Mutis por el foro de la memoria
Crónicas urbanas
El primer viaje para promocionar el 2012 ha traído un recordatorio. Mutis existe l Otros insignes gaditanos han caído en profundos olvidos. Al menos el rico legado del botánico será reivindicado
ANTE tanto ruido de fondo, la memoria hace mutis por el foro. En Cádiz sería imposible celebrar un Año Mutis. ¿Un año callados? Jamás. En Colombia llevan cien días de Año Mutis y no les ha pasado ná malo. Al contrario. Celestino Mutis nació en Cádiz, pero a los 29 años tiró hacia las Indias y jamás volvió. El ilustre científico, que contribuyó de forma decisiva en el estudio de la botánica del Nuevo Mundo, la apertura de miras a través de los principios copernicanos y la propagación del pensamiento libertario, dejó más huellas en América que en Cádiz. Colombia se vuelca en el bicentenario de su muerte. En Cádiz, ni flores; si acaso alguna ofrenda floral. Por ventura, el convenio de ida y vuelta va a promoverá una gran exposición en torno a la figura de tal eminencia médica el próximo año. Mutis, que se marchó de Cádiz en pleno esplendor, no como los gaditanos de hoy, que emigran para florecer en otros rincones del mundo, suena aquí a peña carnavalesca, a colegio público, a biblioteca municipal y a calle Celestino Mutis. Otros insignes gaditanos, mejor no mentarlos, han caído en profundos olvidos, al menos Mutis, y su rico legado investigador, será reivindicado gracias al futuro inminente. El primer viaje para promocionar el 2012 ha traído un recordatorio. Mutis existe.
Con emular un poco a Colombia, que organizará más de veinte actividades de aquí a la conmemoración de septiembre, la memoria de Mutis será recompensada. Exposiciones bibliográficas con más de tres mil volúmenes, plantaciones simbólicas de especies sometidas a estudio y clasificación por Mutis, recuperación y restauración de su casa y la ruta de Mutis serán algunos de los eventos. Cádiz se sumará al capítulo de exposiciones, publicaciones, becas e intercambio escolar. La plantación de especies parece más complicada, dada la escasez de zonas verdes. Quizá por ello cogiera Mutis el camino, y en lugar de encajarse en Castellón se dejó caer por una localidad colombiana de nombre Mariquita, se admiten chistes verdes, que para eso Celestino fue el primer ecologista del planeta, por la gloria de Newton y Darwin. Mariquita se llama el pueblo colombiano de Mutis, tiene guasa la cosa, pero no vale hacer travesuras con el gentilicio, ¿ehin?, que nos conocemos. Mutis se instaló en Mariquita, un pueblo con menos currículo pero más memoria que Cádiz. En el reciente periplo municipal, causó perplejidad que Colombia presentase el Año Mutis a todo color y Cádiz presentase... sus respetos y poco más. Menos mal que rectificar es de sabios. Mutis lo era. Sabía tela de plantas y animales. Y de las paradojas del ser humano.
La labor de Mutis resultó tan fructífera, a la vista está en los libros, que el presidente colombiano, Belisario Betancourt, ejerce de gran conocedor de su obra, no en vano acaba de inaugurar el gran jardín bolivariano en su tierra y se apresta a pasear el nombre del gaditano por 1.099 municipios de su país. Dicen que colgarán carteles acerca de Mutis por todo el país. Tendrán el mismo éxito editorial que los carteles de los pescados de la Bahía de Cádiz.
Mutis fue hermano del bisabuelo del prestigioso escritor Álvaro Mutis, nombrado hijo adoptivo de Cádiz en 2002, año del soterramiento. A la sazón, Premio Cervantes de Literatura, el último eslabón de la cadena generacional del sabio dijo cosas muy bonitas tras recibir el galardón de manos de Rafael Román. "Cádiz no tiene arrugas, Cádiz tiene juventud y frescura. Conmigo se cerró el círculo Mutis".
Con motivo del segundo centenario del nacimiento del médico, físico, químico, botánico, astrónomo gaditano, su ciudad natal le dedicó el monumento ubicado en el parque Genovés, obra de José Gargallo. Tanto tiempo después, una centuria del tirón, un premio iberoamericano de botánica, que pretende perpetuar la memoria de Mutis, unos cuantos actos de homenaje a cargo de Ayuntamiento, Foro Libre y Ateneo se antojan justitos. El Ateneo propone que la estación de tren adopte el nombre de Celestino Mutis, aunque éste tomase las de Villadiego en barco, claro está, el 7 de septiembre de 1760, Dios mediante, como médico particular del virrey del Nuevo Reino de Granada, Pedro Messía de la Cerda, marqués de la Vega de Armijo. Llegaron a Bogotá el 24 de febrero de 1761, una tiradita, y Celestino comenzó ya a darle vueltas al Diario de las Observaciones, al Arcano de la Quina y a tantas maravillas de la creación. Por entonces no existía el Submarino Amarillo, así que don Celestino no llevó bufandas y camisetas amarillas, ni introdujo en el baúl de sus recuerdos cintas de Paco Alba. Por contra, aunque los correligionarios del fútbol, el capillismo y la copla no lo crean, en Cádiz latía con fuerza la cultura.
Buscando problemas, que es gerundio, Mutis propuso al Rey que pusiera en marcha una expedición botánica. Veinte años esperó el gachó. Más décadas ha esperado Cádiz el porvenir, si no lo sigue haciendo. Así que don Celestino esperó sentado el momento del redescubrimiento de América. Mientras tanto, se hizo cura y se matriculó en un gimnasio para prepararse, pues tenía ante sí la gran expedición, ocho mil metros cuadrados de zonas verdes y ni una inmobiliaria, ni un mc donald, qué alegría. Don Celestino se carteaba con los mejores científicos europeos.
Antes de su fallecimiento, víctima de una apoplejía, Mutis tuvo tiempo de elaborar un diccionario de lenguas del mundo, al estilo Payán pero a lo bestia, se interesó por la minería de plata y la destilación del ron, ay, pillín. Jamás habría pensado un hombre tan austero, alejado de vanidades, que años después daría el careto para los billetes de dos mil pelas y los doscientos pesos colombianos.
Bautizado en la parroquia de Santa Cruz, el célebre estudioso no limitó su abnegada tarea a la ciencia; se preocupó por el hombre, fomentó la lucha contra la superstición y la ignorancia, tan arraigadas ya mucho antes de que se inventase aquello del opio del pueblo, y enfrentó un evidente espíritu rupturista con el anacronismo y el oscurantismo de la época. Las llamas de la Inquisición pasaron a su vera; fue absuelto de milagro.
El levantamiento que él mismo inspiró con sus ideas renovadoras, sucedido en 1818, provocó el traslado de su legado a España, más de seis mil dibujos de otras tantas especies de la flora y fauna americana se encuentran a disposición de la curiosidad ajena en el Real Jardín Botánico de Madrid. En Cádiz, su memoria, a buen recaudo, pugna con el vandalismo físico y geográfico, el silencio cultural y las sombras de la historia. Por fortuna, a salvo de la mediocridad contra la que él luchó, y la mala educación imperante, la cultura selvática de los cafres que mataron los patos del parque. (ealcina.blogspot.com)
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