el desarrollo de la ciudad | la apertura del segundo puente

El Puente como reclamo turístico

  • Las grandes infraestructuras se han convertido en iconos de ciudades como San Francisco o Sidney. Hay tiendas y páginas web donde se venden productos relacionados con estos puentes

Puedes beber un refresco en un vaso con el dibujo del puente Golden Gate que ha costado 8,95 dólares; llevas una camiseta con el mismo dibujo por la que has pagado cerca de 15 dólares, mientras que te llevas una maqueta de esta paso elevado tras abonar otros 150 dólares. Los gastos los apuntas en una libreta, también con el Golden Gate en su portada, que te ha salido por 9,95 dólares.

Las estanterías de la tienda virtual de la web del Golden Gate es una parte de más de la capacidad por sacar rédito a una infraestructura viaria, más allá del uso para lo que fue construida: unir las dos orillas de la Bahía de San Francisco y mejorar el acceso a una de las capitales más bulliciosas de los Estados Unidos.

Construido entre 1933 y 1937, con un coste que actualmente rondaría los 900 millones de euros, el puente es atravesado cada día por más de 100.000 vehículos, con pago de peaje incluido. Junto a los seis carriles para el tráfico rodado dispone también de pasarelas exclusivas para los peatones y los ciclistas.

El Golden Gate ha cumplido con creces el objetivo para el que fue construido. Pero hace ochenta años quienes lo promovieron sin duda no se imaginaron que esta estructura se iba a convertir en el principal icono de la ciudad de San Francisco, en su principal referente turístico, en su principal imagen de cara al exterior y, sobre todo, en un imán (que también se venden en su web por 11,95 dólares) para los visitantes pues se calculan que acuden al mismo cada año unas nueve millones de personas. Al fin y al cabo, el Golden Gate, escenario igualmente de muchas películas y series de televisión, está considerado como el quinto elemento arquitectónico de los Estados Unidos

Ahora, incluso, se plantea la idea de posibilitar la escalada de las dos torres del puente, de 220 metros de altura cada una, como forma de incrementar los ingresos de la administración que gestiona esta infraestructura. No es, en todo caso, una idea novedosa. El puente de Sidney, otro icono de esta ciudad australiana, también se puede escalar previo pago de unos 140 euros por persona.

El Golden Gate tiene un gálibo de 67 metros y recorre una distancia de 2,7 kilómetros; en la otra punta del país, el puente de Brooklyn es también uno de los grandes emblemas de su ciudad, Nueva York. Un puente igualmente con pasarela peatonal y para ciclistas que le permiten recorrer sus 1.825 metros, ofreciendo unas imágenes de la ciudad de los rascacielos espectaculares, especialmente gracias a la iluminación ornamental que se puso en marcha en esta estructura en la década de los ochenta del pasado siglo (por cierto, también se pueden tener puzzle, camisetas o póster de este puente).

Y puestos a buscar iconos en Europa, el puente de Londres (Tower Bridge), construido a finales del siglo XIX y que dispone también de un amplio catálogo de mercancías con su más que reconocida imagen, incluyendo cojines y llaveros; un puente que, además, cuenta en una de sus torres con una exposición permanente en que se relata su historia.

En Cádiz, el puente de la Constitución de 1812, cuya apertura se espera para este año, aporta cifras que igualan o superan a las estructuras mencionadas: longitud, altura, gálibo…, situándolo entre una de las mayores infraestructuras de estas características de todo el mundo.

Un icono no se crea en un día, pero el puente de la Constitución de 1812 puede jugar este papel en una ciudad que no tiene, o quiere tener, o no ha sabido tener, estructuras arquitectónicas capaces de convertirse en la imagen exterior de la ciudad, y todo a pesar de disponer de fortificaciones, murallas e incluso algún monumento relevante que, en cualquier ciudad volcada en el cuidado y mimo de su legado se hubiera sabido aprovechar mejor.

Así pues, se abre la posibilidad de aprovechar el tercer acceso a Cádiz como el icono de la ciudad. Es cierto que como ciudad no somos ni Sidney, ni San Francisco, ni Nueva York ni, mucho menos, Londres, pero también es cierto que en la última década Cádiz ha comenzado a posicionarse como una capital con un evidente potencial turístico, no sólo gracias a los cruceros sino también al turismo de alto nivel que, en pequeños grupos, comienza a descubrir la ciudad.

Y aquí nos encontramos, en cuestión de unos meses, con un inmenso puente que une las dos orillas de la Bahía. Y queda en nosotros, no sólo en las autoridades públicas sino también en la iniciativa privada, la capacidad de aprovechar esta gigantesca obra de la ingeniería como un referente turístico esencial de la ciudad. No serán los diez millones de personas que cada año visitan el Golden Gate de San Francisco, pero una buena promoción exterior sería capaz de atraer a un turismo interesado, entre otras cosas, en estas infraestructuras. Si hay gente que va a Madrid o a Barcelona para visitar el Santiago Bernabeu o el Camp Nou, si en la Rioja se visitan las grandes bodegas, también aquí se puede crear un 'nicho' turístico novedoso: la visita al puente de la Constitución de 1812.

Para hacer factible este apuesta sería necesario poner en la mesa un proyecto, a ser posible con tiempo para su desarrollo antes de que se efectúe la inauguración del puente, que dado su calado es de suponer que contará con las más altas autoridades del Estado, y permita aprovechar la publicidad gratuita que supondrá la publicación en los medios de comunicación, de medio mundo, de su puesta en marcha.

No hay mucho que inventar, basta con ver lo que se está haciendo en otras infraestructuras (algunas ya las contamos aquí), y preparar una estrategia comercial que nos permita contar con todo este material (camisetas, libros, cuadernos, copas, vasos, tazas, bolsos, juegos, puzzles…) a buen precio y de buena calidad; y a ser posible, acompañado por otros productos de la ciudad igualmente promocionables (ahí está pendiente el Yacimiento Fenicio, las murallas, el Oratorio o, algún día, el Teatro Romano)

Junto a la tienda, física y virtual, cabe completar el aprovechamiento del puente con la apertura de un Centro de Interpretación, o como quiera denominarse, del mismo (aspecto éste del que ya habló en su día la alcaldesa), así como diseñar rutas por el mar para su visita, cuidar al máximo su iluminación ornamental (especialmente en las fiestas) e incluso plantear su recorrido a pie para lo que se podía aprovechar el carril destinado al tranvía, lógicamente con todas las medidas de seguridad para el viandante.

Somos muy dados en esta ciudad en perder grandes oportunidades para nuestro propio desarrollo. Frente a la agilidad de otras capitales (y no siempre mayores que la nuestra), en Cádiz cuesta mucho aprovechar nuestros potenciales (castillos, murallas, lazos históricos con América, restos arqueológicos e incluso nuestra fiesta más emblemática como es el Carnaval). Tal vez por una vez podemos ir a la par con la realidad.

Teófila Martínez coincide con el análisis de este periódico sobre la necesidad de aprovechar también el puente como un reclamo turístico de referencia. En su caso confía en que la iniciativa privada sepa sacar adelante propuestas en este sentido. "Hay que espabilar y buscar nuevas oportunidades de la que se aprovechen diseñadores, comerciantes, empresas turísticas. Todos tendrán ahora una buena oportunidad porque será un atractivo para la Bahía. Nosotros trabajaremos en la idea de poner en marcha un centro de interpretación, tal vez en el paseo inferior del puente, que sirva para explicar una obra de ingeniería que es única".

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