Cuando Manuel Godoy castigó a Cádiz
Historias de Cádiz
Creación de la provincia de Sanlúcar de Barrameda a cargo del todopoderoso ministro del Rey Carlos IV l Negativa del comercio gaditano al préstamo solicitado por el Gobierno
Acomienzos del siglo XIX los gaditanos recibieron con sorpresa e indignación la decisión de Manuel Godoy, Príncipe de la Paz y valido de Carlos IV, de crear la provincia de Sanlúcar, en detrimento de la de Cádiz. Adolfo de Castro señala que a la provincia de Sanlúcar le dieron los términos de Chipiona, Lebrija, Trebujena, Las Cabezas, la isla mayor del Guadalquivir, la Palma, San Juan del Puerto, Gibraleón, Villanueva de los Castillejos y San Silvestre, el coto de Doñana, Bollullos, Almonte y otras zonas cercanas. Además, señala Castro, se habilitó su puerto para el comercio con el extranjero y las Américas y se declaró libre la navegación por el río Guadalquivir, previo pago de los correspondientes derechos en Sanlúcar. Dicha decisión, evidentemente, perjudicaba el tráfico comercial de Cádiz que por aquellos años era de gran envergadura.
La mayor parte de los historiadores señalan que la decisión de Godoy radicaba en su gran apego a Sanlúcar, donde residía su amante Pepita Tudó. El jardín botánico de dicha población y los pinares de la Algaida se deben precisamente a esa devoción del todopoderoso ministro de Carlos IV hacia Sanlúcar.
Pepita Tudó, Josefina de Tudó y Catalán, había nacido en Cádiz hija de un oficial de Artillería aquí destinado. Junto a sus padres trasladó su residencia a Madrid y pronto se convirtió en amante de Godoy. Al parecer La Maja Desnuda, encargo de Godoy a Francisco de Goya, es un retrato de la gaditana Tudó.
Mariano Pardo de Figueroa, doctor Thebussem, eminente erudito natural de Medina Sidonia, discrepa de los historiadores y señala que la creación de la provincia de Sanlúcar no fue realmente un favor de Godoy a su amante, sino un castigo a Cádiz por no aportar los fondos necesarios que reclamaba el ministro para su Gobierno. Pardo publicó en 1888, en La Ilustración, las cartas cruzadas entre Godoy y los comerciantes de Cádiz y que conservaba en su domicilio.
A comienzos del siglo XIX la situación económica de España era angustiosa, con malas cosechas y numerosas desgracias naturales. No había dinero para atender los gastos del Ejército y la Marina y Godoy pidió un préstamo de un millón de pesos fuertes al Comercio de Cádiz. Los comerciantes de nuestra ciudad, reunidos urgentemente, contestaron al todopoderoso ministro que estaban dispuestos a darle un préstamo y que en breve le informarían de las condiciones.
Godoy se las prometió felices y escribió otra carta a los gaditanos animándoles a dar ejemplo de generosidad; “vivo persuadido de que el comercio de Cádiz prestará este importante servicio”. Añadía el ministro que la Marina estaba abandonada por falta de fondos, con “los oficiales pidiendo limosnas y la marinería desnuda” y que esta situación impedía el envío de barcos de guerra a proteger el comercio con las Américas.
Pero la situación en Cádiz también era lastimosa y a las desgracias del resto de España había que sumar una terrible epidemia de fiebre amarilla que había arrasado la ciudad. El comercio gaditano, en opinión de Pardo de Figueroa, creyó ver en la petición de Godoy una oportunidad para acabar con sus problemas y acordó prestar a Godoy el millón de pesos fuertes, pero con un interés ¡¡del veinte por ciento!! y con un brevísimo plazo para la devolución. Además, los comerciantes gaditanos exigían del ministro de Carlos IV garantías y privilegios.
La indignada respuesta de Godoy no se hizo esperar. Remitió una extensa carta que comenzaba señalando, “ Es tal el horror con que he leído las proposiciones lucrativas y el interés de un veinte por ciento que por cortísimo plazo de días quiere exigir ese Comercio de Cádiz que no me determinaría a contestar si no fuese necesario que yo manifieste al Comercio de Cádiz el desagrado con que S.M. el Rey ha oído la propuesta y la particular y horrible imagen de mi enemistad que ella ha provocado”.
Por si fuera poco, Godoy amenazaba aún más claramente; “advierto a ese Comercio de Cádiz que jamás recibirá S.M. con gusto las peticiones de unas gentes a las cuales embaraza la codicia y disipa la avaricia el uso de sus potencias”.
El todopoderoso ministro de Carlos IV seguía indicando en su carta que buscaría dinero en otro lugar distinto a Cádiz, como había hecho en otras ocasiones. La misiva terminaba con nuevas y tremendas amenazas, “entienda el comercio de Cádiz que S.M. el Rey obrará teniendo a la vista estos hechos escandalosos y la conducta de unos vasallos a quienes no dará más pruebas de su Real confianza. Manuel Godoy, Príncipe de la Paz”.
Las amenazas pronto se hicieron realidad. Según Mariano Pardo de Figueroa, Godoy practicó su venganza favoreciendo a Sanlúcar de Barrameda en detrimento de Cádiz con la creación de la nueva provincia. Y no solo eso, sino que en diciembre de 1804 fundó en Sanlúcar “un jardín de aclimatación”, puesto bajo los auspicios de la Sociedad Patriótica, y estableció cátedras de Agricultura a cargo de los renombrados botánicos Rojas Clemente y Boutelau.
Los privilegios y decisiones de Manuel Godoy finalizarían violentamente el 19 de marzo de 1808 con el denominado motín de Aranjuez, que supuso su caída y la del Rey Carlos IV.
Cuatro años más tarde, los diputados de las Cortes de Cádiz, una vez que finalizaron las tareas de redacción de la nueva Constitución, estuvieron deliberando sobre la fecha de su solemne proclamación. Decidieron que fuera el 19 de marzo, una fecha buscada con el propósito de recordar el motín de Aranjuez y caída de Godoy y de Carlos IV.
9 Comentarios