Es su primer día de su primera rotación y el primer sueldo que va a ganar en meses desde que se hundiera la construcción. "Luego me iré a Jerez a buscar trabajo. Aquí ya sé que no hay nada". Ni siquiera queda la remolacha. Se redujo el cupo y los herbicidas acabaron con las peonadas de limpieza del campo. "Hay más trabajo para mujeres con las zanahorias de Benalup que para los hombres".

Estructuras inacabadas de ladrillo y montañas de arena del último día de tajo asaltan las calles. En el bar El Ruiseñor Juan, de 54 años, apura un anís. Ya no se acuerda de lo que es trabajar. La última vez fue en junio. Ahora pasea papeles. Muestra uno con su nombre con el rimbombante título de 'mejora de la empleabilidad'. "¿Eso da trabajo?" "No, pero es como las pipas Reyes, no alimenta, pero entretiene". ¿Y de qué vive Juan? "El espárrago, la tagarnina". Hacemos cálculos. "Si recojo dos kilos de espárragos ya soy un rey y si le saco doce euros a los dos kilos no te cuento. Eso sí, no vengas a venderlos a Paterna porque te encontrarás con que todos los demás vienen de lo mismo, de coger espárragos y tagarninas". Lo que tiene Paterna es tiempo. Y nadie compra el tiempo cuando éste está quieto.

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