Música de Falla en la Catedral de Cádiz

Historias de Cádiz

El ilustre compositor gaditano estuvo pulsando el órgano de la basílica en abril de 1915 para unos pocos privilegiados l Visita a su ciudad natal antes del estreno de “El Amor Brujo”

Manuel de Falla en su juventud
Manuel de Falla en su juventud / Archivo
José María Otero

27 de agosto 2022 - 18:30

Hace algunos años, las personas que mostraban el Ayuntamiento de Cádiz a los visitantes contaban una curiosa historia de Manuel de Falla y la hermosa lámpara de cristal de Murano situada en el salón de plenos. Según esta historia, cuando Falla apenas era un niño fue aupado por sus familiares para que tocase unas notas musicales con los cristales de dicha lámpara. Añadía la historia que los presentes quedaron asombrados tanto de la musicalidad de la lámpara como de la genialidad del niño.

No sabemos si la historia anterior fue cierta o pertenece a la inventiva popular. Pero algunos años más tarde, un joven Manuel de Falla pulsó el órgano de la Catedral de Cádiz dejando oir algunas notas para unos pocos elegidos. Todavía no era un músico de fama y solamente algunos amigos sabían que se trataba de un genial compositor.

Ocurrió en 1915. Falla había completado su formación con Tragó y Pedrell, en Madrid y París, y había logrado estrenar algunas obras, pero era un desconocido para el gran público. En abril de ese año decidió pasar unos días en su ciudad natal antes de estrenar en Madrid uno de sus primeros grandes triunfos, “El amor brujo”.

El músico también tenía especial interés en preparar el estreno en Cádiz de su obra “La vida breve”, a cargo de la prestigiosa compañía de Sagi Barba. Esta obra había sido estrenada en Niza dos años antes, pero el compositor quería cuidar todos los detalles antes de ser presentada a sus paisanos.

En la estación de ferrocarril fue recibido por los hermanos José y Camilo Gálvez, Manuel Quirell, Melquiades Almagro y Angel Picardo. Tras descansar un rato en el Hotel Francia y París, Manuel de Falla emprendió un largo paseo por la ciudad, recorriendo los lugares más interesantes y recordando multitud de anécdotas familiares. Finalmente, Falla acudió con sus amigos a la Catedral, para ver con detalle las obras de arte que allí se conservan. José Gálvez, primer organista y maestro de capilla de la basílica gaditana, le invitó a tocar unas notas en el órgano.

El compositor gaditano interpretó de memoria algunos trozos de obras que recordaba de su niñez y también de obras suyas de reciente creación. Gálvez, Almagro, Quirell, Picardo y otros pocos afortunados quedaron verdaderamente sobrecogidos ante la música de Falla que, recordamos, aún no era conocido por el gran público.

Antes de retirarse a descansar, el músico gaditano dio otro paseo por Cádiz, acompañado por su amigo y mecenas Melquiades Almagro, para ver su casa natal en la plaza de Mina.

Para el día siguiente, los amigos organizaron una velada musical en el domicilio de Quirell, en la calle Rosario. Falla anunció que daría a conocer algunos fragmentos de la obra que iba a estrenar en los próximos día en el Teatro Lara de Madrid y que llevaba por nombre “El Amor Brujo”. Como autor del libreto figuraba el conocido escritor y hombre de teatro Gregorio Martínez Sierra, mientras que la protagonista principal sería la gran Pastora Imperio, que por entonces ocupaba el primer lugar entre las artistas de su género.

El compositor gaditano llegó a la calle Rosario acompañado de María de la O Lejárraga García, esposa de Gregorio Martínez Sierra. Muy pocos sabían entonces que esta mujer era la verdadera autora del libreto de “El Amor Brujo” y no su marido. Los convencionalismos de la época hacían que esta brillantísima mujer, maestra, traductora, escritora de indudable éxito y que años más tarde sería diputada al Congreso por el PSOE, tuviera que firmar siempre con el nombre de su marido.

Falla estuvo en primer lugar en el expositor de pianos de la casa de Quirell, en la planta baja, donde el propietario había colocado una lápida recordando que en ese lugar, el 16 de agosto de 1899, había celebrado Falla su primer concierto. Lápida que hoy se encuentra en la fachada de la casa de la calle Rosario.

En el salón principal de la familia Quirell, el músico gaditano interpretó para sus amistades varios pasajes de “ La vida breve” relatando al mismo tiempo algunas anécdotas ocurridas en Niza mientras preparaba el estreno de la obra. A continuación interpretó una preciosa “Montañesa “y por último ofreció a sus amigos algunos trozos de “El Amor Brujo”, próximo a estrenar.

Falla comentó a los presentes que estaba preparando otra ópera en tres actos ambientada en el Cádiz de las Cortes y el Asedio de Napoleón, con libreto también de Gregorio Martínez Sierra. También preparaba otra ópera por encargo de sus amigos de París y ambientada en la capital de Francia basada en el drama de Calderón de la Barca “La adoración de la Cruz”. Para ambas obras contaba con la colaboración del prestigioso Paul Millet, que ya había trabajado con el gaditano adaptando al francés “La vida breve”.

Terminada la velada, Falla y sus acompañantes acudieron a la Academia de Santa Cecilia donde el orfeón de alumnos dirigido por Gálvez le ofreció algunas composiciones.

El compositor gaditano comentó con Gálvez, sacerdote, director de la Academia y primer organista de la Catedral, la emoción que había sentido cuando le fue permitido pulsar el órgano de la basílica gaditana, que tantísimas veces había escuchado cuando era un niño. Falla estaba muy lejos de imaginar que en 1947 su cadáver sería inhumado en la cripta de la Catedral de Cádiz, bajo una losa de Sierra Elvira, con la inscripción de la frase que siempre repetía con extraordinaria humildad: Soli Deo Honor et Gloria. Solo a Dios el honor y la gloria.

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