Cádiz

Muere Manolo Bernet, el fotógrafo que se desvivió por los sucesos

  • El redactor gráfico de Diario de Cádiz durante varias décadas y corresponsal de otros medios falleció ayer a los 81 años

Era tradicional que Manuel Bernet Trapero llegara cada seis de enero a la redacción del Diario en la calle Ceballos con varias fotografías en las que se veía a un puñado de niños posando con los recién estrenados juguetes, generalmente bicicletas y coches, que les habían traído la noche anterior los Reyes Magos. Resultaba paradójico que el fotógrafo del Diario encargado de ilustrar los sucesos, las noticias más negativas y trágicas, a veces con imágenes que no evadían ni lo escabroso ni lo sensacionalista, se empeñara cada año en hacer una foto tan tierna, en las antípodas de su verdadera especialidad. Hoy, otro seis de enero, los niños seguirán jugando con sus regalos en las calles de Cádiz y Manolo Bernet será enterrado después de fallecer ayer, a los 81 años de edad, dejando atrás una intensa vida profesional que le llevó a ejercer múltiples oficios antes de dedicarse por completo a su gran pasión, la fotografía de prensa. Su funeral se celebrará a las 13.30 horas en el tanatorio La Nacional.

Manolo Bernet nació un 2 de febrero de 1932 en Córdoba, en el seno de una humilde familia de siete hijos. Sin apenas formación escolar, Bernet supo desde niño lo que era trabajar en el campo, hasta que a los 17 años llegó a Cádiz acompañando a unos amigos feriantes que vendían papelillos, bolas de nieve o disfraces relacionados con el carnaval, entonces fiestas típicas. Y aquí en Cádiz echó raíces, se casó y tuvo tres hijas, al tiempo que ejerció de vendedor de globos, de pollitos y patitos en la Plaza, de chatarra metálica o en los camiones de recogida de basura.

Fue durante una estancia en Alemania, adonde emigró en busca de otros trabajos, cuando empezó a interesarse por la fotografía y el revelado, de manera que al regresar a Cádiz fue compaginando los oficios con los que se ganaba la vida con la fotografía de prensa: fue corresponsal de El Caso, La Voz del Sur y Europa Press, y empezó a trabajar también para la Hoja del Lunes.

Hasta que llegó a Diario de Cádiz para dedicarse únicamente a la fotografía de prensa durante varias décadas. Temperamental, con carácter, Manolo Bernet se desvivía por su oficio y por los sucesos, a los que dedicaba día y noche. En su diccionario no existía la palabra descanso y alertaba a cualquier hora de un accidente, un incendio o un asesinato. Último ejemplo de una manera singular de entender el periodismo y de enfocar los hechos, su obsesión era sin embargo una de las máximas de este oficio: dar antes que nadie las noticias y, a poder ser, darlas en exclusiva. Fue su gran obsesión.

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